BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

RETOS Y PERSPECTIVAS DEL SISTEMA POLÍTICO CUBANO

Erick Néstor Paz Chaveco y José Augusto Ochoa del Río




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2.1.2.3 El Sistema Político Cubano y la Cultura Política

La tendencia a subestimar el nivel de cultura política de los cubanos se refleja en visiones predominantes afuera. También se refleja, en términos de cierto paternalismo, en el propio discurso político cubano. Se trata de una población altamente alfabetizada, con niveles de acceso a la instrucción escolar muy altos, mejor que cualquier otro Estado de este hemisferio, acostumbrada a atender lo que está pasando en el mundo, y a discutir de todo, desde el béisbol hasta los proyectos de Ley que aprobará la Asamblea del Poder Popular, tomando en cuenta todo esto, la pregunta es: ¿no resulta una población con conocimientos, madurez y cultura para plantearse y entender los cambios actuales que necesita el país? Es precisamente esa cultura política lo que hace la diferencia fundamental en la sociedad cubana. Sin embargo en ocasiones se le atribuye a este pueblo una extraña incapacidad para pensar con su cabeza, una absurda ineptitud para decidir por sí mismo lo que más le conviene y una desesperada necesidad de redención tutelar.

Sin embargo el discurso político es totalmente lo contrario, en este es el pueblo cubano, un pueblo culto; con conocimiento de todos los temas, con soluciones para todos los problemas, desde la perspectiva de cada cual. Pero lo cierto es que los niveles de cultura política, vista esta como el conocimiento científico sobre el cómo gobernar, entre otras cuestiones, es muy limitado, sumado al también limitadísimo conocimiento sobre cultura jurídica, que sin duda va aparejada a la primera.

En efecto, toda reflexión conceptual y práctica sobre la cultura política en Cuba supone la existencia de un estudio más profundo. A diferencia de la ideología, la cultura política, como sistema interconectado de conocimientos y de valores políticos, así como de conductas concretas, se conforma en un proceso de socialización que va más allá de la inculcación de valores, de las instituciones y de los aparatos políticos.

Son la familia, los medios de difusión, la escuela, las organizaciones juveniles y sociales, y en general, las instancias de participación de los individuos las que determinan su cultura política. Como apuntó hace años Richard Fajen para el caso de Cuba, el cambio en la cultura política no puede aislarse de la participación ciudadana ni del cambio institucional. Los realizadores de esta investigación no quisieran traicionar lo que expresó al inicio de este acápite, es verdad que el pueblo cubano tiene uno de los mayores niveles de escolaridad de la región, con un gran número de su juventud matriculada en centros de altos estudios y con una población en general muy dada a la polémica y el análisis, pero generalmente cuando este análisis y la posible solución al problema existente sea inherente a sus intereses; pero es justo dejar algo claro, cuando se habla de temas como democracia, participación política, sistema político o simplemente sociedad civil se enmudecen todas los análisis, por una simple y llana razón: no existe el suficiente conocimiento sobre estos temas, y ya desde ahora se puede plantear como una deficiencia y a la vez un reto de nuestro sistema, dejando solo una pregunta que todavía no se logra responder: ¿Por qué se eliminó de nuestra enseñanza superior la carrera de Ciencias Políticas?.

2.1.2.4 Los Sistemas Internacionales En El Sistema Cubano.

Que se le exige a Cuba desde los predios de la Unión Europea y los Estados Unidos:

La mediocridad intelectual y el enanismo político refrendados por el Consejo de Relaciones Exteriores de la Unión Europea (UE) en su declaración del 20 de julio del 2007, en relación con Cuba, hablan de un desconcierto aparentemente senil. Cuba ha de ganarse el beneplácito de las elites del poder político de la UE sí y solo si el libreto de la puesta en escena lleve por título: “la UE espera por parte de las autoridades cubanas mayores esfuerzos en las reformas políticas, económicas y sociales que ayuden a mejora la calidad de vida de los cubanos”.

A Cuba, lejos de reconocérsele lo exitoso del inverosímil esfuerzo económico por frenar y comenzar a salir de una severa crisis económica estructural y destacar como ejemplo el valor de la vocación socio humanista de las reformas emprendidas para lograrlo, se le intenta privar del derecho a la autodeterminación. La prohibición parte, a despecho de la otrora Organización de Naciones Unidas, de los EE.UU. Es así por cuenta de la hegemonía mundial de un poder económico que se ha empeñado en destruir toda posibilidad de desarrollo socioeconómico alternativo en América Latina.

Es así con la anuencia de gobiernos occidentales que se alinean con los EE.UU. en detrimento de los intereses legítimos no solo de 11 millones de cubanos, sino de cientos de millones de personas que en la región siguen a la espera de que el sistema político con el que coexisten y se les legitima los inserte en la modernidad capitalista que, según el pregón, le es propia. ¿Tras cuáles subterfugios mal se esconde la propuesta para las soluciones de los males de Cuba?

Las encumbradas elites políticas de la UE se han tomado el laborioso trabajo de plasmarlo en la Posición Común contra Cuba.

Llama notoriamente la atención el hecho de que luego de una publicación cuasi definitiva sobre los maleficios de la llamada Globalización, donde el premio Nóbel de economía Joseph Stiglitz pone al desnudo el economicismo mediocre de la elite del Fondo Monetario Internacional y la miopía política de sus directivos, desde el Consejo de la UE salga una declaración como la que ahora vuelve a refrendar su Posición Común contra Cuba.

La UE le recuerda al pueblo de Cuba que en el año 2002 le entregó una suma de unos 400 mil euros de 8 millones prometidos en ayuda para el desarrollo, y le pone precio a sus renovadas demandas contra Cuba. El noble empeño por sacar a Cuba del subdesarrollo económico con las medidas cocinadas por sus políticos vale para la UE el adelanto de unos 5 millones de euros, a ser desembolsados en el 2003 de acuerdo al buen comportamiento de los cubanos y su gobierno. Los fondos serían canalizados a través de instituciones gubernamentales solo si se garantiza un beneficio directo para la población o una contribución hacia la apertura de la economía en Cuba.

Se intenta la ofensa de una nación y un estado cuando disímiles agencias de la ONU para el desarrollo (FAO, PAM, PNUD, PNUMA, UNESCO) registran y aseveran años tras años que Cuba es uno de los países que mejor uso hace de la ayuda económica que las mismas destinan a los países necesitados. No son fondos que carcome la corrupción político-administrativa ni recursos que se pierden irremediablemente en el entramado de plutocracia oficialista alguna.

Pero la aparente ignorancia de la supuesta ilustración de la avanzada UE no pierde el norte ideológico al dejar claro la esencia aparentemente solo política de la renovada Posición Común con los EE.UU. de Norteamérica en contra de Cuba:

“los fondos deberían ser canalizados para alentar un proceso de transición de democracia pluralista”.

Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días América Latina viene andando por la senda que habría de conducirla inexorablemente hacia los moldes del pluripartidismo político y la democracia representativa como cánones de la organización sociopolítica de sus sociedades. Ese ha sido su destino manifiesto. Más de quinientos años después del vasallaje del colonialismo europeo tales sistemas se debaten en el ser o no ser de las causas abrazadas. Hacia el interior de los estados sus sociedades se contorsionan entre el cronicismo de la desigualdad social y la nulidad económica que atrapa cada vez más estratos sociales. La CEPAL le ha llamado al resultado de tales procesos “las décadas perdidas” de los 80 y los 90. Pero los países latinoamericanos sí acumulan, por supuesto, extorsionadoras deudas con acreedores asociados en los exclusivos Clubes de París y Londres, con el FMI y el BM, prestamistas renuentes a condonar valores que ya han sido pagados con creces. Desembolsan redobladas sumas por la competencia desleal de la UE en el comercio de productos vitales para sus economías. Son víctimas de transferencias netas de capital en montos sensiblemente superiores a los capitales que llegan a atraer. Y abren sus dóciles mercados a los capitales occidentalizados.

La invitación compulsoria de que es objeto Cuba a sumarse sin miramientos al pensamiento político y la práctica económica únicas adolece de un craso error de cálculo. La subestimación de la inteligencia ajena y el sacrificio de todo un pueblo. Ni el pluralismo político partidista, ni la democracia representativa occidental, ni la llamada economía de mercado constituyen valores que puedan serles vendidos a la nación cubana como paradigmas incuestionables del progreso de sus naciones hermanas latinoamericanas.

Pero cuidado. Sería ofensivo presuponer que al estar convencido de ello los cubanos evalúan su propia realidad como inmejorable. Lo que en realidad sucede en el seno de la sociedad cubana es justamente mucho de lo contrario. El bajo estándar de vida material que provocan las marcadas insuficiencias del modelo socioeconómico hace incompleta la realización socio humana. Su lado de mayor plenitud lo marca el sentido de solidaridad, inclusión y participación sociocultural notablemente afirmativa; el amparo de los derechos sociales y el sosiego de los sistemas universales de seguridad en los servicios de salud y educación.

El avance de Cuba hacia estadios de desarrollo superiores ha de salvar las sensibles barreras de un sistema político introvertido y las insuficiencias de un modelo socioeconómico que por más de treinta años permanecieron atrapados dentro de presupuestos doctrinarios propios de un enfrentamiento ideológico global que le llegaba desde mucho antes del advenimiento de la Revolución de 1959. No existe hoy tampoco nada del nuevo orden de unas relaciones económico políticas internacionales que, pos Guerra Fría, prometían la paz y la cooperación de buena voluntad entre los estados del Norte y el Sur. El atentado terrorista del 11/S y la invasión a Irak constituyen dos caras de una misma realidad. Los argumentos de la fuerza bruta se imponen por encima del entendimiento humano.

Contra Cuba arremete con el sello de su ya bien conocida brutalidad la actual administración estadounidense, muy imbuida de la idea del “problema cubano”. El primitivismo del saliente gobierno del presidente George W. Bush se presentó como una de las últimas oportunidades, si no especialmente la última, con que la incapacidad política del poder omnímodo pudiese intentar el aniquilamiento de Cuba mediante la agresión amada directa.

Ante tales realidades el traspaso de las fronteras que hoy frenan las potencialidades del Proyecto Socio Político de desarrollo de Cuba no puede más que asumir los inconmensurables riesgos y el peligro que le viene por la decisión de su actuar soberano. A la UE no le falta el ojo político para advertirlo sino la independencia política y económica para decirlo y prevenirlo. Del iluminismo al primitivismo como de lo sublime a lo ridículo descubrimos que existe también un solo paso.

Superada, en parte, la crisis de los 90, Cuba ha sentado las bases para una evolución de largo alcance y promisorios resultados. El avanzado desarrollo social y la alta valorización del capital humano alcanzados la predisponen como ningún otro país económicamente atrasado para un salto cualitativo hacia el desarrollo integral. El campo de los retos no está en el afán de las soluciones que para sí han buscado las antiguas metrópolis y los actuales centros de poder capitalista. Los caminos de la emancipación histórica y el progreso definitivo estarán marcados para Cuba por las antítesis de la razón.

Al pregón de la libertad económica, puede con éxito anteponerle Cuba la opción social de la democracia económica. Al dictado del lucro y la acumulación privada excluyente de capital propios de la economía de mercado, puede anteponerle las personas y la acumulación social de capital incluyente propios de una economía solidaria. Al dogma de la democracia parlamentaria puede anteponerle el paradigma de la democracia directa y participativa. Al oportunismo de un estado minimalista y pasivo ante la perfección de los mercados, podrá siempre anteponerle la fortaleza de un estado-nación activo en la incansable promoción de las condiciones de desarrollo material y sociocultural del conjunto de su sociedad. Al individualismo de una sociedad de rivales cabe oponerle el sentido de solidaridad de una sociedad de iguales. A la indefendible libertad de prensa privada y opinión pública mediática, puede anteponérsele el principio de la plena autonomía de información y opinión de órganos de prensa públicos y cooperativos.

Para la sociedad y el sistema político cubano ha de ser nítido el compromiso con una visión de estado de bienestar social de nuevo tipo. Por la senda de sus antítesis pasa el logro de altos rendimientos económicos, justa distribución de la riqueza material, plena inclusión sociocultural y extendido desarrollo humano.


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