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OCIO Y VIAJES EN LA HISTORIA: ANTIGÜEDAD Y MEDIOEVO

Mauro Beltrami




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Peregrinaciones religiosas

Existieron lugares que fueron destino común de grandes desplazamientos religiosos, los cuales han sido frecuentemente estudiados por los historiadores, como Delfos, Corinto, Nemea, Atenas, Delos, Dodona, Olimpia, Epidauro o Eleusis. La mayor parte de estos centros se transformaban en determinadas fechas en el verdadero centro del mundo helénico, pues eran relativamente numerosos los contingentes de individuos que arribaban hacia ellos. Había peregrinaciones que tradicionalmente llevaban a cabo determinadas ciudades, en señal de agradecimiento o solicitud a un dios. Por ejemplo, los atenienses acostumbraban cada año enviar en peregrinación una nave que se dirigía hacia Delos, como agradecimiento a Apolo. La tradición sostenía que se trataba de la nave que Teseo había conducido a Creta, en donde transportaba siete muchachos y siete doncellas. Los atenienses prometieron a Apolo que si lograban escapar, harían cada año una peregrinación hasta allí. “Según dicen los atenienses, se trata de la nave en la que Teseo condujo a Creta a siete muchachos y siete doncellas. Les salvó y se salvó a sí mismo. Se dice que los atenienses prometieron a Apolo que, si lograban escapar a la muerte, cada año harían una peregrinación a Delos. Desde entonces, y todavía hoy, se la ofrecen al dios”.

Las peregrinaciones religiosas de determinados grupos sociales, se encontraban unidas a consultas de tipo político, legislativo, etc. realizadas a los oráculos. “Los hombres se habían acostumbrado a interrogar siempre a los dioses, aun con respecto a sus asuntos puramente mundanos”. Incluso, en hechos como el emplazamiento de una ciudad, debía realizarse un viaje, pues los griegos acostumbraban que para estos casos debía consultarse al oráculo de Delfos. Sin embargo, en la población humilde se manifestaba una devoción más profunda, que se relacionaba con las condiciones de vida a las que se hallaba sometida en lo inmediato.

Obviamente, los peregrinos escogían preferentemente los caminos que resultaban más practicables. Uno de los caminos de mayor importancia de la Grecia clásica fue la “Vía Sagrada”, que comunicaba Atenas con Eleusis. La vía era concurrida por su carácter religioso, y por ella transitaban peregrinos que se dirigían hacia Eleusis. Tal era la importancia que representaba este tipo de viaje, que en determinadas ocasiones, se construían un pandokeinon, esto es, un tipo de albergue que tenía por objetivo que los peregrinos se alojaran allí de modo gratuito.

El viaje y la religión en el devenir histórico griego

En los comienzos de la civilización griega, la población humilde se encontraba, política y económicamente, en una situación opresiva, dependiente. Es así que busca el olvido de las miserias diarias en la exaltación del sentimiento religioso. Las injusticias diarias encontrarán reparación en la justicia divina; por lo que la devoción religiosa se apodera de la vida diaria.

La religión sufrió determinadas acciones durante la segunda mitad del siglo VII y del VI. Aparecieron nuevas prácticas e ideas que alcanzaron el éxito al llegar de Asia o de Tracia, relacionados íntimamente a la ampliación de horizontes, que los griegos debían a su espíritu viajero, y al desarrollo de la actividad económica. Dionisio ocupó entonces un lugar importante dentro de estos cambios que se refieren. Así, la tiranía ateniense acabó por organizar las fiestas dionisíacas, mencionadas anteriormente. Dionisio se encuentra asociado a cultos que se propagaron desde entonces, como aquel del santuario de las divinidades de Eleusis –donde se rendía culto a Deméter y su hija Perséfone. Esto resulta sumamente interesante, a efectos de este trabajo, por la cantidad de fieles que se dirigían hacia allí. Como consecuencia del aumento de este número de fieles –quiénes buscaban iniciarse en los misterios y buscaban seguridad en la vida de ultratumba-, el santuario tuvo que ampliarse. Su importancia aumentará sin cesar durante el período clásico. Los progresos de los misterios de Eleusis fueron paralelos a los que experimentó la democracia en Atenas; pues una de las particularidades del culto era dirigirse al individuo independientemente de toda condición jurídica, familiar o cívica. Se admitían entre sus iniciados hasta los esclavos; sólo quedaban excluidos los bárbaros y los homicidas. Eleusis se transformó en un culto panhelénico, al hacerse indiscutida la neutralidad política del culto. Además, continuó extendiendo el número de fieles durante la época helenística. Una nueva Eleusis surgió, por entonces, en las proximidades de Alejandría, aunque su importancia era secundaria.

Seguramente ligada a los cambios religiosos que vienen mencionándose, apareció una corriente que favoreció el éxito de los oráculos. No quiere decir que no existiesen antes que se produjera aquella crisis religiosa, pues de hecho ya existían. Aunque no contaban con la importancia que adquirirían a partir de aquel entonces. Es así que se desarrollaron un gran número de oráculos, los cuales fueron consultados tanto por fieles y peregrinos, como por estados. Las cuestiones eran de las más variadas, al igual que el medio con el que el oráculo brindaba respuesta. Apolo contaba con varios oráculos esparcidos por todo el mundo griego, siendo una de las características de su religión el carácter misional procedente de Delfos y de Delos: “los cultos griegos están por lo común vinculados a su localización particular, especialmente aquellos en que el nombre del dios está tomado del lugar mismo; pero el Apolo Pitio y el Apolo Delio aparecen en todas partes en Grecia”. Delfos era el oráculo más célebre de todos; aunque no el único. No lejos, en cuanto a importancia, le seguía el de Dodona, situado en el noroeste de Grecia, consagrado al padre de Apolo, Zeus. Allí, se practicaron varios métodos de adivinación, entre los que se encontraban tanto el de adivinación a partir del crujido de las hojas al pasar el viento como por el arrullo de las palomas sagradas; además de un tercer método, que consistía en interrogar directamente a Zeus, como se demuestra en inscripciones como la existente en una tablilla de plomo, escritas en boustrofedon (alternativamente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda): “Hermon pregunta a qué dios ha de rogar para tener más hijos de su mujer Cretaia, aparte de los que ya tiene”.

Hacia el final del siglo XI, la fama de algunos oráculos alcanzaba a determinados pueblos bárbaros. “(…) el monarca lidio Creso los consultaba con frecuencia y Darío I reconocía que Apolo “ha dicho a los persas una verdad perfecta””. Apolo fue quién “reglamentó los festivales y el culto; adoptó las antiguas exigencias de pureza ritual (…); reglamentó el culto de los héroes; suavizó el éxtasis dionisíaco y encauzó el culto del dios por las vías comunes de los cultos griegos”.

Asimismo, fueron los grandes santuarios panhelénicos –como Olimpia y Delfos, para el conjunto de los griegos; y Delos, para los jonios- los que contribuyeron a propagar el gusto por el atletismo, la música y la lírica; además, fueron una de las causas del progreso tanto de la arquitectura como de la escultura.

Durante el período clásico, la religión griega no se renueva. Las peregrinaciones hacia los lugares ya mencionados continuaban revistiendo una importancia que, muchas veces, iba más allá de lo puramente religioso individual; sino que su carácter era de purificación cívica-colectiva. Sobre la peregrinación anual de los atenienses a Delos, en el diálogo “Fedón o sobre el alma”, Platón hace decir a Fedón que “Cuando empieza la peregrinación, tiene por norma purificar la ciudad, y no condenar a ningún preso hasta que la nave haya llegado a Delos y regresado de nuevo. Pero alguna vez, cuando los vientos le son contrarios, emplean en esto mucho tiempo. Empieza la peregrinación, cuando el sacerdote de Apolo corona la popa de la nave (…)”. También puede observarse, que los viajes hacia el lugar sagrado no siempre eran simples de llevar a cabo, ni revestían carácter placentero. El carácter del viaje religioso era obligatorio más que voluntario. Es de destacar el hecho que los oráculos continúan teniendo una importancia respetable, pero acabaron por perder crédito por una serie de sospechas sobre ellos. La creencia de que el oráculo se había vuelto oportunista, corrupto o que cedía ante presiones políticas había tenido por consecuencia una pérdida de prestigio. Entre ellos, el oráculo de Delfos era el más célebre de los que habían perdido crédito; aunque una situación similar se había producido en otros. Incluso Olimpia sufrió desde el siglo IV cuestiones de carácter político que le alejaron de las cuestiones sagradas.

El renacimiento de la religión helénica aparece durante el período helenístico. Ciudades que gozaban de prestigio por su carácter sacro, como Delfos, Olimpia o Delos, promovieron activamente el embellecimiento de los monumentos, del mismo modo que aumentaban los visitantes, pues muchos de los residentes vivían de los devotos que se acercaban hacia allí. Los sentimientos religiosos se cultivaban a partir de los milagros y los beneficios que realizaba la divinidad. Los donativos también fluyeron hacia estos lugares, acrecentados también gracias a las fundaciones piadosas, creadas por determinados miembros de las clases acomodadas, cuyos ingresos servían como aporte para ofrendas o fiestas. Por último, los oráculos, si bien nunca habían dejado de ser importantes, recobraron su crédito, en especial el de Delfos.


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