BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

PROCESOS INTERCULTURALES

Víctor Ortiz y otros




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La voz de los jóvenes: breves relatos autobiográficos…

Como hice en mi Memoria, me encantaría abrir ahora un extenso momento para escuchar la voz de los jóvenes internos, que nos hablan a través de breves relatos autobiográficos que dan cuenta de las vidas que han llevado y de la manera en que se miran a sí mismos. Lamentablemente, tendré que limitarme por cuestiones de tiempo y espacio; así que sólo viene conmigo uno de los chicos, con uno de sus relatos, titulado: “La vida de un golfo”. Él mismo escribió otro texto igualmente largo y profundo, al que llamó: “El regreso a las rejas”.

La intención de mostrarlos es que, mediante sus escritos, podamos conocer a estos chavos en un importante nivel de profundidad e intimidad, en tanto que reflejan su realidad subjetiva y las (auto)definiciones respecto a su situación de vida; de ahí que quien esto lea/escuche se sentirá aludido en mayor o menor grado, al iniciarse en un nuevo, dinámico y dialéctico modo de pensar las conductas humanas y la delincuencia juvenil.

Retomo las expresiones y reflexiones autobiográficas porque permiten evocar las vivencias, para compartirlas y resignificarlas; porque tener la posibilidad de plasmar su discurso testimonial de una manera escrita (que hace relación al transcurso de una vida, sirviéndose de los recuerdos más significativos), ayuda a reacomodar cosas y propicia una re–volución, una re–vuelta: retirarse a la profundidad de la vida y volverse sobre sí mismo para encontrarse consigo, para ver–se desde otro lugar, para encontrar sentidos a lo que se ha vivido, para darle un valor distinto a la vida, a la luz de las vivencias que pueden ser (re)interpretadas cada vez que se evocan. Le aposté a la escritura autobiográfica porque creo que responde a una necesidad por explicar–se, comprender–se y justificar–se ante sí y ante los otros (generalmente sus seres queridos), dejando testimonio de sí, de su verdad, del sentido y significado de su vida mediante la apropiación de lo vivido... No olvido que estas reflexiones son narraciones sinceras que establecen un pacto, un contrato, que permitieron el alivio de una tensión, el afianzamiento personal, llenar la propia vida, un encuentro terapéutico, seguridad en torno a la reinserción social, deseo de ayudar–se; y, tal vez ello, por sí mismo, incluya compensaciones emocionales y la satisfacción interior obtenida de la reflexión sobre uno mismo. Sobra decir que no aspiro a intentar comprender la totalidad de sus vidas, ya que ni siquiera son autobiografías ni historias de vida... son, simplemente, breves relatos autobiográficos... pero sí aspiro a acercarme a un momento particular y profundamente significativo de estas vidas, a partir de lo que sus protagonistas dicen.

Escuchemos, pues...

"La vida de un golfo"

Todo empezó un día al terminar el verano 14-9-84 cuando yo nací. Y era feliz, pero yo no tenía consciencia de lo que pasaba en mi familia y ante todo mis padres. Total, fueron pasando los días y los meses, y mi madre para que yo no llorara me metía cocaína en el chupete, pues yo había nacido con síndrome de abstinencia. Pues mi padre no sabía que yo estaba mal, hasta que pilló infraganti a mi madre. Yo estaba llorando y mi madre y padre estaban picándose por las venas la supuesta droga y mi padre mandó a mi madre y le dijo el niño está llorando, vas y lo duermes; y mi madre fue, cogió el chupete y lo mojó en droga y me lo puso en la boca; mi padre, sorprendido, le dijo a mi madre cómo que ya se ha callado y dormido tan pronto; mi madre le dijo que se me cayó el chupete, mi padre fue corriendo y me lo quitó, lo chupó y le pegó a mi madre, la sacó por el balcón y casi la tira, pero mi madre siguió dándome droga. Pasaron unos meses y mi padre entró en la cárcel por robo de joyería y estancos. La policía hizo un registro en casa y no encontraron las joyas, soltaron a mi padre y cogió unas cuantas del bombo de la lámpara del comedor y mi madre lo vio, horas después otro registro y vinieron y las cogieron. Mi madre se lo dijo a la policía, mi padre fue a la cárcel por robo continuado y le cayó 12 años y mi madre con mi hermana pequeña se fueron a un centro antidrogas, y yo y mi hermana mayor nos dejaron en casa de mis abuelos de parte de mi padre. Yo estaba medio enfermo y mi hermana medio ciega. Bueno, los días pasaron y yo empecé a preguntar y a tener consciencia de lo que pasó. Yo vivía con mis abuelos, mis dos tías y dos tíos, mi primo hermano y mi hermana. Mi hermana empezó a estar mejor pero yo tuve más problemas pues empezaba la escuela, los meses pasan y los años, los niños me decían que les contaba su familia de la nuestra y yo me emparanoiaba y en casa de mis abuelos preguntaba y me contaban lo que pasaba y yo con 7 años ya sabía que mi padre estaba preso y mi madre estaba en Asturias con mi otra hermana.

A mí me apuntaron a un psicólogo para enseñarme a leer y escribir, pues yo todavía no sabía y tenía 7 años. En el colegio no hacía nada y siempre me peleaba con los demás, porque siempre me decían cosas de mi familia. Yo empecé a visitar a mi padre a la cárcel con mi abuela y yo empecé a ver a mi padre como alguien fuerte, listo y el más malo. Yo fui siguiendo sus pasos, pues inconscientemente me pasaría lo mismo que a él. Fueron pasando los años y yo tenía 14 años, tenía a mis abuelos, mis tíos y tías, mi hermana y mi primo. Yo me empecé a juntar con los niños más malos y mis primos por parte de mi madre, que eran mayores que yo. Empezamos a fumar porros y a robar, empecé a meterme en rollos y peleas muy graves. Por desgracia, empecé a conocer a la policía y cibieces del pueblo, nos pegaban y nos molestaban siempre. Un día de verano yo estaba en el castillo de mi pueblo, eran las 6:30 por la tarde y vi a un señor esconder un paquete marrón y luego se fue, yo nervioso fui en busca de mi primo y se lo conté, fuimos muy rápido y él se metió en la alcantarilla y lo encontró; yo creyéndome que era chocolate, pero cuando lo abrimos vimos que era cocaína y empezamos a consumir. Vimos que podíamos venderla, se lo dijimos a su madre, su madre que es hermana de mi madre, nos dijo que era heroína y que no era cocaína. Nos dimos un susto mi primo y yo, pues llevábamos cerca de dos meses consumiendo heroína, nosotros fuimos a comprar cocaína de verdad para consumirla y a mí no me gustaba y me ponía muy malo, devolviendo y con fiebre, pero consumía heroína y se me quitaba. La heroína que nos encontramos mi tía la vendió y nosotros nos gastamos mucho dinero y consumiendo más heroína que nunca. Fueron pasando los años y cumplí 18, yo ya estaba hecho un hombre y el pueblo donde vivía todos me respetaban, los amigos de mi padre veían reflejado en mí a mi padre; era malo, vendía drogas y siempre robando estancos y tiendas, y la gente no pensaba en nada bueno, siempre estaba haciendo el mal. Ese mismo año conocí a mi madre, estaba aquí en el pueblo. Y estaba buscándome, yo en cuanto que me lo dijeron fui a comprobarlo, iba con un amigo subiendo hacia la casa de mis abuelos, ella y mi hermana pequeña bajaban, ella toda decidida, bueno, fue y abrazó a mi amigo como si fuera yo. Yo me quedé sorprendido y le dije a quién abrazas y ella me dijo perdón, me he confundido y me abrazó fuerte y yo no la abracé, pero sí abracé a mi hermana y le decía si se quedaría conmigo y mis abuelos; me dijo que no, estaba extrañada, pero yo estaba dispuesto a que se quedara. Bueno, yo llamé a mi hermana mayor y fuimos a comer a una pizzería, mi madre sorprendida fue a pagar y yo ya había pagado todo y me vio en la mano un fajo de doscientas mil pesetas y se quedó en blanco. Bueno, rato después fuimos a una sala de billares y estuvimos toda la tarde, cuando fue a pagar yo otra vez pagué y me preguntó de dónde sacas tanto dinero y por favor la dejara pagar algo, yo le contesté que mi padre me había puesto una pescadería y era lo que ganaba, ella me dijo que cómo estaba y yo le dije que bien y que no tenía que nombrarlo pues mi padre es lo que más quiero y por su culpa él estaba preso y estaba saliendo de permiso. Bueno, mi hermana mayor me decía que la perdonara y yo le decía que no, que por su culpa yo he pasado mal y no he sabido lo que es una familia. Rato después nos despedimos y yo le di a mi hermana pequeña 30 mil pesetas para ella y que no le diera nada a mamá. Quedamos para mañana vernos pero yo estuve toda la noche consumiendo heroína y maldiciéndola, cuando llegó el momento de vernos yo no me presente, pero mi hermana mayor si fue, cuando llegó a casa después de verla me dijo que se iba con ella y yo le dije puta cómo que te vas, con todo lo que ha hecho a papá, se lo conté a mis tías y abuelos y no la dejaron irse, menos mal. Años después de eso vino mi hermana pequeña y estuvo una semana con nosotros y estuvo bien y nos contó todo lo que mi madre le contó y nosotros también. Regresó mi hermana a Asturias y yo y mi hermana mayor nos quedamos, nunca volvimos a ver a mi madre ni saber nada de ella. Yo ya andaba sobre los 21 y tenía mi novia y ella me enseñó a vivir y a soñar, empecé a quitarme de las drogas pero como no lo conseguí, me dejó a los 7 meses. Días después fui y empeñé 400 gramos de oro, todo de los regalos que le hice y algunos anillos míos, con ese dinero fui a Marruecos a comprar droga y para venderla yo más cara en el pueblo.

Pues me iba bien y yo quería que ella estuviera conmigo, pero no quería estar porque consumía heroína y no pudo cambiarme. En uno de los viajes a por droga a Marruecos nos cogieron a dos colegas y a mí con 15 kilos de chocolate, pero el marrón me lo comí yo por ser reincidente y me pegué 3 meses preso en la cárcel de Ceuta, y al mes de salir me cogieron con dos kilos y aquí me veo preso cautivo de mis errores, esclavizado por el vicio que ni de día ni de noche puedo estar tranquilo. Lo siento por mí, pero yo salí bajo el Proyecto Hombre y me dieron una oportunidad. Yo tenía ya 22, conocí a una chica que yo ya había estado con ella hace muchos años, con 16 ó 14 y me lo recordó y empecé a tenerle cariño y ella a mí, estábamos bien y ella quería quitarme de vender pero yo no quería, yo no consumía pero tomaba metadona. Me peleé con ella y recaí en la droga, volvía a pelearme y volví a caer. El Proyecto Hombre me avisó, pero yo no hice caso y lo hice a cosa hecha para cumplir mi condena, qué tonto que fui. Me pusieron en busca y captura por no hacer caso a la dictadura del juez y volver a consumir drogas, me metieron en Albolote y unos meses agobiado pero ahora mi mujer me quiere, estoy bien, más bien que nunca y contento, yo no sabía que estar aquí supondría que mi felicidad y la de mi familia estuvieran mejor que nunca. Todo es muy raro, pero de todo tiene que haber, pues voy a cumplir 24 años y no sé qué hacer. Mi vida es una noria pues no quiero más vueltas, que las vueltas marean y mi vida está inquieta. Todos los días pienso en mi salida y no quiero salir porque cuando salga no sé si mi familia volverá a sufrir. Espero que todos me quieran como ahora yo los quiero, pues mi vida ha cambiado y sobretodo mis pensamientos. Falta mucho por escribir, pero todavía no lo he vivido, espero durar hasta conseguir escribir un libro. Gracias Dulce por dejar que me desahogara.

La vida de un Golfo, FJPM, 2008.

El cierre: resonancia y valoración...

Para evaluar la resonancia del Taller de Vida, pedí a los jóvenes que escribieran un comentario general donde expresaran su opinión respecto a las actividades realizadas, así como la utilidad que le encontraban para su vida cotidiana (dentro de prisión), pero también de cara a su vida en externamiento.

Las evaluaciones son positivas, en tanto que los jóvenes mismos pudieron mirar en retrospectiva y darse cuenta de que fueron ganando confianza entre ellos, lo que les permitió expresar vivencias y emociones dolorosas, que encontraron cierto efecto catártico y elaborativo al compartirlas con los compañeros.

Uno de ellos escribió, agradeciendo “por haber logrado al final un grupo sólido, donde los chavales pudieron abrir su corazón, y hablaron y opinaron de algunos temas con toda naturalidad, y sin tener que sentirse presionado o maltratado, por algunos comentarios suyos o de los compañeros (...) los chavales hemos podido sentirnos valorados por alguien aquí dentro, y ante todo escuchados porque nadie aquí se preocupa por los problemas de los demás, mientras que ella se ha preocupado por nosotros y nuestros problemas, también nos ha enseñado a preocuparnos por las demás personas y ayudarlas, y que también nos pongamos de vez en cuando en el lugar del que tiene el problema. Yo en especial he aprendido muchas cosas, también he podido hablar de cosas que llevo dentro de mí, y que en verdad necesitaba contárselas a alguien, para poder desahogarme, ya que son cosas de la infancia y todavía siendo mayor no he podido encontrar respuesta pero ahora me siento mejor conmigo mismo, ya que he tenido la oportunidad de poder contarle a alguien mi problema, sin tener que sentir vergüenza por haber llevado y tenido la vida que tengo”.

Por mi parte, puedo valorar la experiencia y su resonancia, en cinco órdenes:

ﻖ Esta experiencia me posibilitó un acercamiento a la cultura penitenciaria española, con un alto sentido de compromiso, entrega y corresponsabilidad, que le inyectaron vida a mi propia vida y le confieren un sentido muy especial, con ánimo de generar cambios en mi país y continuar el andar para mejorar nuestro mundo.

ﻖ Tuve la oportunidad de vivir momentos gratos y armónicos que acrecentaban el deleite de la psicología social aplicada; pero también agradezco los momentos difíciles y complicados, no gratos, poco armónicos, de confrontación y disparidad, porque me permitieron ampliar la perspectiva y el panorama, porque aprendí a tomar decisiones en condiciones adversas y bajo presión, mirando las cosas desde diversas aristas para aumentar la comprensión de la totalidad y, desde ahí, actuar.

ﻖ Aprendí que es imprescindible negociar con sentido de potenciación y hoy puedo decir, respecto a mi propio ejercicio profesional, desplegado en cada espacio y aprovechando cualquier intersticio posible, que en los dos espacios grupales me fue posible poner en práctica esta propuesta que, al ser mía, me atraviesa y me constituye; y, creo que al transpirarla, logré transmitirla.

ﻖ Experimenté la importancia del trabajo colectivo, de la articulación y unión de esfuerzos de los equipos técnicos, que ayuda a conformar una red de multiplicadores (de ideas, conceptos, abordajes, intervenciones, propuestas, alternativas) que permite crear, construir, proponer, hacer, sentir, vivir, ser.

ﻖ La aplicación de herramientas metodológicas acordes a mis adherencias teóricas supuso la posibilidad de realizar un trabajo profesional profundamente ético que coloca la mirada central en el sujeto y recupera la riqueza del trabajo grupal, cuyo objeto es la intersubjetividad, ese magma de símbolos, sentidos y significados que se construyen en los encuentros de los sujetos, que en su interacción se produce un entrelazamiento de sentimientos, pensamientos y acciones; equivale al lazo social, al vínculo que entrelaza y entreteje pensamientos, sentimientos, afectos, emociones, intereses, intenciones, identificaciones, necesidades, acciones, interrelaciones... y sólo puede comprenderse si se le mira desde su lógica interna, a partir de los esquemas con que los miran quienes los producen. En el caso que me ocupa, la cultura penitenciaria, es difícil acceder a muchos significados porque existen códigos particulares (de los internos, de los funcionarios, del personal directivo, técnico y administrativo) determinados por la posición que ocupan dentro de la institución, pero aún así es posible decodificar estos discursos que se entrelazan y se entretejen continuamente, pero es más complicado, por aquello de las culturas generales y las microculturas particulares (eso sin considerar las diferencias culturales entre mi México y España, claro está). Lo cierto es que nunca alguien podrá comprenderlo del todo, ni siquiera si se sumerge en esta cultura como un infractor más; pero ello no impide que podamos comprender lo necesario para irrumpir en ese mundo e intentar romper la circularidad, develando lo que porta el joven interno, su familia, su comunidad y sociedad. Lo que yo intenté fue crear las condiciones para que los sujetos expresaran, por escrito o verbalmente, una serie de valoraciones, relatos y significaciones en relación a sus experiencias de vida, vinculadas a sucesos que los condujeron a prisión.


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