BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

POLÍTICAS MACROECONÓMICAS DE ESTABILIZACIÓN Y SU INCIDENCIA EN EL BIENESTAR ECONÓMICO Y SOCIAL EN MÉXICO (1983 – 2005)

Alfredo Mora Heredia



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1.3. La política macroeconómica circunscrita al paradigma basado en conceptos neoliberales por sexenios (1982 – 2006)

1.3.1. El sexenio de la transición, (1983 – 1988)

El período (1983 – 1987) puede comprenderse como una etapa de ruptura entre dos diferentes estrategias de desarrollo. La transición del modelo de industrialización por sustitución de importaciones (MISI), hacia el surgimiento del modelo secundario exportador en su variante neoliberal.

A fines de la década de los sesentas el MISI, comienza a tener crecientes limitaciones, se vislumbra el agotamiento de la estrategia económica y la urgente necesidad de darle un viraje al modelo de desarrollo y con ello seguir generando la senda del crecimiento y desarrollo económico bajo el sustento del esquema económico vigente. Se comenten imprudencias en el manejo de la política económica bajo la administración de José López Portillo (Mirón y Pérez, 1988), girando toda la estrategia económica en torno al petróleo. No se adoptan medidas para solucionar los problemas estructurales y menos la consecución de los objetivos de producir internamente los bienes intermedios y de capital necesarios para continuar con la industrialización de la economía mexicana.

La administración en turno, para sufragar la extracción del hidrocarburo solicita cuantiosos préstamos financieros al exterior. Con el trascurrir del tiempo la deuda externa tiende a crecer y los ingresos para saldarla disminuyen. Aunado al incremento de la tasa de interés en 1980 en Estados Unidos y la disminución de los precios de las materias primas, siendo una de ellas el petróleo. Conduciendo a un inminente declive económico en México, acontece en 1982 con la crisis de deuda. Con este suceso adverso en la economía mexicana, sin recursos financieros y sin avales externos, el gobierno decide firmar otra carta de intención de pago con los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial). Ello Implica seguir ciertos lineamientos (políticas de cambio estructural y políticas macroeconómicas restrictivas) para obtener recursos financieros frescos y poder reestructurar el pago de la deuda externa (Guillen, Correa y Vidal, 1989).

Miguel de la Madrid Hurtado, en 1982, recibe un país con inestabilidad económica y en recesión. Tendrá la responsabilidad de estabilizar la economía y en la medida de lo posible facilitar y crear las condiciones para la inserción del nuevo modelo de desarrollo económico en México; el cual, ya había sido asumido en otras economías latinoamericanas (Emmerich, 1991).

Esta transición en su primera etapa comienza en septiembre de 1982 con la aplicación de políticas macroeconómicas regresivas, las cuales desde la visión de la nueva élite gobernante, llevarían a la estabilización de la economía mexicana. Con una política fiscal regresiva se buscó el saneamiento fiscal tanto del gasto como del ingreso. En lo concerniente al gasto, se reducen subsidios, disminuye la inversión pública y el gasto social. Por el lado de los ingresos, se introduce una reforma fiscal basada en la reducción de las tasas impositivas, la ampliación de la base tributaria y la simplificación y modernización administrativa.

Con la política monetaria restrictiva, la intención es disminuir el circulante monetario en la economía mexicana para limitar el incremento sostenido de los precios. El propósito no se cumple debido a los problemas de inflación inercial (Jarque y Téllez, 1993). El incremento sostenido de precios no solamente es un problema monetario y coyuntural. En economías como la mexicana el problema es más de índole estructural. El fracaso se puede identificar en el cuadro (2). Mientras se aplicó una política macroeconómica totalmente ortodoxa, no se observó una estabilización en los precios. Fue hasta 1988 cuando se complementa la estrategia con políticas macroeconómicas de corte heterodoxo que tendrán funcionalidad en lo macroeconómico pero con efectos negativos en lo microeconómico.

Resumiendo, el programa inmediato de reordenación económica (PIRE), es el primer programa confeccionado para la ordenación de la economía; el cual tiene vigencia hasta 1984. Este programa consistió en la aplicación de política fiscal y monetaria restrictivas. En la imposición de controles salariales, ajuste a los precios de los productos elaborados por el Estado, incremento de las tasas de interés y el manejo de un tipo de cambio flexible para incentivar las exportaciones y reducir el déficit externo (cuadro 3). Tiene vigencia hasta 1987. El programa no tiene éxito, no se consigue estabilizar la economía. Es remplazado por el programa extendido de reordenación económica (PERE), es vigente hasta 1986. No sucedió lo pronosticado y la inflación continua su “carrera galopante” (cuadro 2), mientras el crecimiento económico se estanca (cuadro 7), arrastrando a miles de personas a engrosar las filas del desempleo. Otros hechos adversos vinieron a romper esos grandes augurios de los tecnócratas, en 1985 acontece un gran sismo en el país y en 1986 emerge el tercer choque petrolero internacional. A raíz de la caída de los precios del petróleo en 1986 y siendo la economía mexicana muy dependiente de los recursos monetarios obtenidos por sus ventas, induce a estancar aun más la economía (Basañez, 1991).

Ante este acontecimiento se impone un nuevo programa estabilizador, el Programa de Aliento y Crecimiento (PAC). En este programa las políticas macroeconómicas serán más draconianas: mayor control del gasto público, un mayor control del proceso inflacionario, reducción de la dependencia de la economía del petróleo y estabilización del tipo de cambio y, nuevamente, con ello fortalecer las exportaciones. El programa sólo tiene una corta duración debido a los escasos resultados y siendo vigente hasta el crack de la bolsa mexicana de valores, acontecido en 1987 (Garrido, Leriche y otros 1991).

Con la caída de la Bolsa de Valores, se da un receso , y se dejan de aplicar los programas de ajuste ortodoxo draconianos. Donde los fines últimos siempre tuvieron una directriz, suscitar la estabilización de la economía y la obtención de recursos económicos para seguir pagando la deuda externa (Véase cuadro 4). Uno de los compromisos establecidos por el gobierno mexicano con los organismos financieros internacionales, es el pago de la deuda externa respondiendo, siempre, a los intereses económicos internacionales.

A pesar de las políticas macroeconómicas de estabilización severas, la deuda externa no dejo de incrementarse, por ejemplo en 1987 ya representaba el 86% con respecto al Producto Interno Bruto (cuadro 4).

El programa ortodoxo fracasa y los objetivos deseados como el de abatir el proceso sostenido del incremento de los precios y disminuir el déficit del sector público no se logran (cuadro 5).

Ante esta situación, en diciembre de 1987, a un año del término del sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, el gobierno cambia de estrategia y deja de aplicar el programa de estabilización ortodoxo e inicia uno de características heterodoxas (cf., Infra: 30 – 31), el cual será llamado, Pacto de Solidaridad Económica (P.S.E).

También en este sexenio inicia el cambio estructural de la economía, comienza la desincorporación de empresas del Estado (Vidal 2001). De 1982 a 1985 son desligadas del gobierno 1,155 empresas. Mientras en agosto de 1988 se deshace de 446 empresas.

1987 es clave, porque se termina la transición y comienza a fenecer el sexenio de la modernización y el cambio, con grandes rezagos económicos y sociales. Para dar comienzo, en 1988, a una nueva estrategia de desarrollo y crecimiento como respuesta a la crisis de la industrialización por sustitución de las importaciones. Comienza formalmente la estrategia de desarrollo enfocado en un modelo económico secundario exportador en su variante neoliberal. El cual culminará su implantación total durante el sexenio presidido por Carlos Salinas de Gortarí.

El sexenio de la transición finaliza con costos sociales considerables. Por ejemplo, el PIB por persona en el periodo alcanza límites de -2.05% promedio anual (cuadro 7). Mientras la distribución de la riqueza se vuelve más inequitativa (véase cuadro 8).


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