BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

APLICACIÓN DE UN MODELO DE DIRECCIÓN ESTRATÉGICA EN ÉPOCAS DE CRISIS, ESTUDIO DE CASO: AGROEXPORTADORA DE PERÚ

Charles Alexander Sablich Huamani



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2.15 Respuesta hacia la Crisis

Las economías desarrolladas están en un proceso recesivo que ha excedido la mayoría de pronósticos hechos hace pocos meses atrás. Con la evolución reciente de China, las expectativas de que las economías emergentes más importantes sostengan el crecimiento mundial también se han reducido considerablemente. Este nuevo escenario internacional tiene implicancias sobre el resto de economías emergentes, entre ellas la de Perú . La peculiaridad de la crisis radica en que son dos los panoramas a los que se afronta la empresa agroexportadora materia de estudio, la recesión en la que encuentran inmersas los países desarrollados donde se encuentran las empresas consumidoras de los productos agroexportables, y el poco dinero con las que puede tener la empresa en caja para financiar los proyectos de inversión, generando una incertidumbre generalizada.

La inversión , por su parte, se ve afectado por la caída de la demanda, la pérdida patrimonial y el deterioro en las condiciones crediticias. Se espera, por lo tanto, un ajuste para los próximos trimestres, aunque no existe consenso sobre su duración y su magnitud. Hace un año, se pensaba que la recesión, de darse, sería una “V”; es decir que la economía se deslizaría hacia un bache recesivo y saldría de él rápidamente. Hoy en día se habla de una “U”, que implica una caída más brusca y una recesión algo más prolongada, de la cual se terminaría por salir en un plazo aproximado de tres trimestres. Las versiones más pesimistas hablan de una “L”, es decir, de una caída brusca y de un estancamiento por tiempo indefinido.

¿De qué depende que alguno de esos escenarios se concrete? En primer lugar, de cómo evolucionen los mercados financieros. Los mercados interbancarios se vienen normalizando, pero aún falta que mejoren las condiciones crediticias que enfrentan consumidores e inversionistas. Es probable que las bajas tasas de interés tengan un impacto sólo moderado en el gasto de consumo (dado los altos niveles de endeudamiento de las familias), aunque sí podría ser más relevante para evitar un deterioro adicional en el sector corporativo.

En segundo lugar, dependerá de la efectividad del paquete fiscal anunciado recientemente. Este paquete –de aproximadamente US$ 800 mil millones y equivalente a 6 por ciento del PBI– ha generado cierta expectativa sobre una recuperación de la economía norteamericana hacia el segundo semestre. De la efectividad de este paquete depende en gran medida cuál de los escenarios mencionados anteriormente se concrete.

En tercer lugar, el tipo de ajuste dependerá también de cómo evolucionen los precios. En julio de este año, la inflación anual llegaba a 5,5 por ciento, el nivel más alto desde 1991, y la Reserva Federal tenía la mirada puesta, simultáneamente, en la desaceleración económica y en la inflación. Con la reducción de las presiones inflacionarias, el énfasis ha cambiado e, incluso, diversos analistas coinciden en que hoy en día uno de los mayores riesgos es una deflación, dada la drástica caída en el precio del petróleo, de los alimentos y otros commodities, y la contracción de la demanda interna. De darse, la deflación puede generar un círculo vicioso: las personas que esperan que los precios bajen, postergan su consumo y las empresas postergan sus planes de inversión y prefieren pagar las deudas; con ello se refuerza la recesión y las presiones a la baja de los precios, tal como sucedió recientemente en Japón. Las políticas monetaria y fiscal, por su impacto sobre la demanda, podrían ayudar a evitar este escenario de recesión con deflación.

2.16 Aprendiendo de la Crisis

Es necesario crear en el ámbito mundial una nueva “arquitectura financiera internacional” para evitar la severidad y reducir los impactos de estas crisis financieras y económicas, propias del actual sistema capitalista de mercado (Alarco et al., 2009).

Ahora bien, es importante señalar que las crisis financieras, que se manifiestan como períodos de recesión, tienen diferentes impactos en diferentes sectores. El impacto más directo es la caída en el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI). Pero el PBI mide la producción de bienes y servicios de un país que se conforma por hogares, empresas, instituciones públicas. Estos se pueden separar entre sectores productivos, o por tamaño de empresa y hasta por nivel de gobierno (nacional, regional, departamental, distrital, etcétera). En consecuencia, los Estados tienen que ver y aprender, que no siempre, un crecimiento sostenido, durante mucho período de tiempo es bueno, toda vez, que si este se da, sin tener una base económica y financiera solida, generaría la volatilidad de la economía, y en cualquier momento podría generar una crisis insospechada.

Así mismo, si la economía de un país está siendo subvencionada por tan solo reservas internacionales a través de empréstitos, traerá consigo que cuando se tenga que pagar estos –los empréstitos-, el dinero del gasto público anual que se disponga para tal efecto, será mayor, y por consiguiente se va a tener pocos recursos para invertir en infraestructura, y en dotar de mejores servicios públicos a los ciudadanos en el país. En tal sentido, debemos manifestar que el crecimiento del comercio mundial ha sido muy sensible al ciclo económico y, por ende, este se ha transformado en un mecanismo amplificador, tanto de los auges como de las depresiones de la actividad productiva (Alarco et al., 2009).

Lo bueno de toda crisis económica o financiera -o de cualquier otra índole-, es que tiene como dinámica, que por un lado genera perjuicios, pero por otro, le señala las pautas a los gobiernos, los empresarios y demás; la forma cómo afrontarlos, si vuelven a ocurrir posteriormente. Un ejemplo de esto se manifiesta cuando se afirma que la crisis actual no se parece a las debacles financieras de los años noventa, cuando los mercados afectados se recuperaron rápidamente gracias a la liquidez global y la demanda externa, dos factores en este momento inexistentes. En otras palabras cada crisis económica tiene sus propias características, sus propios componentes, sus propias repercusiones, sus propios afectados, etcétera; pero lo importante es que siempre se ha podido salir de ellos así lo determina la historia de la humanidad (Alarco et al., 2009). Pero en esta crisis actual, se espera que las economías desarrolladas sufran una recesión severa y prolongada, lo que sin duda pondrá a prueba la resistencia de las naciones emergentes; como el Perú que ha sabido mantenerse por encima de los demás países del hemisferio con un crecimiento económico que bordeaba el 8% anual en el PBI.


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