BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

APUNTES SOBRE LA CIBERCULTURA Y LA ALFABETIZACIÓN DIGITAL POSMODERNA

Germán López Noreña




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6.2 LA LLAMADA “SOCIEDAD VIRTUAL”

Antes de iniciar, la argumentación del porqué de mi apreciación sobre la no existencia aun de una sociedad virtual, quiero plasmar el pensamiento del benemérito profesor Juan Puelles López de la ciudad de San Cristóbal de la Laguna en la isla de Tenerife, quien en una consulta realizada sobre esta temática por este humilde servidor, expresaba la imposibilidad de la existencia de ella, en razón de que la sociedad moviliza un cúmulo de connotaciones, más allá de la mera información.

Primero, por lo tanto, veamos en términos generales la definición, o mejor dicho, una de las tantas aproximaciones a la definición de sociedad en la perspectiva antropológica. Y hablo de aproximación, ante la imposibilidad de la definición de la misma. Pues bien veamos que nos dice el diccionario de la RAE, en la versión ya citada en este libro:

Sociedad.

(Del lat. sociĕtas, -ātis).

1. f. Reunión mayor o menor de personas, familias, pueblos o naciones.

2. f. Agrupación natural o pactada de personas, que constituyen unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de cumplir, mediante la mutua cooperación, todos o alguno de los fines de la vida.

Conozcamos también, algunas de las aproximaciones a la definición de Sociedad, que circulan en la red:

La Sociedad es el conjunto de individuos que comparten una cultura, y que se relacionan interactuando entre sí, cooperativamente, para formar un grupo o una comunidad.

es.wikipedia.org/wiki/Sociedad

Grupo de personas organizadas y asociadas con algún propósito; Conjunto de personas que son miembros de una comunidad; Conjunto de individuos sociales de la misma especie altamente integrados y que presentan división del trabajo como las hormigas o las abejas.

es.wiktionary.org/wiki/sociedad

Asociación de personas creada para desarrollar una actividad común, en busca de sus propios intereses o con el propósito de ayudar a la comunidad.

www.sii.cl/diccionario_tributario/dicc_s.htm

Organización creada por seres humanos o sistema de interrelaciones que conecta a los individuos en una cultura común. Todos los productos de la interacción humana, la experiencia de vivir con otros a nuestro alrededor […].

www.juntadeandalucia.es/averroes/emilioprados/filosof/antropo/Conceptos%20basicos.htm

Unión estable de hombres que engendra entre ellos relaciones de convivencia, jerarquía y comunidad espiritual.

rolandoriveros.googlepages.com/GLOSARIOETICA.doc

Ahora, al realizar una lectura de los acercamientos a la definición de Sociedad, desde la de la RAE hasta los circulantes en la Web, percibimos sin mucho esfuerzo un elemento común en todas ellas y es el término agrupación encaminadas a lograr un fin común.

Este conjunto de personas, para unos, y para otros hombres, como también individuos para unos cuantos, encaminados hacia un objetivo común, mediados por la técnica y la cultura, y llamada sociedad; ha sido cuestionada en la trama del escenario y el decurrir de la Humanidad. Entonces, recurramos a una de las primeras críticas a la Sociedad en el siglo XX, a la de Oswald Spengler :

En 1918 apareció en Alemania el primer tomo de La decadencia de Occidente del físico y filósofo Oswald Spengler. El segundo tomo apareció en 1922. La traducción al castellano estuvo a cargo de Manuel García Morente, el mismo autor de las escolares Lecciones preliminares de filosofía. En el Prólogo a la versión castellana, José María Ortega y Gasset se refirió al libro de Spengler como la “peripecia intelectual más estruendosa de los últimos años”. Ortega no exageraba. No era para menos. Europa había vivido la Primera Guerra Mundial y en Alemania sus consecuencias se sentían más que en otros lugares. Una crisis de valores embargó a los germanos. Se añoraba un pasado glorioso (el siglo XIX y el principio de siglo), pero se tenía desconcierto ante el futuro. El libro era el testimonio de una época.

La “peripecia intelectual” de Spengler contenía una filosofía de la historia. Concebía las culturas como una planta que nace, crece, madura y muere. Dentro de este singular círculo determinista de la historia, Europa estaba en su etapa final: en la decadencia o en el hundimiento como tradujo don Miguel de Unamuno. Por otro lado, el libro contribuyó al advenimiento del nazismo. Era crítico de la cultura burguesa, del tecnicismo, los efectos de la modernidad y loaba el dominio (en una pseudointerpretación de Nietzsche), la fuerza y se refería al “sentimiento cósmico de lo racial”, entre otra terminología emparentada después con Hitler y su régimen. Con todo, los dos tomos de Spengler, si bien eran reaccionarios, conservadores, se apegaban a los “hechos”, etc., testimoniaban los efectos nocivos de la civilización: la pauperización de las ciudades, el dominio de los hombres por los medios de comunicación, la propaganda y el arte de dominar a las masas, las formas de dominio político, la tendencia de la democracia a convertirse en dictadura, etc. Todas fueron profecías, como dijo Theodor Adorno, que se cumplieron años después cuando el libro de Spengler había sido olvidado. Esas profecías se materializaron con el ascenso del nazismo, pero también fueron manifestaciones de la sociedad capitalista imperante. Spengler se limitó a poner de presente esa crítica y nada más. Él no era amigo de la utopía.

¿Será qué se está tratando de hacer “Realidad” una utopía en estos los tiempos posmodernos, con las NTIC, al sobredimensionar por parte de los Gurús de esta temática la llamada por algunos de ellos Sociedad Virtual? Luego, también será que cobra vigencia para estos tiempos, lo visto en el párrafo anterior y planteado por Spengler, en lo que concierne a los valores.

¿Sociedad Virtual? o ¿Utopía Virtual?

blogs.ekaternia.es/gyzzma/?p=57

Obviamente, mencionando al tenor de los cánones, y el decurrir del rigor historiográfico, la seguidilla de criticas a la sociedad y la cultura de tiempos cercanos y consecutivos por parte de connotados filósofos y escritores, que hicieron efectivo, los últimos, desde el discurso escrito la relación literatura y sociedad.

Época de la modernidad, fuertemente criticada y cuestionada, a raíz de los efectos de la técnica, la ciencia, los excesos de la razón y la destrucción de la cultura. Fue una época de malestar. Nietzsche se había anticipado y profetizado el nihilismo desde el siglo XIX y, puesto de presente la necesidad de una transvaloración de los valores, de un nuevo hombre y de una nueva cultura. Malestar que hizo factible la emergencia en la época de las llamadas filosofías de la vida, las cuales criticaron el sometimiento de la vitalidad por la civilización, la técnica, el industrialismo.

Lo que hizo posible la aparición de obras como Del sentimiento trágico de la vida (1912) de Miguel de Unamuno; El tema de nuestro tiempo (1923) y La rebelión de las masas (1930) de Ortega y Gasset, lo mismo que la de Henri Bergson en Francia y la de Max Scheler en Alemania. También la obra de Heidegger, especialmente, Ser y tiempo de 1927, puede inscribirse en ese ambiente espiritual.

Obras en las que se añoraba el pasado, con criticas severas al presente e la sociedad y visionaban su futuro de forma apocalíptica. Tras las atrocidades vividas en Segunda Guerra Mundial las profecías sobre la decadencia de la civilización europea se fortalecieron. Y es así como en este sentido emergieron las demoledoras críticas a la civilización de Adorno, Horkheimer, Marcuse, Hannah Arendt, Foucault y algunos de los posmodernistas.

La literatura no fue ajena a este movimiento, y fue altamente solidaria con él, siendo exponentes entre otros de esta corriente espiritual: Sartre, Camus, Hermann Hesse, George Orwell, Ernesto Sábato y, en lengua portuguesa, José Saramago. A esta pléyade de escritores, se suman el Premio Nóbel de 1950, el filósofo y matemático inglés, Bertrand Russell, que ya en 1924 había advertido sobre la hecatombe a la que nos podía llevar la ciencia en su opúsculo Ícaro o el futuro de la ciencia; y al filósofo alemán Edmund Husserl con su Crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental publicado después de su muerte en 1954.

En la actualidad en lo que a la literatura concierne, merece mención especial en lo referente a la crítica de los tiempos actuales y en lo relacionado a los valores, el ya extinto materialmente hace pocos meses escritor portugués José Saramago . En sus libros hay una profunda reflexión filosófica sobre la vida, la realidad y el tiempo:

José Saramago [no fue] un intelectual en la “torre de marfil”. Todo lo contrario, ha hecho público su compromiso político y ha participado en eventos sociales y políticos de talla mundial como el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Fue un intelectual comprometido con la realidad y consciente de que “el mundo no está bien” o como diría Ernesto Sábato: “los cielos y la tierra se han enfermado”. Con todo, paradójicamente, Saramago no parecía un escritor de hoy, pues su novela no ha sucumbido a la trivialización general de la literatura, que con algunas excepciones, se volvió la regla general en la segunda mitad del siglo XX. Así ha descrito éste fenómeno el gran crítico y filósofo colombiano Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005) al referirse a la desintelectualización de la literatura producida por la sociedad de masas: “La densidad intelectual…fue sustituida por una exuberancia verbal y de imágenes que satisface a un amplio público lector habituado a las sonoridades y monumentalidades de películas y transmisiones televisivas de coronaciones y bodas y funerales aristocráticos y de los llamados ‘ídolos de masas’, artistas de cine, futbolistas, industriales”. Saramago, pues, no sucumbió ante la trivialidad publicistica de la era de la técnica y la información que ha facilitado novelones como los de Jorge Restrepo o libros para amas de casa desesperadas y desocupadas como Los caballeros las prefieren brutas de Isabella Santo Domingo; o libros para lectores morbosos como los de Virginia Vallejo y Gustavo Bolívar; asimismo, textos para los consumidores de la religión denominada “autoayuda” como los de Walter Riso y Jaime Duque Linares, entre otros de una lista que sería interminable.

Saramago en tres de sus obras, realiza la crítica al mundo actual: La Caverna (2000), Ensayo Sobre La Ceguera (1995), y Ensayo Sobre La Lucidez (2004). Al referirse a La Caverna –quien mejor que él para referirse a sus ensayos-, obra escrita, después de haber sido galardonado con el premio Nóbel de literatura en 1998, en una de las muchas entrevistas que se le realizó, nos presenta la razón de ser de la obra:

Digamos que nadie elige un título con semejante carga mítica si su trabajo no tiene que ver con la caverna de Platón. Pero mi novela no trata tanto sobre el mundo de las apariencias sino sobre el mundo real de nuestra época, que se volvió aparente. Platón lo escribió hace 2300 años y yo creo que nunca se ha vivido en la caverna de Platón como ahora. Este es un momento en que todo se volvió virtual: el dinero, la realidad que nos enseña la televisión, donde una hambruna y un genocidio son seguidos de un desfile de modas, o sea un mundo de información que se va vaciando de sentido. Hay, como en la caverna de Platón, personas atadas mirando un mueble en la pared, sin mover la cabeza a uno u otro lado. Mirando sombras.

José Saramago 2006. Critico De Los Tiempos Actuales

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Saramago

Del Ensayo Sobre La Ceguera, el escritor portugués nos dice en su escrito, Soy Un Comunista Hormonal:

[…] el Ensayo sobre la ceguera no puede ser entendido como esa cosa sencilla de que uno está ciego. Partamos de que una novela es una alegoría. La ceguera es metafórica, lo que yo quiero decir es otra cosa”, “yo aludo a una ceguera de la razón. Somos ciegos a la razón y nos comportamos como ciegos. Y la verdad es que si miramos el estado del mundo, ahora mismo…no parece que el mundo sea dominado por lo que llamamos una especie racional. Mi novela se plantea qué es lo que ocurre cuando el hombre […] se encuentra en una situación límite en que la poca razón que tiene ya no tiene lugar […] En el fondo se trata de la visión como entendimiento, como capacidad de comprender. Y al perder la visión en ese sentido metafórico, lo que uno está perdiendo es la capacidad de comprender. Está perdiendo la capacidad de relacionarse, de respetar al otro en su diferencia, sea cual sea […] Es toda una ciudad que retrocede al instinto, que yo no llamaría puro, porque lo que sale todas las veces, y lo que está saliendo ahí, es la violencia, la extorsión, la tortura, el dominio del uno por el otro, la explotación

Sin duda alguna, con esta obra Saramago se inscribe a aquel selecto grupo conformado por los intelectuales que han aportado a la critica de la razón del siglo XX, y porqué no al ya impúber siglo XXI. Y en este sentido nos es posible afirmar, que este libro le ha permitido decir al portugués que “nos falta mucho para llegar a ser verdaderamente humanos”, que carecemos de “visión”, esto es, de entendimiento, comprensión del otro, convivencia, respeto, solidaridad, para poder solucionar los grandes problemas que aquejan a nuestras sociedades.

Ensayo Sobre La Lucidez, es una obra que se articula y en cierta medida es complementario a La Ceguera De La Razón. En la segunda, nos plantea la ceguera de la razón, en la primera da cuenta de la visión, la lucidez, el entendimiento, y la comprensión como elementos a dar solución a esa ceguera. En suma, “Los temas que trata el libro, entre ellos, el voto en blanco, el terrorismo de estado, la manipulación política, la mentira institucionalizada, el papel de los medios de comunicación, “los falsos positivos”, el asesinato de la oposición, la demoledora crítica a los límites de la democracia, etc., lo hermanan, como ya se dijo, con grandes tratados de teoría política y filosofía del siglo XX, como por ejemplo, El marxismo soviético (1958) de Herbert Marcuse. Son estos temas los que hacen del libro una magnífica obra literaria que alumbra sobre la política moderna y sus mecanismos opresivos de funcionamiento”.

Las tres obras de Saramago, nos da claridad sobre la diversidad de falencias de la sociedad actual –resaltando, en él y en ellas, el problema de los valores. Pero, veamos, lo que nos dice de un fenómeno que va de la mano con quienes rotulan la existencia de la llamada “Sociedad Virtual”: La Internet como su paradigma comunicacional. En este sentido, recurramos a apartes de algunas entrevistas realizadas a Saramago, por diferentes medios, obtenidas de http://saramago.blogspot.com/.

Entonces veamos algunas opiniones relacionadas con la información y la Internet:

Información y desinformación

Publicado en La Jornada

Las posibilidades tecnológicas para desarrollar la masificación de la información han ido muy rápidas. Sin embargo el ciudadano no dispone de los elementos y la formación adecuada para saber elegir y seleccionar, lo que deriva en que ande perdido en esa selva. Precisamente en ese desnivel es donde se produce la instrumentalización en perjuicio del individuo, y, por tanto, la desinformación. Aparentemente vivimos en un tiempo en el que lo sabemos todo, pero es evidente que los sujetos son cada vez más ignorantes.

Las tres enfermedades del hombre actual

Publicado en Misobitácora

Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

Para qué sirve la comunicación

Fuente: Foroplanetario

Internet es una tecnología que en sí no es ni buena ni mala. Sólo el uso que de ella se haga nos guiará para juzgarla. Y por esto es que la razón, hoy más que nunca, no puede dormirse. Si una persona recibiera en su casa, cada día, quinientos periódicos del mundo entero y si esto se supiera, probablemente diríamos que está loca. Y sería cierto. Porque, ¿quién, sino un loco, puede proponerse leer quinientos periódicos por día? Algunos olvidan esta evidencia cuando bullen de satisfacción al anunciarnos que de ahora en más gracias a la revolución digital, podemos recibir quinientos canales de televisión. El feliz abonado a los quinientos canales será inevitablemente presa de una impaciencia febril, que ninguna imagen podrá saciar. Se perderá sin límite de tiempo en el laberinto vertiginoso de un zapping permanente. Consumirá imágenes, pero no se informará.

Se nos dice que gracias a las nuevas tecnologías, en lo sucesivo alcanzamos las orillas de la comunicación total. La expresión es engañosa, permite creer que la totalidad de los seres humanos del planeta puede ahora comunicarse. Lamentablemente, no es cierto. Apenas el 3% de la población del globo tiene acceso a una computadora; y los que utilizan Internet son aún menos numerosos. La inmensa mayoría de nuestros hermanos humanos ignora incluso la existencia de estas nuevas tecnologías. Hasta ahora no disponen todavía de las conquistas elementales de la vieja revolución industrial: agua potable, electricidad, escuela, hospital, rutas, ferrocarril, heladera, auto, etc. Si no se hace nada, la actual revolución de la información los ignorará de la misma manera.

La información nos vuelve más eruditos o sabios solo si nos acerca a los hombres. Pero con la posibilidad de acceder de lejos a todos los documentos que necesitamos, el riesgo de deshumanización aumenta. Y de ignorancia.

De ahora en más, la llave de la cultura no reside en la experiencia y el saber, sino en la aptitud para buscar información a través de los múltiples canales y depósitos que ofrece Internet. Se puede ignorar al mundo, no saber en qué universo social, económico y político se vive, y disponer de toda la información posible. La comunicación deja así de ser una forma de comunión. ¿Cómo no lamentar el fin de la comunicación real, directa, de persona a persona?

Con obsesión, vemos concretarse el escenario de pesadilla anunciado por la ciencia ficción: cada uno encerrado en su departamento, aislado de todos y de todo, en la soledad más horrible, pero conectado a Internet y en comunicación con todo el planeta. El fin del mundo material, de la experiencia, del contacto concreto, carnal... La disolución de los cuerpos.

Poco a poco, nos sentimos atrapados por la realidad virtual. A pesar de lo que se pretende, es vieja como el mundo, como nuestros sueños. Y nuestros sueños nos han conducido a universos virtuales extraordinarios, fascinantes, a continentes nuevos, desconocidos, donde hemos vivido experiencias excepcionales, aventuras, amores, peligros. Y a veces también pesadillas. Contra los cuales nos previno Goya. Sin que esto signifique que haya que contener la imaginación, la creación y la invención. Porque esto se paga siempre muy caro.

Es más bien una cuestión de ética. ¿Cuál es la ética de los que como Bill Gates y Microsoft, quieren ganar la batalla de las nuevas tecnologías a toda costa, para sacar el máximo provecho personal? ¿Cuál es la ética de los raiders y de los golden boys que especulan en la Bolsa sirviéndose de los avances de las tecnologías de la comunicación para arruinar a los Estados o quebrar cientos de empresas en el mundo? ¿Cuál es la ética de los generales del Pentágono, que aprovechando los progresos de las imágenes programan con más eficacia sus misiles Tomahawk para sembrar la muerte?

Impresionados, intimidados por el discurso modernista y tecnicista, la mayoría de los ciudadanos capitulan. Aceptan adaptarse al nuevo mundo que se nos anuncia como inevitable. Ya no hacen nada para oponerse. Son pasivos, inertes, hasta cómplices. Dan la impresión de haber renunciado. Renunciado a sus derechos y a sus deberes. En particular, su deber de protestar, de sublevarse, de rebelarse. Como si la explotación hubiera desaparecido y la manipulación de los espíritus hubiera sido desterrada. Como si el mundo fuera gobernado por necios y como si de repente la comunicación hubiese devenido un asunto de ángeles.

Entonces, es ¿Apocalíptico Saramago en sus opiniones?, según lo expresado por él en las anteriores apreciaciones emitidas a los medios de comunicación hablados y escritos ¡No lo es!

Es por el contrario, un crítico reflexivo, que hace reiterativamente un llamado angustioso a los exabruptos, de lo que algunos Gurús de las NTIC, audazmente han llamado “Sociedad Virtual” -referenciada por Steve Woolgar (2002) como una “Cibérbole” de los tiempos posmodernos. En verdad son críticas realizadas con amor, en aras de lograr una humanidad efectivamente humana.

Woolgar como director y editor de ¿Sociedad Virtual? En la compilación titulada ¿Sociedad Virtual? Tecnología, “Cibérbole”, Realidad, nos presenta en términos de David Gómez (2008) “una recopilación transversal de estudios llevados a cabo […] en el que Woolgar considera que el debate sobre las consecuencias sociales las nuevas tecnologías informático-electrónicas se ha organizado en torno a una verdad innecesaria: que los efectos transformadores de estas tecnologías suponen nuestra inexorable transición hacia una sociedad virtual”.

Y continua Gómez escribiendo:

“Las tempranas investigaciones, plantea Woolgar en el primer capítulo, se han visto contaminadas por una suerte de determinismo tecnológico que oscila, cadenciosamente, entre el cinismo y la euforia como parte activa de una dicotomía institucionalizada que vehicula, por otra parte, la condición de posibilidad de unos efectos sociales de la tecnología predecibles, universales y definitivos”.

Para concluir, esta sección del libro dedicada a la supuesta existencia de la llamada “Sociedad Virtual”, en honor a la verdad, aunque no absoluta, la que no existe, diría más bien relativa; se debe hablar de una naciente Sociedad de la Informción. Aclarando del siempre haber existido en la vida de la humanidad, información.


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