BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

ESTUDIO ETNOHISTÓRICO SOBRE UNA UNIVERSIDAD NEW AGE, SUS PROCESOS DE EDUCACIÓN, SEDUCCIÓN, CONFUSIÓN E INICIACIÓN Y SU RELACIÓN CON EL CONTEXTO

José Luis Montero Badillo



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La historia de Hada

Hada es una joven que llegó a estudiar la Licenciatura en Desarrollo Humano en el mismo año en que éstas se inauguraron. Cuando ella llegó, tenía veintiocho años de edad. La razón de estudiar esta carrera, que para ella era ya la segunda porque antes había estudiado una Ingeniería en Electrónica y Sistemas en la Universidad del Valle de México (UVM), fue que en su trabajo, en donde se desenvolvía de acuerdo a su profesión, su jefe inmediato en una ocasión le hizo un comentario acerca de que tenía un carácter muy duro, que era una persona demasiado fría, según lo cuenta ella misma. A esto, Hada buscó alguna forma de trabajar en ese “otro lado” y pensó en una carrera que tuviera que ver con el área de humanidades.

Un día vio uno de los carteles de propaganda de la universidad en algún lugar de su localidad, que es la ciudad de Nicolás Romero, y pensó que ésa era la opción idónea porque, primero, parecía tratarse justo de lo que ella andaba buscando: desarrollo humano; segundo, porque se trataba de un horario sabatino y ella podría seguir en el mismo trabajo de lunes a viernes; y tercero, porque el plantel se encontraba en un punto intermedio entre su domicilio, en la ciudad de Nicolás Romero, y la casa que sus padres poseen en el pueblo de San Miguel Tecpan, donde ella pasó parte de su infancia. Y mejor aún, ese “punto intermedio” era justamente la zona boscosa de la región, lo cual, para ella y para su familia, representa muchas cosas por ser ellos originarios del lugar desde hace varias generaciones. De hecho, su padre fue desde niño y hasta los veinticinco años, aproximadamente, campesino. Pero Hada cuenta que él, su padre, tuvo que dejar las siembras porque ya no le alcanzaban para vivir y mucho menos para solventar los gastos de su joven familia, conformada por él mismo, nativo de San Miguel Tecpan, su esposa, oriunda de Nicolás Romero, y sus tres hijas, de las cuales la mayor es Hada. Entonces él buscó trabajo en una empresa que se encuentra en el municipio de Tlalnepantla de Baz y su esposa se dedicó al comercio en la misma ciudad de la que es nativa. Así fue como lograron conseguir una situación económica estable que les permitió que las tres hijas cursaran estudios superiores.

Se trata de una familia joven pero tradicional, con mucha cohesión entre sus integrantes. Aunque actualmente las tres hijas están casadas, se reúnen al menos una vez por semana en la casa de sus padres para pasar algún rato juntos. Son católicos y no sólo por costumbre (aunque seguro que eso, la costumbre, tiene que ver por el origen y la misma formación de sus padres), sino por convicción. Asisten regularmente a misa y tienen ideas claras acerca del catolicismo.

Cuando Hada ingresó a la Licenciatura en Desarrollo Humano, el Coordinador Académico, el “doctor” Paco, se le acercó para preguntarle sobre su otra carrera universitaria. La razón era que había algunas materias relacionadas con computación para las que no tenían profesor. La propuesta fue directa y durante dos semestres Hada estuvo estudiando y trabajando, simultáneamente, en la misma universidad y en la misma carrera. Es decir, ella tomaba clases, pero en la materia de computación ella misma era la que les impartía la clase a sus compañeros de grupo.

Por alguna razón que ella no ubica con precisión, este trabajo comenzó a absorberla al grado de que un día estaba tomando una capacitación a la que sólo asistieron los integrantes del sistema religioso. Por ese mismo tiempo, recibió una invitación para asistir a una plática que iba a dar el líder del grupo y aceptó. En esa “plática”, recuerda que junto a ella había otra persona que también asistía por primera vez, y dice que, en algún momento del evento, el líder del grupo se les acercó y primero le dijo a ella, mientras la sujetaba por la barbilla, que le notaba un aura muy luminosa, que la consideraba un ser especial.

En charlas posteriores, Hada no sabía cómo describir esos momentos, porque en ese instante se recuerda “conmovida”, “impactada”, pero considera la posibilidad de que haya sido sugestión. El discurso, de inicio, le sonó bastante bien, tomando en cuenta lo que ella andaba buscando, porque se hablaba de conciencia, de desarrollo espiritual, de fraternidad y de amor. Ella comenzó a involucrarse en el sistema religioso antes de terminar su primer año de estudios. Para entonces, comenzó a tener problemas en su trabajo debido a las frecuentes inasistencias por cumplir con compromisos de la organización. Por un lado, cuenta que se sentía emocionada por ser novicia, es decir, del primer nivel, lo que implicaba que estaba comenzando a dejar todos los “vicios” que poseía (que realmente no eran tales, pero para el sistema religioso sí lo eran, como el de tomar café). Y por otro lado sentía cada día más presión por varias cosas, como la venta obligatoria de galletitas, los lugares adonde la mandaban a dar cursos a empresas particulares y no le daban ni siquiera para viáticos con la excusa de que eran obras que se le estaban tomando en cuenta para que ascendiera al siguiente nivel, al de yami, y además no era necesario que recibiera viáticos, según le decían, porque ella tenía automóvil y podía desplazarse sin problemas.

Por esas mismas fechas le sugirieron que, para que tuviera más tiempo para la organización y menos gastos de traslado, se mudara a vivir con alguna de las otras chicas que rentaban en el poblado próximo a la universidad. La propuesta no le gustó. Simplemente la descartó, quizá por la cohesión familiar, situación en la que, por cierto, estaba comenzando a entrar en problemas porque sus familiares le cuestionaban lo que estaba haciendo, como dejar su trabajo y tener poco tiempo para ellos.

También estaba la situación de que Hada tenía una pareja emocional, un joven que no era del sistema religioso. A esto, algunas personas del mismo sistema la instaron para que, primero, lo invitara a participar en las actividades del grupo y que repitiera esa invitación tres veces. Si no accedía, entonces seguramente se debía a que ese joven “no estaba listo” porque “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”, decía “el Cordero de Dios”, y lo adecuado sería que se separara de él porque, de lo contrario, le impediría desarrollar su espiritualidad.

También sucedió que, en dos ocasiones, le pidieron su título universitario, el de la UVM, “porque la organización lo requería”, le decían, a lo que ella contestó, la segunda ocasión, que le preocupaba que se hiciera mal uso de éste y ella fuera la perjudicada. A esto, el “doctor” Paquito, que era quien solía pedírselo, se ofendió y no se lo volvió a pedir.

En conversación personal, describe uno de los momentos que a ella le parecieron más emotivos. Se trató de la ceremonia especial con motivo del hallazgo del bastón por parte del “Cordero de Dios”. Aspecto que podríamos llamar, en términos científicos, “el misterio”, según el triángulo del adoctrinamiento de Hochman. En ese evento, Hada cuenta que ella fue una de las varias personas que estallaron en llanto al ser tocadas por el báculo en manos del “Cordero”. Es decir, “el milagro”, según Hochman. Pero actualmente ella misma no alcanza a entender qué fue lo que la llevó a esa reacción.

Otro momento que recuerda con emoción y desconcierto a la vez, fue cuando, después de una ceremonia también presidida por el gurú, éste le dijo que la esperara un momento porque quería hablarle a solas. Cuando el resto de las personas se retiraron del recinto que en esa ocasión fue el Paraninfo, el maestre le contó, entre otras cosas, acerca de una herida que tiene en el cuello, una cicatriz que, según él, está a escasamente un milímetro de la yugular. Esta cicatriz era, según le dijo, la prueba de que él era “el Cordero de Dios” al que el demonio quiso decapitar, según le dijo que dice en La Biblia. “El milagro” y “el misterio”. En ese momento ella quedó simplemente “pasmada”. Una vez llegando a su casa, se puso a buscar en la misma Biblia, pero nunca logró dar con ese pasaje. La siguiente ocasión en la que Hada se encontró con “el Cordero”, cuenta que ella le preguntó con candidez en dónde exactamente decía lo que le había contado del diablo decapitando al cordero, porque no lo encontraba. La respuesta del gurú fue tajante, dice ella: “¡es que no tienes que revisar La Biblia, me tienes que creer a mí!”. “La autoridad”, según Hochman.

Para entonces, casi después de un año, cuenta que había notado muchas incongruencias por parte de los que, supuestamente, tenían los grados espirituales más elevados, que hablaban de humildad y desapego, pero que notaba la vida que se daban y no era la misma que proclamaban.

Pero la “gota que derramó el vaso” en el caso de Hada, fue en el plano de las relaciones personales. Cuenta que notaba la poca importancia que le dan a la mujer dentro de la organización y lo peor era que, a su percepción, había una especie de “rotación de parejas” porque “veía cómo cambiaban de pareja a cada rato”.

Dice, también, que ella no se involucraba en eso porque estaba su educación, su misma formación de por medio y, además, ella seguía con su relación sentimental antes descripta. Sin embargo, en una ocasión una de sus compañeras del grupo religioso le comentó que, si alguna vez el gran maestre le decía que quería estar con ella, debía sentirse orgullosa porque se trataba de un ser espiritual superior. “El milagro” y “la autoridad”. Éstas fueron las últimas palabras que ella escuchó mientras estuvo involucrada en el sistema religioso. Después de esta plática, se fue.

Terminó la Licenciatura en Desarrollo Humano y entró a trabajar a una empresa paraestatal y tiene una posición económica cómoda. Dice que se siente afortunada de haber formado parte de ese grupo religioso, pero más afortunada aún de haberse salido de él. Abandonó por completo cualquier práctica novoerista que en algún momento llegó a realizar y sigue siendo una católica convencida.

Pero entre las tantas preguntas que nos podríamos hacer con base en esta historia, ¿qué fue lo que, en su caso, no funcionó: la formación tradicional, la cohesión familiar, la convicción católica, la posición económica o todo y nada a la vez? Es decir, ¿qué factores fueron los que entraron en colisión y que no permitieron la adscripción identitaria con el grupo?


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