SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Aplicación de estos conceptos a los trabajadores de nuestro país.-

 

Un mejor conocimiento de la producción, y de su desarrollo sostenido (su reproducción), permite afinar nuestro conocimiento sobre el papel (limitado) de las instituciones; y sobre el significado y extensión (también limitada) de la acción política.

Estas correcciones sobre los límites entre estos campos, tienen una gran importancia para el movimiento obrero, así como para el conocimiento de éste sobre el sentido e importancia de su acción en ellos.

Por ejemplo, en nuestro país, en la actualidad, el movimiento obrero es el representante sindical de los trabajadores, en el campo de la producción; y el representante político, en el campo de las instituciones.

¿Cuales son sus objetivos, y sus posibles metas, en ambos campos?

En la producción, los trabajadores forman pareja con los empresarios en la consecución de una meta, previamente definida: conseguir una alta productividad, lo que permitirá una ganancia cada vez mayor; lo que, a su vez, hará posible un aumento de los salarios, a ser posible, al mismo ritmo que aumente la productividad.

Esta es la posición real de los trabajadores en el aparato productivo capitalista en España. Esta es su relación con los propietarios de sus condiciones materiales del trabajo.

La reproducción de ese aparato productivo, significa el mantenimiento del mismo, con sus elementos y sus relaciones entre ellos.

Para esta reproducción, para repetir esta forma de trabajar, nacen y viven todas las instituciones referidas; en primer lugar sindicatos y patronales, y en escalones más elevadas, Parlamento, Gobierno, Tribunales. Todos, todos, para cumplir, entre todos, esa función esencial: reproducir el capital.

En ese sentido preciso, debe entenderse la eficacia perseguida por los partidos políticos, proponiendo acciones ordenadas (programas), tendentes a conseguir que las instituciones, con su correcto funcionamiento alcancen esa función esencial. Y en ese sentido preciso, entendemos que los trabajadores, al votar en las elecciones a un partido, suelen inclinarse por aquél que aparece como más competente, más preparado, para ser eficaz en el cumplimiento de su programa; con independencia de que represente a una u otra parte de la pareja de que hablábamos, trabajador-empresario.

Las discusiones partidarias, por lo tanto, hay que entenderlas, desde esta realidad principal. En lo esencial están de acuerdo. Las otras discusiones, hay que entenderlas, desde el punto de vista de quien, según los vaivenes y los ajustes institucionales, le toca la peor parte. El partido que pierde unas elecciones; la Iglesia que pierde privilegios; la profesión que pierde prestigio (y por tanto, posibilidades económicas); las empresas que pierden contratos con el Gobierno; las escuelas privadas que pierden subvenciones del Gobierno; los políticos, de todos los niveles, que precisan colocarse y recolocarse- y es lógico, como el obrero que busca trabajo-; los trabajadores que quieren recobrar el nivel de salarios perdidos por la inflación. Nada esencial; en eso están de acuerdo.

Y en este lugar, es donde debe colocarse, o sea, buscarse sitio, la pareja política izquierda-derecha. En el plano teórico no se encuentra su diferencia, al perseguir ambas la misma meta. Y en la práctica, para diferenciarse, tienen la enorme dificultad, ya referida anteriormente, de que los trabajadores eligen, con frecuencia, para que les represente en las instituciones, al partido del capital.

Queda, naturalmente, el recurso de acudir al pasado, y decir que la izquierda era el socialismo y el comunismo. Pero esto, como vimos, es hablar de realidades pasadas, y que han cambiado esencialmente. Entre perseguir acabar con el trabajo por cuenta ajena (entonces referido como la explotación del hombre por el hombre), y organizar el aparato institucional de forma que perfeccione la reproducción del capital, hay una diferencia, como hemos dicho, esencial. Y por tanto, no cabe mantener asociada la idea de socialismo o comunismo, a la idea de acuerdo con los empresarios para mantener el sistema del trabajo por cuenta ajena. Y esto, a su vez, al margen de que quieran seguir llamándose comunistas o socialistas, los que históricamente lo fueron, dado que están en todo su derecho. Se trata solo de esclarecimientos teóricos, que a nadie pueden perjudicar, y sí abrir espacios que se cerraron, y que bien pueden reabrirse.

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