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DESARROLLO REGIONAL E INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN EL SECTOR AUTOMOTRIZ. DESEMPEÑO, COMPOSICIÓN Y ASIMETRÍAS ENTRE ARGENTINA Y BRASIL (2000-2009)

Guadalupe Piñeyro y otros



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2. Papel de la Industria automotriz en el MERCOSUR

De acuerdo con Tigre et al. (1999) la inserción del MERCOSUR en la industria automovilística mundial en los años ‘90 es bastante distintiva: se trata de un importante “mercado emergente” como también es un importante “productor emergente”. En esta dirección se observa una clara diferencia con el panorama de otros países como España, México, Canadá, Corea y otros países asiáticos, dónde estos también son productores emergentes, pero poseen un desempeño muy dependiente de mercados externos. La situación se acerca más a los casos de India y China los cuales tienen mercados internos en rápida expansión para mantener la ampliación de la producción de automóviles.

Es necesario destacar y tener presente que las economías de la región latinoamericana son interdependientes, esto envuelve una alta similitud en la reacción a shocks. Se producen dos formas importantes de transferencia de shocks entre economías interdependientes: la forma comercial, relacionada al comercio de bienes y servicios, que progresó a partir del MERCOSUR y la forma financiera, que se relaciona a la inversión extranjera directa, la inversión financiera y al lugar de activos respecto del resto del mundo, profundizado a partir de la globalización. (Redrado, 2002).

Se ratifica que el comercio internacional de automóviles, en los años ‘90, se aproxima hacia una manera fuertemente “subregionalizada”, así los intercambios se llevan a cabo primordialmente en el interior de los bloques de comercio o entre países que poseen acuerdos comerciales con ese sector.

En el caso específico de la industria automovilística, los acuerdos de integración aparecieron con la firma del Protocolo 21, de cooperación e integración de la producción de automóviles en Brasil y Argentina. El mencionado Protocolo fue firmado en 1988 y estableció cupos de vehículos que podían ser importados por los dos países libres de la aplicación de impuestos a la importación, es decir, que establece cupos de intercambio para vehículos y autopartes, piezas y componentes destinados a la producción o reposición, exceptuando del pago de aranceles al intercambio comercial realizado bajo esta modalidad (con un arancel del cero por ciento). Así el intercambio debía realizarse mediante programas estipulados entre empresas terminales y autopartistas de ambos países, que debían estar aprobados con anterioridad por los respectivos gobiernos. (Tigre et al. 1999).

Así, la industria automotriz representa un 18% del intercambio comercial intra MERCOSUR constituye, tanto para la Argentina como para el Brasil, uno de los sectores de mayor dinamismo en el entramado productivo. Especialmente, por poseer capacidad de crear actividad económica a través de su efecto multiplicador en la cadena industrial, por relacionarse a una producción con alto valor agregado inevitable para la generación de empleo y cualificación, y por su peso en la Balanza Comercial, es esta industria objetivo de intervención pública de los Gobiernos del MERCOSUR. De este modo, la problemática en relación al desarrollo de tan inmenso sector en el marco bilateral, representa un punto central en la tendencia integracionista producida en los principios de Ouro Preto y los acuerdos bilaterales, debido que el fundamental y principal objetivo por liberalizar el sector, han generado desacuerdos y altercados entre ambos gobiernos (Argentina y Brasil). (Avellaneda et al. 2006).

Pero la industria automotriz del MERCOSUR desenvuelve sus relaciones intra-regionales mediante su acuerdo propio, llevado a cabo por los países del bloque, donde constituye reglas para sus prácticas comerciales e industriales. (Manelli, 2005).

De esta forma, el MERCOSUR se ha transformado en un lugar significativo para la competencia global en la industria automotriz. Debido que para las empresas europeas representa un punto central de su estrategia de supervivencia, mientras que para las empresas estadounidenses representa la segunda opción de mercado externo, luego del europeo. (Kosacoff, 1999).

Así en el gráfico nº 1, nos permite establecer una fundamental diferencia con respecto a la producción de automotores en Argentina y Brasil, donde podemos apreciar las distintas magnitudes de la industria en cada país, donde Brasil tiene una producción de automotores completamente superior a la Argentina.

De esta manera, sí observamos el gráfico nº 2, también podemos concluir que la participación de Argentina y Brasil en la producción mundial de automotores es claramente favorable para Brasil en relación a Argentina, con una marcada diferencia.

Podemos resaltar en los siguientes gráficos nº 3, nº 4 que la Argentina exporta una mayor cantidad de automóviles en relación a su producción, mientras que Brasil tiene una menor cantidad de exportación de automóviles en relación a su producción.

Asimismo claramente, al comparar los dos países (Argentina y Brasil) se distingue la diferencia del tamaño de la producción de automóviles.

Cabe destacar las asimetrías existentes entre la industria automotriz de Argentina y Brasil, en donde prevalecen las causas económicas, como las diferencias en las respectivas escalas de producción, la aplicación de subsidios por parte de Brasil, la falta de especialización en la industria automotriz argentina, la ausencia de una clara política nacional de fomento a la industria local, el abandono de una industria autopartista suficientemente desarrollada en la Argentina que logre llegar a los niveles de competitividad internacional, y la desaparición de incentivos en la Argentina. (Avellaneda et al. 2006).

Para Pagani y Larrechea (2005), las asimetrías entre los socios pueden ser caracterizadas en un primer modo como asimetrías previas al proceso de integración y que refieren a circunstancias geográficas, históricas y económicas de origen histórico, que paulatinamente han impuesto su marca a la economía de los países socios y, por otra parte, asimetrías que reflejan la distinta capacidad de los estados para insertarse de forma exitosa en el proceso de integración.

Con respecto al tema, según Bouzas (2004), existen dos tipos principales de asimetrías notables para un proceso de integración. El primer tipo lo representan las asimetrías estructurales, las cuales tienen una cercana relación a factores como diferencias en el desarrollo económico de los países, dotación de factores, estructuras de mercado, que habitualmente solicitarán la implementación de políticas negociadas de discriminación / diferenciación. El segundo tipo lo representan las asimetrías de política, que se encuentran radicadas en preferencias, elecciones y prácticas institucionales nacionales diferentes. Las asimetrías de política pueden producir “derrames” macroeconómicos o asignativos, provocando una mayor coordinación (o incluso armonización) de las políticas nacionales respectivas. Es así, que los países del MERCOSUR tienen asimetrías estructurales muy importantes, entre las cuales, cabe destacar la composición sectorial de la producción, las que se reflejan en parte en la composición de las exportaciones, como también las asimetrías entre regiones, que se advierten de una forma muy clara debido a la gran fisura que existe entre las regiones mas ricas y mas pobres del MERCOSUR. Mientras que también, las asimetrías de política con “derrames” trans- fronterizos han jugado un papel muy importante en el MERCOSUR. De hecho, como consecuencia de los “derrames” de política negativos (ya sea de carácter macroeconómico o asignativos) los gobiernos adoptaron medidas de protección a través de la aplicación de barreras no arancelarias. Este proceso desencadenó en un aumento importante en la fragmentación del mercado y en un retroceso en el proceso de integración económica regional. En este contexto, uno de los puntos a solucionar en forma urgente por el MERCOSUR en el campo de las asimetrías estructurales y de política, es encontrar algún tipo de disciplina común para controlar las prácticas más distorsivas de la competencia que se encuentran vigentes. Si no se puede lograr este nivel básico de armonización de políticas o supervisión centralizada, será difícil suponer que puedan producirse avances hacia formas mas fortalecidas de coordinación, como las políticas regionales de compensación de las asimetrías estructurales, los programas regionales de competitividad o una coordinación macroeconómica más fuerte.

Sin embargo, aunque existan asimetrías y diferencias económicas, tanto Argentina como Brasil, han expresado como preferencia la necesidad de fortalecer el MERCOSUR, debido a que no solo representa un aparato comercial, sino que también es un bloque que permite establecer una estrategia de inserción internacional de sus Estados Partes.


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