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EVOLUCIÓN DE LOS VÍNCULOS COMERCIALES EN AMÉRICA DEL NORTE Y EL ESTE ASIÁTICO 1994-2004

Alfredo Sánchez Ortiz




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1.5. Teorías de la integración regional

En última instancia, tanto la globalización como la regionalización están condicionadas en buena medida por factores similares como las ofertas nacionales de mano de obra y niveles salariales, el desarrollo científico técnico y su intercambio internacional, el auge de la transnacionalización de la producción y los mercados, así como la lucha por la hegemonía mundial de los capitales a-nacionales, aunque, por supuesto, cada uno de estos factores tienen a su vez condicionantes particulares de lugar y tiempo en tanto fenómenos diferentes. El desarrollo de la integración económica está motivada por las ventajas potenciales que la misma puede inducir por beneficio-ganancia en la inversión de capital y empleo con activación de mercados en la población.

Como puede apreciarse, los efectos de la integración económica son múltiples y, en ocasiones, contradictorios. De acuerdo al caso de que se trate, las teorías más destacables son las siguientes:

La Económica que se basa en la Ventaja Comparativa de la especialización y en los costos de tarifas y otras barreras contiguas a la producción y a la competencia en mercados internacionales.

La Institucional, que se fundamenta en los beneficios de una estructura común fija regulativa y a los costos de estandarización.

La Geopolítica, que toma como premisa la proximidad geográfica, la similitud política y cultural, así como el interés político por la seguridad regional .

Desde la década de los ochentas se han operado grandes cambios en la situación de competencia internacional. La tendencia hacia la globalización de las economías de capital y su agrupación en bloques regionales de producción y comercialización se desarrolla de manera acelerada; la competencia económica-tecnológica entre las potencias ha sustituido poco a poco a la guerra fría entre EE.UU. y la Unión Soviética; Japón y Europa se han convertido en fuertes competidores para EE.UU.. Los cambios en la situación de competencia internacional constituyen las principales causas por las cuales EE.UU. decidió establecer bloques económicos regionales (Zhenxing, 1996; 5)

Como es de suponerse, el surgimiento de bloques económicos regionales tiene una variedad de explicaciones, entre las que se encuentra la de Juan José Palacios (1991) que sostiene que la lógica múltiple en la formación de bloques regionales tiene motivaciones tanto geopolíticas como económico-ideológicas, de tal forma que en todos los casos el objetivo es establecer una cooperación regional con miras a obtener beneficios mutuos para todos sus miembros es decir, contribuir a desarrollar una región más dinámica, con una alta capacidad de producción orientada a un gran mercado. Aún no existen sistemas para analizar los procesos tangibles de esa lógica múltiple en la integración regional, lo que sí parece ser una regla en los procesos de regionalización es la existencia de un sentido de identidad común implícita.

Este patrón de integración se observa en casi la totalidad de los bloques regionales como el de Europa con la UE; en África con la SADC y SACU; en Norte y Sudamérica el TLCAN, MERCOSUR, Grupo Andino, CACM y CARICOM; en Asia con la ANSEA, SAARC, ANZCERTA, AFTA y AEC, pero no así en APEC. Además, la mayor parte de los miembros de estas regiones geográficamente se ubican de manera contigua o cercana, pero las excepciones incluyen la UE, SADC, APEC y ANZCERTA .

Además, debe aclararse que la creación de bloques regionales si bien ha liberalizado el comercio en el interior de los mismos, también ha generado un proceso de integración regional fuerte, con agentes económicos poderosos que han frenado la liberalización del comercio mundial mediante la imposición de medidas proteccionistas para las economías dominantes, tales como cláusulas antidumping, restricciones voluntarias a la exportación y otras salvaguardas astutas, que se observan tanto en el TLCAN como en el resto de mecanismos de integración regional, incluyendo los que se gestan en Asia Pacifico.

El número de Acuerdos de Integración Regional (AIR’s) notificados a la OMC refleja el debilitamiento del sistema comercial multilateral primero bajo el GATT y ahora en la OMC impulsado por el organismo monetario mundial para control del comercio; lo que demuestra que las naciones prefieren agruparse económicamente en bloques regionales porque conocen la dificultad para lograr sus objetivos socio-económico-políticos mediante decisiones autónomas o la supuesta guía desinteresada de organismos internacionales.

En definitiva, la integración regional no entraña incongruencia con la globalización ni es su opuesto, al igual que otras formas y modelos previos de economía política, está encubriendo nuevas formas de proteccionismo, como se observa al interior de la UE y del TLCAN.

Abonando a favor de la hipótesis de este trabajo, tanto Zhang (2003) como Zhenxing (1996), y de alguna forma Stephen Krasner y Robert Gilpin (citados por D. Coleman y Geoffrey Underhill, 2000), señalan que en el caso de Asia Pacífico las relaciones interregionales son el resultado del rápido crecimiento económico que dio lugar a la formación de redes y flujos interregionales de inversión y comercio, que en un principio fueron sin acuerdos intergubernamentales.

Como bien se sabe, en Asia Pacífico han jugado un papel importante tanto la cercanía geográfica como el cierre del gran mercado que era EE.UU. antes del TCLAN, factores que dieron lugar a que surgiera en forma natural la integración regional que reforzó las redes comerciales establecidas previamente entre las empresas de la misma región (Regionalismo Dominò).

Algunos autores señalan que los acuerdos comerciales regionales son parte de un fenómeno de regionalismo más amplio y tiene más que ver con cuestiones eminentemente políticas, pues existe un renovado entusiasmo para la colaboración regional desde mediados de los ochentas que ha abarcado no sólo al comercio, sino otras áreas, en particular la seguridad; al respecto Ravenhill (2001; 7) establece que:

Los gobiernos se interesan y colaboran en la creación de bloques regionales porque saben que no pueden alcanzar sus metas a un costo aceptable a través de la acción unilateral, y porque creen que lo harían mucho mejor a través de la cooperación con otros.

Según este criterio, los gobiernos son capaces de cambiar sus términos de comercio a través de la imposición de tarifas a la importación. Con excepción de las grandes economías, que se benefician ya sea usando su tamaño y poder para presionar a los gobiernos y conseguir tarifas preferenciales a sus importaciones, u obteniendo concesiones de sus competidores locales. Para otros estados lo mejor es remover sus barreras arancelarias. La liberalización comercial sobre una base regional puede ayudar a los gobiernos para superar obstáculos de tipo político-económico nacionales como el desempleo y los créditos empresariales, y también puede incrementar la magnitud de ganancias globales si otras economías extra-regionales son persuadidas para unirse al proceso.

Los arreglos regionales surgen dentro de un sistema estructurado de poder económico y político, de instituciones y leyes . Las alianzas militares históricamente han estado asociadas, mediante límites bancarios específicos y definidos, con la falta de voluntad de los países para entablar relaciones que profundicen su interdependencia económica. La ruptura de la Unión Soviética, por ejemplo, fue un prerrequisito para la aparición de muchos de los nuevos arreglos regionales formados en los noventas. La distribución del poder dentro del sistema político/económico y la formación de alianzas (financiero/militares) tienen inevitablemente impacto en los intereses de los gobiernos preocupados por la colaboración e integración regional. Más allá de este punto, las teorías sobre las relaciones entre regionalismo y distribución de poder en el sistema internacional proporcionan pocas generalizaciones exhibidas académicamente.

En referencia a lo anterior surgen dos corrientes en la literatura económica que sugieren que los intereses de una economía dominante pueden ser no tanto las del bien colectivo suscrito con la apertura económica, sino más bien en la promoción del cierre a la libre importación. La Teoría de Óptimas Tarifas postula que las economías grandes por sí solas se podrían beneficiar restringiendo importaciones para explotar su posición dominante en el mercado mundial. Una postura racional de una hegemonía podría ser la de restringir más que promover el libre comercio. En una postura similar, variantes de la Teoría de Comercio Estratégico sugieren que los países grandes pueden tener interés en el cierre económico con el fin de garantizar su mercado interno a los productores nacionales. Tal cierre los habilita para explotar economías de escala, y ganar ventajas de primer nivel.

Ruggie (1998; 46) ha argumentado que no es sólo la hegemonía lo que cuenta en la formación de políticas económicas sino los objetivos gubernamentales de un Estado hegemónico y los medios elegidos para perseguirlos. Mattli (1999; 87) establece la importancia de un poder dominante para el regionalismo, argumenta que “una integración exitosa requiere la presencia de un indiscutible líder entre el grupo de países en busca de lazos cercanos”. Un Estado dominante puede establecer un punto focal para resolver cuestiones de coordinación, y éste podría tener la voluntad y capacidad para ser un pagador regional, pagos que ayudan a resolver disputas distributivas. Visión bancaria, considerando que en la lógica independentista de los sistemas monetarios nacionalistas dos estados entran en conflicto por la homologación internacional de su valor-moneda. La actual opción política del FMI y el BM privilegia al gobierno más dócil colocando beneficios de capital a-nacionalista en ese país por medio de programas, créditos, concursos, etc., protegiendo los intereses de las transnacionales.

Una explicación Estructuralista sugiere que los poderes más pequeños buscan un arreglo institucional con una hegemonía organizándose como institución regional para restringir la libertad hegemónica de acción.

Para otros, en la formación de los regionalismos, es importante la presencia de un poder dominante para que dirija a los Estados pequeños. Algunos más sostienen que el regionalismo resulta no del dominio hegemónico, sino de un proceso de declive hegemónico. Los países más pequeños en esta situación tienen un incentivo más grande para colaborar mientras que el comportamiento del país dominante llega a ser cada vez más impredecible, porque ya no es capaz o ya no está dispuesto a proporcionar bienes colectivos como lo hizo en el pasado. Al respecto es ilustrativo el caso de EE.UU. en Asia Pacífico en el surgimiento de los Tigres Asiáticos.

Los arreglos regionales ofrecen la oportunidad a las naciones más poderosas para usar sus recursos y empujar forzadamente a las más renuentes y pequeñas en una integración servil profunda que puede alcanzarse en negociaciones globales. Por otro lado, todos los países pequeños están conscientes de sus vulnerabilidades en las negociaciones en foros regionales. Fenómeno que es descrito pero no explicado por las Teorías del Neorrealismo y de la Ventaja Comparativa.

Si la integración regional o regionalismo está funcionando, entonces los países en el mundo seguirán trabajando y enfocando sus esfuerzos hacia ella. Esta situación ha orillado a las naciones asiáticas a trabajar por el regionalismo en perjuicio para el desarrollo comercial multilateral solicitado por las economías fuertes y sus voceros internacionales OMC, BM, OCDE, FMI. Las corrientes que prefieren el multilateralismo se refieren a las experiencias históricas de integración regional, en el sentido de que la proliferación y fortalecimiento del regionalismo, en muchos casos, ha resultado en un serio conflicto militar o político entre países o regiones, visión claramente ideologizada que ignora las propuestas evolucionistas en filosofía de la historia y en antropología social.

Algunos estudiosos como Yuong (1993) y Bergston (1997) se han manifestado a favor del regionalismo argumentando que ha tenido una contribución política a favor del multilateralismo. Ambos lo consideran como un bloque constructivo porque expande el libre comercio y de esta manera guía al fortalecimiento del multilateralismo. Yuong y Bergston sostienen que con el regionalismo hay más creación que desviación de comercio. También señalan que el regionalismo contribuye al desarrollo económico de las economías subdesarrolladas; con el regionalismo se tiene acceso a mecanismos de control externo para continuar las reformas políticas internas necesarias al desarrollo socio-económico.

Las economías menos desarrolladas han sido perjudicadas por el libre comercio con socios más desarrollados por los resultados asimétricos, esto es, la preservación de una estructura en la que están condenados a la exportación de productos con más bajo valor agregado, como está sucediendo a México con EE.UU. dentro del TLCAN.

Los efectos económicos producidos por esos acuerdos se han macrotizado removiendo barreras comerciales en las regiones en que se han acordado, modificando la dinámica del comercio regional. Efectos aplicables al APEC.

Igualmente los acuerdos de integración regional bloquean políticas comerciales de los socios principales. La mayoría de los acuerdos de integración regional han establecido mecanismos que pueden mejorar el acceso al mercado regional proporcionando un foro para las disputas. Un país pequeño tendría poco poder para resistir con efectividad un acuerdo no respetado por su socio mayor cuando aplicara incorrectamente medidas antidumping para ayudar a intereses de grupos nacionales.

Desde el punto de vista económico, la integración regional es percibida como el resultado de un cierto compromiso entre el liberalismo y el proteccionismo, el cual en los tiempos actuales parece inclinarse en mayor grado al primero a la vista de la dominancia de las políticas de corte neoliberal en los países latinoamericanos (Salama 1996: 9-10). La teoría de la integración no puede abstraerse de los regímenes de acumulación dominantes ni de las políticas económicas implementadas por los países que forman parte de un esquema de integración, si quiere ubicarse en un ámbito real y concreto.

La nueva teoría de las “ventajas competitivas de las naciones” de Michael Porter (1991), presenta un cuadro de análisis más completo que el de la teoría de las ventajas comparativas, en vista de que incluye nuevos factores clave en el mundo actual de globalización económica. La ventaja internacional se concentra en industrias específicas o aun en sectores específicos de una industria y no en todos los sectores económicos. A nivel microeconómico una empresa logra ventaja competitiva cuando alcanza una rápida acumulación de activos y de técnicas; cuando cuenta con información actualizada, cuando los objetivos de propietarios, administradores y trabajadores apoyan una intensa dedicación y una inversión sostenida. A nivel macroeconómico, esta ventaja está correlacionada con cuatrocaracterísticas nacionales:

1) La situación de los factores de producción (en los que

está centrada mayormente la teoría de las ventajas comparativas);

2) Las condiciones de la demanda de los productos o servicios de la industria de que se esté hablando;

3) La presencia o ausencia en el país de industrias proveedoras e

industrias correlacionadas competitivas a nivel internacional, y 4) las condiciones nacionales que rigen la creación, organización y administración de las empresas y las modalidades de la competencia a nivel nacional. Hay que agregar dos variables adicionales que influyen en el sistema nacional: el azar y el gobierno. Los sucesos fortuitos, ajenos a las empresas, tales como nuevas tecnologías o cambios políticoso de la demanda en otros países, pueden abrir oportunidades de competitividad a las empresas de un país. La política gubernamental afecta la competencia nacionalya sea positiva o negativamente; entre las políticas positivas se encuentra la de educación y capacitación, apoyo al avance en ciencia y tecnología, una política antimonopolista, las compras gubernamentales, la construcción de infraestructura, etc.


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