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OCIO Y VIAJES EN LA HISTORIA: ANTIGÜEDAD Y MEDIOEVO

Mauro Beltrami




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EL MEDIOEVO Y SU LEGADO: LA REINVENCIÓN DEL VIAJE

Tal como ha podido advertirse, y contrariamente a lo afirmado por muchos, el Medioevo no fue una época inmóvil. Si se analizan continuidades y discontinuidades, se observan dos períodos bien marcados y separados por lo aquello que se denominó como revolución comercial del siglo XI.

Previamente a dicho proceso, pervivía una continuidad en el desarrollo de los viajes y la estadía temporal en destinos legada desde el Bajo Imperio. Y, posteriormente al siglo XI occidental, se aceleran los intercambios y se materializa un hecho que ya había tenido manifestaciones previas, y que puede denominarse como reinvención del viaje circular. El hombre medieval emprendía una peregrinación obligado para cumplir una penitencia o un voto, o en busca de una milagrosa curación o para conseguir una indulgencia; pero también, al igual que un turista, para poder observar nuevos mundos, tierras y hechos extraños: es la aventura en más de una ocasión lo que motivó el viaje. Tampoco se puede dejar de marcar que el fenómeno de la urbanidad medieval representó un hecho insoslayable que fue moldeando al nuevo viaje circular; pues el desarrollo urbano también revalorizó el papel de la riqueza en las distinciones sociales –siendo en la ciudad donde el papel del dinero se hace más visible-. En otras palabras, el desarrollo urbano ha hecho más complejas las jerarquías sociales, y es en ésta complejidad, que aumentará conforme se avance en el desarrollo de una cultura urbana, que podrá aparecer el futuro viaje turístico.

Los hombres de la Edad Media reinventaron el viaje circular, pero no crearon el viaje turístico. Pues, aún así, viajar no era placentero ni sencillo, y es por eso que la voluntariedad de un viaje a larga escala es motivo de debate. Asimismo, faltará aún tiempo para una sociedad de clases –fundamental para la aparición del viaje turístico-, pues durante el devenir medieval, para un jurista, un villano rico no será más que un villano mientras que un caballero pobre siempre será igual un caballero.

Pero aún así, durante el Medioevo no sólo verá su nacimiento Europa, sino también determinados significados que harán factibles el desarrollo futuro del turismo.

CONCLUSIONES GENERALES

“(…) En una habitación numerada

Se afeitará después ante un espejo

Que no volverá a reflejarlo

Y le parecerá que ese rostro

Es más inescrutable y más firme

Que el alma que lo habita

Y que a lo largo de los años lo labra (…).

En la numerosa penumbra, el desconocido

Se creerá en su ciudad

Y lo sorprenderá salir a otra,

De otro lenguaje y de otro cielo (…)”.

Jorge Luis Borges, El Forastero

El viaje circular que implica una estadía en una sociedad-destino es un fenómeno social vinculado al desarrollo de la historia, y como tal, experimenta ciclos, continuidades y rupturas. En éste sentido, es evidente que la división histórica tradicional en Antigüedad y Medioevo, pierde sentido frente a la propia dinámica de la sociedad humana en desplazamiento hacia otras culturas. Las grandes expansiones cuantitativas –según cantidad de individuos o grupos en desplazamiento- y cualitativas –según diversificación de destinos, motivaciones y estadía- del desplazamiento, se producen tras determinados fenómenos y hechos sociales que generan las condiciones propicias para su propio desarrollo. Pero ¿Qué sucede con el viaje preturístico propio durante períodos que se han estudiado aquí? En lo referente a la Antigüedad y el Medioevo, hay que observar la expansión y la estabilidad económico-territorial de los imperios como la primera gran condición. Y, en segundo lugar, hay que sumar el desarrollo y expansión de las sociedades urbanas y del comercio. Condiciones bajo las cuales se produce una intensificación de los contactos que acaba en la naturalización de una sociedad demográficamente fluctuante: existen residentes permanentes y residentes temporarios.

Desde la revolución neolítica –revolución tecnológica que permitió la aparición de la primera sociedad con desplazamientos circulares- hasta los inicios del renacimiento, la lógica anterior se observa satisfactoriamente. Cargada de continuidades, como las que se observan entre el siglo II a. c.-III d. c. en zonas bajo el dominio imperial romano o en la Europa de los siglos XI-XIV, cuando cierta estabilidad permiten la transformación de la sociedad para dar respuesta a un actor habitual: el forastero. Pero también de rupturas o discontinuidades, para lo cual es observable el concepto de revolución. La revolución comercial europea del siglo XI, por ejemplo, significa un quiebre en la historia preturística.

No ha sido el objeto de la presente obra la periodización preturística, sino la observación y el análisis preturístico tomando una periodización preexistente. Es evidente que dicha periodización no es adecuada si consideramos a esta como “el instrumento principal de la inteligibilidad de los cambios significativos”. Quedará, en todo caso, pendiente para futuros trabajos. El aporte del trabajo ha pretendido residir en observar las expansiones, las continuidades y las rupturas a lo largo de la historia del viaje preturístico en relación con el viaje turístico. Pero resulta un hecho fundamental continuar trabajando en una periodización turismológica de la historia.

En cualquier caso, será un requisito esencial periodizar partiendo de ciertos presupuestos teóricos entre los cuales hay uno básico: hablar de turismo durante la Antigüedad y el Medioevo significa caer en uno de los peores pecados que un historiador y un turismólogo pueden cometer, pues es, ni más ni menos, un anacronismo. El turismo es un fenómeno social propio de la modernidad e hijo de las revoluciones tecnológicas que engendraron el sistema de producción capitalista. Viajes que se desarrollaron durante determinadas sociedades históricas de la antigüedad y del Medioevo presentan similitudes con muchos de los modernos viajes turísticos, sobre todo, en el sentido de observar que el viaje circular no es más que un medio para satisfacer determinadas necesidades sociales y/o individuales. Desde un punto de vista motivacional, se observan semejanzas con los estímulos de los viajes turísticos: es así que en las sociedades históricas estudiadas se emprendieron viajes motivados por el descanso, la religión, los eventos, etc., del mismo modo que hoy se emprenden viajes por aquellos motivos y que, a priori, son considerados dentro de la categoría de turísticos.

Las diferencias fundamentales entre el viaje turístico y el viaje preturístico radican no tanto en cuestiones formales, sino en cuestiones de significado. Los modos de producción primitivo, esclavista y feudal no engendraron turismo, pues aquellos sistemas productivos presentan características predominantemente rurales y, en cambio, es de remarcar la importancia de una cultura urbana para el desarrollo del fenómeno turístico. El aislamiento, al igual que la distancia, son cosas enteramente relativas, del todo humanas, pero que se logran vencer en el sentido turístico con la aparición del nuevo sistema de producción capitalista. Es así que el turismo surge como consecuencia de la doble revolución, francesa e industrial, tratándose de un fenómeno hijo del mundo capitalista-burgués. El turismo es la síntesis de los diferentes modos de viaje que se llevaron a cabo en el devenir de la historia occidental.

P. Battilani menciona algunas características esenciales que marcan diferencias entre el viaje antiguo y medieval y el viaje turístico, entre las cuales cabe mencionar:

• Impacto en las poblaciones de destino: durante la Antigüedad y el Medioevo, quiénes viajaban eran relativamente pocos –viajeros individuales o de contingentes reducidos- y su impacto sobre la economía de los lugares visitados era de carácter modesto para que existiera preocupación o se indagara sobre el sentir o hacer del viajero.

• Ampliación de las figuras: durante la antigüedad y el Medioevo el viajero circular podía reducirse a pocas figuras (en Roma, el aristócrata a sus posesiones en la costa, en el Medioevo el peregrino, etc.), con el nacimiento del turismo se diversifican y se contraponen progresivamente las tipologías de los turistas.

Battilani menciona también otros aspectos remarcables, como la creación progresiva de una economía turística. A todo esto, es necesario remarcar tres condiciones interesantes: un primero relacionado a la voluntariedad y comodidad del viaje, un segundo vinculado a lo que se denomina conciencia turística y un último que se relaciona género y viaje. Respecto al primer aspecto, durante las sociedades preturísticas el viajar no resultaba un hecho placentero, sino que se llevaba a cabo de manera lenta, incómoda y costosa, por lo cual aquí no se cumple uno de los hechos fundamentales del turismo: la voluntariedad y el hedonismo. En cuanto al segundo, en las sociedades preturísticas no existía conciencia del propio papel como actor turístico, pues el viajero circular no se reconocía como turista o mediante un papel análogo. Por último, es importante observar que sucedía con la mujer en relación al viaje. En el suceder histórico del turismo, la incorporación de la mujer como ser independiente a los flujos turísticos ha resultado una de las causas de la masividad alcanzada por el fenómeno. Pero en las sociedades preturísticas, la iniciativa del viaje rara vez era llevada a cabo por la mujer, lo cuál no quiere decir que ésta no emprendiese viajes. La mujer viajaba, pero viajaba o como acompañante, o acompañada.

¿Por qué estudiar la prehistoria del turismo? Porque, como bien observa Croce, toda historia es historia actual. Los hechos y períodos históricos son construidos y no dados: el turismo no prescinde de realidades históricas, del mismo modo que tampoco prescinde de realidades presentes. El viaje turístico es un fenómeno propio del capitalismo urbano, y al igual que otros fenómenos sociales, descansa, podría decirse, sobre fundaciones profundas y misteriosas. Lentamente, con el correr del tiempo, es que se han ido desarrollando elementos que han permitido que se fueran configurando los antecedentes históricos del turismo. La aparición del fenómeno urbano, la utilización de la moneda, el perfeccionamiento de la infraestructura y los medios de transporte, el desarrollo de elementos que fomenten la propensión a viajar cada vez hacia distancias más lejanas, el surgimiento de nuevas necesidades en el seno de la sociedad occidental a partir del contacto con otras tierras.

Y no faltaron más que las revoluciones tecnológicas modernas para dar nacimiento a aquel nuevo y aparentemente extraño fenómeno, que cambió y reestructuró de tal modo las sociedades occidentales que Bradbury pintaría negativamente el proceso de turistificación: “Autopistas llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio. El refugio de la gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas, viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la noche anterior”.


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