BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DIVERSIDAD CULTURAL Y GÉNERO

Rocío Rosas Vargas y Martha Ríos Manríquez




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“Proyectos productivos de mujeres en el municipio de Opichén, Yucatán”

M.A. Silvia Gpe. Ceballos López

clopez@uady.mx

Lic. Luis del Jesús Franco Pérez

lfranco67@hotmail.com

Lic. Ana Elena Duran Lizama

anaduli13@hotmail.com

Instituto Tecnológico de Mérida

Resumen

La participación de la mujer como ente activo en la economía de México, es innegable. Su incorporación como gestora, administradora y responsable de negocios a dado origen a dos factores de importancia: el primero, la valoración como creadora de empresa propia por medio de la cual busca la obtención de una ganancia económica con la que realiza aportaciones en la economía familiar; por otra parte, la revaloración como ser activo en la sociedad, con identidad, consciente de sus responsabilidades y decisiones pero muchas veces desconocedora de sus derechos.

En México, existen programas de desarrollo social que apoyan a las mujeres rurales para la instalación de pequeñas empresas de autoempleo a través de las cuales, con la venta de productos, puedan lograr pequeños ingresos económicos que se reflejen en el bienestar familiar, propiciando así una mejora en la calidad de vida. Es por tal motivo, la importancia de conocer el proceso de venta de estos proyectos, cuáles son sus características, quien forma su mercado, que estrategias considera en su formación y cuáles son las barreras a las que se enfrenta para poder, después del análisis, hacer aportaciones que puedan ayudar a la mejora de este tipo de negocios.

Palabras clave: zonas marginadas, mujeres rurales, proyectos productivos, proceso de venta de productos.

Introducción

El difícil trabajo que ha tenido la mujer para ser valorada como ente social con los mismos derechos que de los hombres ha sido parte de una lucha constante, la cual ha dado frutos en diferentes áreas de la sociedad y en diversas zonas geográficas del país, también en empresas e instituciones con actitud contraria, lo que deja ver que no se ha avanzado mucho; pues todavía existen en el México actual áreas o grupos donde la mujer todavía sigue apareciendo en muchos contextos por debajo del hombre o no es considerada simplemente.

La participación de la mujer en la economía de México, se origina por diversas razones siendo las principales: el bajo salario percibido por la pareja o por la ausencia del mismo en el plano familiar, las fuertes crisis económicas que durante años ha formado parte de la historia económica del país, lo que ha representado un esfuerzo mayor para logar su presencia en los diversos sectores en donde la mujer ha sido participe tal y como puede observarse en puestos de elección popular, en el sector docente e investigación, entre otros.

Definitivamente la mujer forma parte del desarrollo de México y ha sido parte de la realidad que hoy toca vivir., tal y como afirma García (2008: 6) “Todas las mujeres sin distinción económica, social, de edad o etnia, aportan importantes ingresos, experiencia, tiempo, perseverancia y trabajo en bienestar de las familias y el país”

Por lo que se puede decir que la participación de la mujer en la actividad económica, ha alcanzado una significativa relevancia, principalmente en su desempeño como agente productivo y generador del ingreso familiar.

El medio rural y la presencia de la mujer.

La población en las ciudades capitales se puede decir que pueden tener mejores oportunidades de tener un empleo, un negocio y en consecuencia un ingreso en mayor medida si se encuentran preparados. Desafortunadamente la población en México no sólo vive en la ciudad.

En este sentido el Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI] (2002: 12) comenta:

La población que reside en las áreas rurales del país presenta menores niveles de desarrollo y de bienestar; forma uno de los principales grupos marginados, no sólo por vivir en localidades dispersas en el territorio, lo que les dificulta contar con infraestructura de servicios y de comunicación, sino por su estrecha relación con las actividades agropecuarias, que constituyen todavía su principal sustento económico.

La población que reside en las áreas rurales del país presenta menores niveles de desarrollo y de bienestar; forma uno de los principales grupos marginados, no sólo por vivir en localidades dispersas en el territorio, lo que les dificulta contar con infraestructura de servicios y de comunicación, sino por su estrecha relación con las actividades agropecuarias, que constituyen todavía su principal sustento económico.

En el medio rural, es cada vez más creciente la población femenina que colabora en trabajos remunerados fuera del hogar y emprende proyectos rentables, participando con ello en el sector económico y en consecuencia en el desempeño familiar.

También a la mujer rural, se le puede considerar parte un grupo socialmente vulnerable que vive en situaciones de precariedad en materia de recursos productivos, acceso a la tierra y empleos agropecuarios y no agropecuarios, así como de oportunidades para desarrollarse, servicios educativos limitados y deficiente atención a la salud, que dificultan su incorporación con equidad a la sociedad, como comunidad, hogares y personas.

La mujer aun en el campo ha participado en la economía de sus unidades domésticas ha jugado un papel importante y primordial en las diferentes etapas del ciclo de su vida familiar, mismas que están determinadas por las características estructurales por las que atraviesan y que influyen de manera directa en su comportamiento social y económico (Lugo y Tzuc, 2003).

Algunas de estas mujeres se incorporan a la actividad económica emprendiendo pequeñas empresas de autoempleo, el cual según Valdés (en Paniagua, 2002) lo define como: “aquel que desarrolla personalmente una actividad económica lucrativa de forma habitual, por cuenta propia, con independencia y sin percibir contraprestación alguna de naturaleza salarial” (8).

Existen diversos programas de desarrollo social en los cuales las mujeres son beneficiarias de apoyos económicos de Secretarias Federales o Estatales con la finalidad de crear micro-empresas de autoempleo por medio de los cuales se fomenta la creación de empresarias con un mínimo de conocimientos administrativos y logren, en la permanencia de sus proyectos, la realización de aportaciones económicas que originen una mejora familiar y comunitaria.

Los proyectos productivos a los cuales estas mujeres rurales se dedican tienen como finalidad el satisfacer la necesidad de un mercado local por lo general y raramente sus productos trascienden a otras comunidades de su rededor u otras ciudades del estado.

El proceso de venta de sus productos es entonces, el medio por el cual estas mujeres tienen la oportunidad de obtener un ingreso para la satisfacción personal y familiar. Se puede decir, que este proceso cumple con dos funciones: el primero, forma parte como último eslabón en la parte de planeación y administración del programa social: asigna apoyos económicos- promueve la creación de empresa, verifica la fabricación de productos y por ende, la obtención de utilidades. El otro punto y no menos importante, es el reforzamiento que se da a mujeres como emprendedoras de un negocio, que les lleva a realizarse como personas en un medio muchas veces hostil o simplemente donde nunca ha sido considerada, un proceso en el que la autoestima, la revaloración empieza en ellas mismas y busca, a través del mismo, la igualdad de género, dando a la mujer un espacio en su propia comunidad y participe a la vez de la actividad económica.

Con base en lo anterior se plantea como objetivo de esta investigación estudiar el proceso de venta de los proyectos productivos de estas mujeres rurales, conocer quiénes forman su mercado, que estrategias de negocio utilizan, conocer los beneficios que obtienen y enlistar las barreras a las que se enfrentan.

Justificación

Ante la necesidad de fomentar los procesos autogestivos de índole comunitario, especialmente en el medio rural y en particular en el caso de proyectos de mujeres, existe la necesidad de analizar sus procesos de comercialización de producto con la finalidad de reforzar todo el ciclo del proceso productivo a fin de que éstos sirvan de ejemplo o guía.

Es necesario recoger sus experiencias, ya que a través de ellas se pueden analizar los obstáculos y dificultades encontrados en su camino. No se puede pasar por alto los factores culturales del estado y de género vinculados con sus experiencias de éxito y de fracaso, ya que si bien la sociedad está en proceso de cambio permitiendo la participación de las mujeres en el sector productivo, aun son diferentes sus percepciones y las implicaciones que éstas tienen al participar en una actividad económica.


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