BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

APUNTES SOBRE LA CIBERCULTURA Y LA ALFABETIZACIÓN DIGITAL POSMODERNA

Germán López Noreña




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5.1.1.2 Aspectos Generales De Lo Virtual y la realidad

Ya enunciados algunos pormenores del concepto lo real, enrutémonos en lo virtual, y para ello comencemos preguntándonos ¿Qué es lo Virtual? Entonces iniciemos presentando la definición de este concepto presentado por la RAE en su edición ya citada en el presente volumen:

(Del lat. virtus, fuerza, virtud).

1. adj. Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real.

2. adj. Implícito, tácito.

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

Ahora, Norbert Wiener (1998; Pág. 64) el gran matemático fundador y padre de la Cibercultura escribió que “[…] el pensamiento de cada época se refleja en su técnica”. Por cierto, apreciación que hoy en día en los tiempos de globalización, cobra gran vigencia con la implosión de las nuevas tecnologías de la información, siendo el caso especifico de Internet. Las variables tiempo y espacio, fundamentales en el análisis de la realidad han sido mediatizadas gracias a la emergencia de las nuevas tecnologías.

No es un sofisma el que en un primer momento la parafernalia digital de la que dispone la humanidad ha cambiado las formas de acercarnos, comunicarnos y de ver la realidad.

También es cierto que los referente virtuales no son solamente en lo comunicacional. Su espectro se ha ensanchado a lo político, lo económico y lo social. Espacios no materiales en los que se crea un nuevo contexto de referencia en donde sus códigos hegemónicos revierten lo clásico e induce a un nuevo tipo de dinámica básica para movernos en ellos, siendo certera la apreciación de Levis (1997; Pág. 27) cuando nos dice que la “[…] tecnología informática transforma no sólo nuestras vidas, sino también el imaginario en el cual vivimos”:

Los signos y los sistemas de representación en general han convertido a los seres humanos en una especie radicalmente diferente al resto de la vida animal; cuando se trata de calificar al ser humano, y ver lo específico de su animalidad, el lenguaje aparece siempre como el rasgo diferenciador y propio de lo netamente humano. Y el lenguaje (y con él la inmensa variedad de sistemas de representación de la que los seres humanos hacemos uso) no sólo nos ha proporcionado una segunda naturaleza vinculada a lo racional y lo abstracto, sino también una realidad virtual presente en un sinfín de manifestaciones y sistemas que, de modo amplio y general, denominamos cultura. Porque lo peculiar del lenguaje y los sistemas de representación es su proyección, su ir más allá de lo que es aquí y ahora, su virtualidad.

¿Qué significa ser virtual? Por un lado, lo virtual parece oponerse a lo real: lo real es, y lo virtual simula ser real sin llegar a serlo. Lo real existe, es aquí y ahora, y lo virtual se proyecta hacia el futuro. Esto no significa que lo virtual no sea también aquí y ahora, y no sea en alguna medida. Esta última vaga afirmación quiere poner de relieve que lo propio de los sistemas de representación es que vinculan de manera indisociable lo real, lo que sería su parte física y captable, el soporte, el vehículo de transmisión, el significante en la terminología de F. de Saussure; y lo virtual, lo que sería la parte inmaterial, abstracta, el significado o sentido. De tal forma que, como señalaba U. Eco (cfr. Eco 1981, p. 70), un signo no es únicamente una entidad física (esto es cierto sólo del significante); pero tampoco únicamente una entidad abstracta (lo cual es cierto del significado); el signo es una entidad peculiar, compleja, que transmite un sentido a través de algo perceptible que funciona como su transmisor. La virtualidad característica del signo y de la representación se recoge en una de las múltiples definiciones de signo que elaboró C.S. Peirce, al mantener que es algo que está en lugar de otra cosa (cfr. Peirce, CP 2.228). Ya simplemente a partir de esta concepción de los signos, y de los sistemas de representación en que se organizan, es obvio que su complejidad y potencialidad es con mucho superior a lo catalogado como real. Junto a la físicidad y perceptibilidad de lo real, los sistemas de representación incorporan un nivel más: el de la inteligibilidad, la significatividad, la creatividad o el juego. Todos ellos elementos fundamentales y configuradores de nuestra naturaleza racional. Frente a la concreción de lo real, lo virtual es recreación, proyección, imaginación.

(María Uxía Rivas Monroy; 2008)

El hombre en el siglo XXI, percibe la realidad como un hibrido de lo material y lo inmaterial es decir un mundo virtual, que a decir de Martín Barbero (2000; Pág.1) la tecnología hoy en día nos remite más que a maquinas electrónicas, a una nueva modalidad de percepción. El hombre está inmerso en estos tiempos posmodernos en una nueva revolución de la sociedad de mayor complejidad que lo que fue la aparición de la imprenta, la televisión y la informática.

El homo sapiens logra ciertos niveles de dominio de lo natural, para luego avanzar en el diseño de lo urbano, y estar en este momento en la construcción del entorno virtual (Echeverría; 1999 y 2000). Entorno, sin duda alguna de mayor complejidad, en el que el hombre como raro espécimen biológico de la naturaleza decodificador de símbolos, potencia día a día esta capacidad (Castells; 1997: Pág. 52)

Pero entonces preguntémonos ¿Hasta donde llega lo real y empieza lo virtual, y viceversa? ¿Cuál es la realidad de lo virtual? ¿Es posible hablar de virtualidad en la realidad? Complejos cuestionamientos necesarios a esclarecer del que probablemente, en rigor a la verdad , llegaremos únicamente a algunos niveles de acercamiento a los mismos, esto en razón de lo difuso de los conceptos centrales en ellos: realidad y virtualidad.

Lo Real De Lo Virtual

www.tecnolives.com/.../

Inicialmente, antes de argumentar sobre las posibles aproximaciones a las respuestas de las preguntas planteadas en el párrafo que le antecedió a éste, es menester mencionar que ya vimos en páginas anteriores, como el interés por la realidad de la vida cotidiana y la naturaleza de lo real se remonta al abstruso pensamiento filosófico de la antigua Grecia. Posmodernamente la aparición de la Internet y la ya consabida proliferación de referentes virtuales, ha conllevado a plantearnos complejos cuestionamientos nuevamente sobre el tema de la naturaleza de lo real. Y son preguntas que en términos generales van orientadas hacia la “entidad” de lo virtual, lo real de la realidad virtual, y las posibles relaciones de lo virtual con el mundo material y sensible.

De lo que, entre otros, autores como (Braudillard, 1981; Doel y Clarke, 1992; Lévy, 1995; Prouxl y Latzko-Toth, 2000), se han centrado en caracterizar y singularizar lo virtual frente a lo real. Otros como (Dubey, 2001; Jones, 2003; Lockard, 1997; Robin, 1996; Turkle, 1997), sus esfuerzos académicos han estado orientados a indagar la autenticidad de lo virtual frente a lo real, en la perspectiva de las relaciones sociales. Constituyéndose todos ellos con sus producciones escritas producto de su praxis investigativa, en fieles exponentes de la densa literatura existente sobre estas temáticas; pero en las que es de fácil observación la ausencia de un consenso sobre ellas:

[…] pese a la abundante bibliografía, no existe acuerdo unánime a la hora de caracterizar la naturaleza de lo virtual. En cualquier caso, se puede intentar una definición que la describa como la generación tecnológica de un entorno de percepciones y experiencias en el que es posible la interacción, es decir, es posible modificar el entorno en función de los estímulos y de las respuestas que se van produciendo. No obstante, hay muchas voces críticas respecto a lo que se está presentando (y vendiendo) como RV, pues por lo general no cumple ninguna de sus condiciones: no es intuitiva, no suele haber interactividad y no funciona a tiempo real (Woolgar, 2005: 71).

Por lo que se refiere a naturaleza de los “objetos virtuales” que pueblan Internet (un videojuego, un Chat, una página web o, mejor aún, un blog, una wikipedia o un espacio como Youtube) es notoria su falta de entidad y su escasa autonomía. Es muy difícil la distinción entre el producto (lo que sería el “objeto”), los productores y la tecnología que lo hace posible, así pues, es vano caracterizar un objeto virtual como una entidad independiente del proceso de su producción y de los actores y tecnologías que lo producen. De hecho, lo que caracteriza la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento sino la aplicación de ese conocimiento a los aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información y comunicación en un círculo de retroalimentación acumulativa entre innovación y usos (Castells, 1998: 58). En este círculo, creadores, usuarios y tecnología pueden llegar a confundirse.

Por ejemplo, en una etnografía sobre un objeto virtual (la creación de una especie de Chat con avatares), A. Wittel, C. Lury y S. Lash aprendieron que “un objeto virtual no puede ser rastreado igual que muchos otros objetos porque no existe como objeto singular y de algún modo original (ni siquiera como prototipo), sino que existe simultáneamente en una multitud de copias y en muchos lugares físicos (pantallas de ordenador). La producción de un objeto digital no es un proceso lineal que consta de diferentes fases temporales, sino un proyecto, una interacción compleja y flexible, es decir, heterática, de tareas y empresas” (Woolgar, 2005: 209)

(Francesc Núñez Mosteo; 2008: Págs. 210-211)

Ya recorrido los anteriores elementos de la naturaleza de lo virtual, entonces volvamos sobre los cuestionamientos planteados sobre la realidad y lo virtual, Ubicándonos en las dos primeras preguntas relacionadas con los límites de lo real y lo virtual, y sus posibles relaciones. En ese sentido retomando las aproximaciones a la definición de la RAE en lo que atañe a virtual, citadas al inicio de este apartado en del libro y, la que nos induce a pensar sobre lo no material, lo implícito, lo tácito, a lo de no existencia y aparente. Es decir a un “ahí” para lo real, y un “como estar- afuera- de-ahí” para lo virtual (Francesc Núñez Mosteo; 2008).

Es decir una realidad referida a lo que “es”, y lo virtual a lo aparente, a lo fantasmal a un tipo de espejismo de la realidad. “Sin embargo, no nos encontramos exactamente ante una “alucinación consensual”, como señalaría Gibson en su obra, sino ante la disolución estructural de los límites del concepto mismo de realidad como afirma Edgar Gómez. Lo virtual no es una alucinación, no necesita de nuestra autorización para existir. Lo virtual, al igual que lo real, están ahí y, existe en la medida en que su aparición es fruto de la construcción deliberada y consciente, de un nuevo espacio en el que desarrollarnos como humanos. Como dice Edgar Gómez: “podemos dudar de la realidad, pero no de la virtualidad” Él basa su afirmación en la idea de que la

virtualidad al ser resultado de nuestra voluntad constructiva no puede ser cuestionada en estatus de real pero, la realidad si. La "realidad" pasa a ser un concepto duro que se resquebraja por su misma dureza, mientras que la virtualidad es un concepto blando por su propio carácter artificial. “Lo real es lo dado, mientras que lo virtual es lo creado” (Edgar Gómez, 1989).”

Aproximaciones, que contrastadas con los diferentes sentidos con que se ha asumido la idea de realidad, enunciadas por Fernando Miguel Pérez Herranz (2009; Pág. 3-4), quien fundamentado en autores como Santo Tomas, Duns Scoto, Ockham, Kant y Whitehead nos lleva a preguntarnos sobre el cómo modula lo virtual a lo real, y siendo los sentidos citados: esencia (substancia) / existencia (actualidad); perfección (plenitud) / imperfección; apariencia / potencia (dynamis) /posibilidad; experiencia / actividad / efectividad; lo común (distributivo) de los objetos / la graduación (atributiva) de los seres; etc., sentidos todos que se unifican en un concepto que podríamos llamar «realidad a la antigua».

Si lo anterior nos lleva a mirar la modularidad de lo virtual a lo real en la perspectiva de los diferentes sentidos con la que se ha asumido la “realidad a la antigua”, debemos entonces preguntarnos por el cómo encarar la “realidad contemporánea”, y más aún la “realidad a la posmoderna” mediada y saturada por las NTIC. Lo cierto es que ya se han dado pasos al respecto. Los primeros esbozos del afrontar el encaramiento mencionado se plasma en los albores del siglo XX desde la Fenomenología significado en el esfuerzo de Husserl por ir a las cosas mismas, y la Lógica y el lenguaje, la productividad… (Pérez Herranz; 2009).

Entonces, en aras de escribir sobre los limites entre la realidad y lo virtual, o mejor de lo segundo que en términos de Núñez Mosteo es el “como estar-afuera-de-ahí”, preguntémonos, y tratemos de responder ¿Es lo virtual algo nuevo y propio de los tiempos posmodernos? ¡Sin duda alguna la respuesta es no! Podríamos decir relativamente en cierta manera que es el mismo vino en odres nuevos, la NTIC.

No obstante reconocer la existencia de un gran volumen de material escrito tanto a nivel cuantitativo como cualitativo que da cuenta de esta cuestión, veamos la apreciación dada por Michel Serres , en algunos apartados de una entrevista que se le realizó por el diario Le Monde de París el 18 de Junio de 2001, titulada Lo Virtual Es La Misma Carne:

Las nuevas tecnologías son demasiado antiguas en sus objetivos y demasiado novedosas en sus realizaciones. Tal como ocurrió con la escritura y la imprenta, ellas afectarán la mayor parte de las prácticas sociales.

«Numerosos filósofos denuncian los peligros del desarrollo de lo virtual a través de Internet y de las técnicas numéricas. Estigmatizan la pérdida de contacto con lo real y la alteración de las relaciones sociales. ¿Cuál es su reacción ante tales crítica ».

Michel Serres En Diciembre De 2005

http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_Serres

Tomemos el caso de Madame Bovary quien se aburre en Normandía mientras su marido está ocupado visitando pacientes en el campo. La mayor parte del tiempo ella hace el amor más en la imaginación que en la realidad. Es completamente virtual. Madame Bovary es la novela de lo virtual. Yo también estoy en lo virtual cuando leo Madame Bovary o cualquier otro libro. Entonces, si bien la palabra “virtual” fue creada por las nuevas tecnologías, nació con Aristóteles. La modernidad del término es sólo aparente.

“Todas las palabras latinas en “or” han dado lugar a palabras francesas en “eur”: horreur (horror), honneur (honor)... ¡Con excepción de una! ¿Cuál? La palabra amor. De Amor viene amour. ¿Por qué? Parece que fue inventada por los trovadores de lengua occitana cuando partían a las cruzadas. Se trataba entonces de cantar a las princesas lejanas. Es como si el amor hubiera sido inventado por y para lo virtual. Bussy-Rabutin dijo: “La ausencia es al amor lo que el viento es al fuego, ella apaga el pequeño y enciende el grande”. Desde que somos hombres somos animales de lo virtual. Mientras estoy hablando, una parte de mis pensamientos se refiere a lo que debo hacer enseguida, otra parte a mis cursos de Stanford, otra se recuerda de mi último viaje a Suráfrica [...] Todas nuestras tecnologías son frecuentemente de lo virtual.

¿Qué características distinguen lo virtual “nuevo” de ese virtual tradicional?

¡Casi ninguna! Se dirá que los jóvenes están a toda hora en lo virtual y que van a languidecer... No obstante, todos en nuestra generación nos enamoramos alguna vez de estrellas de cine que tan solo abrazábamos en imágenes. Lo virtual es la misma carne del hombre. Una vaca no está en lo virtual. Está comiendo en su cuadrado de hierba...

Por el contrario, desde el siglo VI antes de Cristo, cada vez que un geómetra dibujaba un círculo o un triángulo en el suelo, agregaba lo siguiente. “¡Cuidado, esta figura no está allí, no se trata de eso, esa no es la real o verdadera! (EDUTEKA: que la figura geométrica del círculo o del triángulo no es lo mismo que su representación material, obedece a una vieja tradición cultural que Platón, Aristóteles y Euclides convertirán en precepto teórico). ¿Dónde está entonces la real? No se sabe. Incluso se inventó en la época un firmamento de ideas enteramente virtual. El mundo de las matemáticas es real, pero es real con un estatuto preciso; un estatuto de ausencia.

-Así que todo esto no le parece nada nuevo…

Por supuesto. Se pueden distinguir aquellos argumentos “en contra” extremadamente clásicos (de los cuales no nos damos cuenta hasta qué punto son viejos y repetitivos), de unos argumentos rarísimos que efectivamente son muy modernos. Entre las críticas más recalcitrantes, encontramos por ejemplo la cantidad enorme de información que no podremos digerir. A este respecto, siempre me gusta citar la siguiente frase de Leibniz: “Esta horrible cantidad de libros impresos que todos los días llega a mi mesa, seguramente me conducirá a la barbarie mas no a la cultura”. Leibniz decía esto en el siglo XVII refiriéndose a la imprenta y a las bibliotecas. Nadie ha leído toda la Biblioteca Nacional de París ni la del Congreso de Washington. Pero sí las ha leído el sujeto colectivo que llamamos “nosotros”; la humanidad. No existe un solo libro que no haya sido leído por alguien.

Convendría que quienes manipulan tales argumentos super-clásicos conocieran al menos un poco de historia, un poco de historia de las ciencias y las técnicas y un poco de filosofía. Ello los tranquilizaría inmediatamente. Dicho de otra manera, las nuevas tecnologías tienen dos características. Son demasiado antiguas en sus objetivos y alcances, y extraordinariamente nuevas en sus realizaciones.

Pues bien, el establecer las topologías de lo virtual es en verdad supremamente complejo, en lo relacionado a definirlo, delimitarlo y encuadrarlo entorno a ciertos límites. Mucho más aún cuando lo virtual, en muchas situaciones se concibe como lo inmaterial. Siendo la característica predominante en esta categoría el no ser posible cristalizarla espacialmente. Sin embargo, teóricos como (Deleuze, 1992; Derrida, 1996; Lévy, 1999) , conceptúan que lo virtual no es lo opuesto a lo real sino a lo actual; y se concreta en actualizaciones.

Gilles Deleuze

liberdadepalestina.blogspot.com/2009/03/gille...

Luego, tiene lo virtual “una realidad plena, en tanto que virtual” (Deleuze, 1969, 1992). De esa forma, la realidad no es la otra cara de lo virtual, sino de lo actual, porque “virtualidad y actualidad sólo son dos maneras de ser diferentes” (Lévy, 1995, 1999: 17). Desde este enfoque, vinculando lo virtual con lo espectral, Jacques Derrida (1995, 1996) formula algunas preguntas relacionadas sobre: “¿Qué es un fantasma?, ¿qué es la efectividad o la presencia de un espectro, es decir, de lo que parece permanecer tan inefectivo, virtual, inconsistente como un simulacro? ¿Hay ahí entre la cosa misma y su simulacro una oposición que se sostenga?”

Jacques Derrida, piensa de la anterior oposición el no ser sostenible, porque ese espectro ostenta tanto poder como irrealidad. Es decir puede ser una alucinación y a su vez un simulacro, pero es “virtualmente más eficaz que lo que tranquilamente se denomina una presencia viva”. Entonces, tanto, la virtualidad, como la pantalla, siempre posee una estructura de “aparición desapareciente”.

¿Pero qué hay de lo virtual en la categoría de lo posible? Dejemos, entonces que sea Víctor Silva Echeto en su articulo Tipologias De La Virtualidad: Comunicación, Subjetivación y Poder quien nos proporcione algunos elementos de la respuesta a este cuestionamiento, citando a Lévy: “También lo virtual se distingue de lo posible. Esta categoría ya está constituida pero se mantiene en el “limbo”. La misma se constituirá sin que nada cambie en su determinación y en su naturaleza. “Es un real fantasmagórico, latente. Lo posible es idéntico a lo real: sólo le falta la existencia” (Lévy, 1995, 1999: 18). Lo posible, por tanto, en su realización no implica ninguna creación, no produce, ni innova, tampoco implica unas ideas ni unas formas. En conclusión, la diferencia entre lo real y lo posible es puramente lógica””.

Para finalmente el mencionado autor concluir: “Mientras lo posible es estático y ya está constituido, lo virtual son un conjunto de fuerzas que acompañan a un acontecimiento. Para ello requiere un proceso de resolución que se lo aporta lo actual. Lo virtual necesita ser inventado en cada momento, requiere de fuerzas creativas que lo revitalicen. “Por un lado, la entidad lleva y produce sus virtualidades: un acontecimiento, por ejemplo, reorganiza una problemática anterior y puede ser objeto de interpretaciones diversas”. Por otro lado, lo virtual constituye la entidad: “las virtualidades inherentes a un ser, su problemática, el vínculo de tensiones, presiones y proyectos que las animan, así como las cuestiones que las motivan constituyen una parte esencial de su determinación” (Lévy, 1995, 1999: 18)”.

En aras de dejar ya en esta sección del escrito, el tema de las complejidades de lo real y lo virtual, reconociendo que más que el lograr el anhelado esclarecimiento de esta temática, han surgido como producto de lo abstruso del tema, un gran número de cuestionamientos; abordaremos sucintamente lo actual, en articulación con lo virtual, como elemento trascendental en el análisis de esta cuestión.

Hay quienes como Pierre Lévy (1999, 1995), sostienen que ella –la actualización-, es la solución a un problema cuando dice el ser “[…] una solución que no se contenía en el enunciado”. Lo que induce a pensar la actualización como creación, es decir “es la invención de una forma a partir de una configuración dinámica de fuerzas y finalidades. No implica la asignación de una realidad a un posible o la elección entre un conjunto de posibilidades predeterminadas, sino que produce cualidades nuevas, implica la transformación de las ideas, una verdadera conversión que, por contrapartida, alimenta lo virtual. En resumen, mientras lo real se asemeja a lo posible, en cambio, lo actual no se asemeja a lo virtual sino que le responde.” (Silva Echeto).

Lévy, en lo relacionado a la virtualidad, y notoriamente influenciado por el pensamiento de Deleuze, presenta un enfoque novedoso de ella al asignarle y considerarla dinámica, lo que en la perspectiva de lo social está dotada de líneas de fuerzas que generan tensiones, es decir le da matices y carácter performativo :

Son, por tanto, acciones que se producen en la propia emisión. De ahí puede señalarse que “son técnicas performativas, dándole a Austin no ya la verdad de una parte de los enunciados –remitiendo los constativos a su provincia-, sino la verdad como tal del primado de la actividad de enunciación sobre cualquier otro decurso de la experiencia” (Viscardi, 2004a).

Pierre Lévy, por tanto, define a la virtualización “como el movimiento inverso a la actualización” (1995, 1999: 19). La virtualización, por tanto, no implica ninguna desrealización, es decir, ninguna transformación de un conjunto de posibles en realidades, sino que es una “mutación de identidad”, un desplazamiento del “centro de gravedad ontológico del objeto considerado”. En vez de definirse por la solución que le aporta la actualización, se concibe como un campo problemático.

Mientras que la dirección de la actualización va de un problema a una solución, la virtualización pasa de una solución dada a otro problema. Así, “la virtualización hace más fluidas las distinciones instituidas”, incrementa el grado de libertad “y profundiza un motor vacío” (Lévy, 1995, 1999: 20). La virtualidad, de esa forma, no es desrealizante porque no es el paso de una realidad a un conjunto de posibles, sino que implica tanta irreversibilidad en sus efectos e indeterminación en su esfuerzo como la actualización. En resumen, la virtualidad es uno de los principales vectores de la creación de realidad.

(Víctor Silva Echeto)


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