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HISTORIA NATURAL DEL HOMO SCIENTIPHICUS O CARTA DE UN PRIMATE A LOS ANTROPÓLOGOS

Alfonso Galindo Lucas




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2.2. El hombre y la tierra

Vamos a empezar a hablar de los miles de millones de años. Aunque el siguiente comentario no es estrictamente antropológico (de alguien que no es estrictamente antropólogo), hemos de situarnos en el universo. El sistema solar, planeta Tierra incluido, se formó hace unos 4.500 millones de años. La vida, se cree que surgió hace unos 3.500 millones. La luna se formó más o menos por esa época y más abajo explicaremos cómo pudo ser.

El ser humano data de una época posterior a la separación de los continentes, aunque será muy relevante en esta historia el istmo que unió América del Norte y Siberia y también los que unieron las islas del índico al continente asiático y las islas de Tasmania y Nueva Guinea a la gran isla de Oceanía. Dicha separación fue un hallazgo reciente, propuesto por primera vez por Alfred Wegener a principios del siglo XX, que topó frontalmente con el canon académico de los grandes hombres decentes, expertos y escrupulosos (ver Sagan, 1995: 329). Hoy se considera aceptado que la deriva continental se debe a la rotación de la Tierra. El hecho de que las masas continentales se separen es uno de los factores que ha influido en la formación de variedades evolutivas diferentes, como la llama, el camello y el dromedario. En el ser humano también ha creado variedades, de las que habrá de discutirse si son razas o especies distintas y en virtud de qué criterios.

No fue hasta los años sesenta y principios de los setenta (Jardine y McKenzie; 1972: 20: Wilson, 1973) que esta teoría se consolidó, como parte integrante y fundamental de la tectónica de placas. Este retraso se debe en que la formulación inicial de la hipótesis se sustentaba en una ciencia que en aquél entonces estaba apenas naciendo: La paleontología. Wegener identificó ciertos fósiles encontrados en Suramérica con especies africanas, de Madagascar y de Oceanía. Los marsupiales, según Jardine y McKenzie son el ejemplo principal de coincidencias de especies; no sólo fósiles, sino también vivas. La zarigüeya, siendo un animal americano, pertenece al grupo semi-mamífero de los marsupiales, endémicos de Oceanía. Pero las coincidencias de especies no eran consideradas pruebas suficientes, porque podían haberse debido a istmos temporales como el puente de tierra que unió a Norteamérica con Asia; los continentes no necesariamente se estaban moviendo unos con respecto a otros. Fueron los avances posteriores en navegación, cartografía, oceanografía, geofísica y geología, lo que dieron las dos pistas fundamentales: Una era la coincidencia de los perfiles de las costas; la otra, la observación de fenómenos que no alcanzo a comprender y menos a comentar, en el magnetismo de la Tierra.

Es preciso notar también que la razón inicial de la separación de continentes es que, obviamente, al principio estaban juntos; era un sólo continente al que luego se ha denominado Pangea. Algunos expertos geógrafos y geólogos se han preguntado por qué toda la masa emergida estaba unida al principio en un lado del planeta. La única explicación posible (y repito mis excusas, al margen de la antropología) es que de la tierra se hubiese desprendido un fragmento enorme, debido a un impacto (muy anterior al meteorito que llevó a los dinosaurios a la extinción). Esta teoría no es mía; existe desde hace tiempo y recientemente se ha ido considerando como válida para explicar la formación de la luna, la unidad de los continentes y, posiblemente, la formación de la vida. Esta hipótesis, además, concuerda con el hecho de que la luna no rote con respecto a la superficie terrestre (o que tenga la misma rotación de la Tierra, en relación con el sol). También explica la inclinación del eje de rotación terrestre (en 23º30') con respecto a la perpendicular del plano de traslación.

Por eso, hoy se da por hecho que un enorme meteorito chocó con la tierra hace unos 5.000 millones de años, cuando ésta se estaba formando. No se sabe a ciencia cierta qué relación tiene este episodio con el surgimiento de la vida (aunque se sospecha que creó peculiares entornos de presión y temperatura, humedad, etc), pero es indudable que influyó en la evolución. La existencia de estaciones en la tierra (que se debe a esa inclinación del eje) ha generado características adaptaciones a los cambios climáticos y, en el ser humano, ha podido ser la causante de ciertos rasgos evolutivos, como veremos.

2.3. El surgimiento de la vida

La vida en la Tierra se puede definir como aquellas moléculas complejas de hidrocarburo que son capaces de replicarse, mediante procesos químicos que descomponen y reutilizan las sustancias y la energía de su entorno y creando, a su vez, otras sustancias y fuentes de energía. Esta definición otorga vida, por ejemplo, a los virus, pero no a los priones, que son fragmentos inertes de materia que estuvo viva.

Estas moléculas pertenecen todas al tipo conocido como ADN (supongo que también al ARN), moléculas dispuestas en doble hélice y formadas por secuencia de cuatro tipos de péptidos conectados entre sí por otras moléculas (que hacen de cemento y no portan información para la replicación). Pero normalmente, no basta con un fragmento de ADN, ni siquiera, con un cromosoma entero (ni con una pareja de cromosomas) para que se active esta facultad de auto-replicación. Es necesario que se activen determinadas condiciones químicas en el medio y que exista el material orgánico necesario para que la secuencia de ADN cree las proteínas que implícitamente, está programada para fabricar.

Estos elementos deben darse juntos y por eso una molécula de ADN no es capaz de dividirse si no está en el interior de una célula. Al final, la célula se termina dividiendo en dos (y éstas, a su vez, en otras dos, hasta formar una potencia de dos). Esto no es , al parecer, tan improbable, pero sí muy complicado de entender, porque en el interior de una célula hay un número determinado de pares de cromosomas, cada uno de los cuales tiene un par de brazos de hilo proteico que contiene, enrollada, una larga molécula dispuesta en doble hélice con con miles o incluso millones de terminaciones de cuatro tipos moleculares, que forman dos parejas posibles. La sucesión de estas parejas viene a ser como los ceros y unos de los programas informáticos. Cada cierto número de parejas contiene las propiedades necesarias para ejecutar una reacción química, normalmente, sintetizar una proteína. A este número de pares de bases que tiene propiedad química particular, los científicos le llaman genes y dicen que contiene información, porque es capaz de llevar a cabo un proceso químico.

Explicado así, la vida queda definida como algo muy material, con origen causal, con mucha lógica,... algo no no tienen por qué haber creado los dioses. El célebre Crick, co-descubridor de la estructura de doble hélice, postula que el nivel de complejidad es tal que considera improbable el surgimiento de estos mecanismos de replicación molecular en los milenios de vida que tiene el planeta tierra y que tal vez la parte inicial del proceso tuvo lugar en mundos lejanos, de manera que las primeras moléculas vivas llegaron a la tierra en algún meteorito. Esta hipótesis no es ni descabellada ni comprobable, ni siquiera excesivamente relevante, pero suscitó muchas críticas en su momento, a pesar de que no interfiere en la idea de que no es necesario que en el surgimiento de la vida intervenga una voluntad. La voluntad, ese concepto erróneo que es el punto débil de todas las cosmologías religiosas, incluyendo las versiones bastardas del marxismo y del darwinismo y los planteamientos filosóficos neo-milenaristas y cansinos, como el de Singer.

La estructura de la célula contiene, no sólo ADN, sino también un caldo interior con todas las sustancias que la molécula genética necesita para la replicación, todo ello, protegido por una membrana. El principio físico por el que se forman las membranas celulares es muy parecido a la emulsión en micelas, o pequeñas gotas, de los ácidos grasos sumergidos en agua. La membrana estaría formada por una parte hidrófoba que se orienta hacia adentro, donde queda encerrado el aceite y otra hidrófila, orientada hacia afuera. Con el transcurso de la evolución, algunas proteínas pasan a reforzar la membrana y hacerla impermeable, para que pueda contener fluidos de concentración distinta a la del medio, de modo que la ósmosis no hinche o deshinche la célula. No se sabe si por simbiosis de dos células o por otro mecanismo, la información genética quedó encerrada en un núcleo, con otra membrana que lo separaba del resto del citoplasma. Luego, además del núcleo, incorporó otros organismos unicelulares (conocidos todos genéricamente como bacterias), como las mitocondrias, no se sabe muy bien si por ingestión, infección o seducción, pero finalmente, de forma simbiótica. Según Margulis (v. 1,2), es bastante evidente que las mitocondrias (y también los cloroplastos de las células fotosintéticas) eran organismos unicelulares independientes que fueron captados por otras células más grandes, configurando un nuevo típo de células, hoy llamadas “eucarióticas” o “eucariontes”. Desde el punto de vista científico, la vida es algo mucho más aburrido de lo que creen los filósofos.


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