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DESPERTEMOS

Domingo Dell´Aquila


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LOS BUENOS Y LOS MALOS

Cuando el espacio quede libre de las horas que se estancan en el camino y el camino se libere del tiempo que atrofiado en sus huellas se desplome, cansado de esperar justicia.

Cuando solo quede hacia el futuro, vestigios de los que pasaron, en busca de propuestas unos, de lo necesario otros, hallando solo fracasos y decepciones, y cuando los devoradores de ilusiones ajenas, triunfalistas por audacia y deshonestidad, rastreando lo mucho, se lleven todo, habrá tantas pisadas que nadie sabrá cuales son las de uno y cuales de los otros, y todos vagarán a la deriva porque se irá dando eternamente, aquello de que el camino se hace al andar, y quedará grabada para siempre, la realidad irrefutable de que el mundo está poblado de tantos trashumantes que se pierden en atajos y senderos entrelazados, sin señales alguna que diferencien los buenos de los malos, que jamás se hallará la senda hacia la solución deseada.

Las ambiciones desmedidas de los cuervos hambrientos, encarnadas en las mentes humanas desprovistas de sentimientos, acaparadores natos, y señalados con toda precisión por el dedo acusante de Dios, creación humana para buscar infructuosa e inconcientemente la salvación, engañarán con sus hipocresías, para devorarse a los incautos y a los inocentes, o no tan inocentes, a veces idiotas útiles, por rutinarios y conformistas que viven creyendo en las promesas nunca cumplidas, sin saber que morirán ellos, sus hijos, sus nietos y toda la prole de esperanzados que cargarán a cuesta, por los siglos, el designio fatal, insultante y vejatorio de la injusticia y la miseria.

Tampoco hallarán rostros enrojecidos de vergüenza, porque nacieron sin ella, los que esconden las culpas propias, porque con la de sus victimas les es suficiente para enloquecerse de alegría y placer.

Cuan fuerte es la ambición dominadora de aquellas figuras descarnadas, que no conservan en sus entrañas la conciencia arrepentida de las culpas por sus crímenes sociales cometidos.

Que inmensa maldad, que terrible persecución perversa mantienen en su interior, las almas de los humanos endemoniados, que utilizan trinchetes, porque un agujero no les alcanza para mirar y precisan uno para cada ojo y un tercero para que se filtren las luces de sus infiernos, y encontrar así, con más facilidad, los peldaños de la escalera que conduce a la ilimitada codicia déspota y tirana, que los enloquece, mientras llanas de pena y pavor golpeadas por el abuso y la vejación, las inocentes criaturas de piel mármol izadas por el frío, se guarecen acurrucadas unas sobre otras en los húmedos pisos de tierra de sus miserables casuchas.

Los pastos ocres y secos diseminados en todos los rincones del planeta tierra donde humano alguno habite, corroboran las horas idas de los tiempos que se fueron por aquellas sendas tortuosas, de escasa luminosidad que impiden ver el fondo oscuro, el principio vital apagado por la neblina turbia que emana espesa de la superficie de los ríos que serpentean arrastrando míseras chozas de pobres infelices terminados antes de empezar a vivir. Famélicos o en las absurdas guerras organizadas por el dominio del poder económico de este mundo ruin, huraño y rabioso, porque así lo disponen unos pocos angurrientos incapaces hasta de escupir unas migajas como para calmar el hambre de la persona humana que los rodea y a quienes les tintinean las pupilas empañadas en lágrimas por el dolor y la bronca que produce la impotencia de sobrevivir a el empuje maligno y atacante de los monstruos devastadores, contra los que las luchas resultan vanas y absurdas por las diferencias de mentalidad, y medios, para, no digamos triunfar, sino al menos emerger tan solo las narices del lodo asqueante y absoluto que todo lo cubre, y poder exhalar el último suspiro, enterrados en la ciénaga del olvido y el infortunio.

¡OH, divina calma que llenaría de satisfacción, si al final del camino se vislumbrara suave y sereno el minuto exacto, en el tiempo preciso, a veces esperado con ansiedad, que los lleve al desconocido mundo de lo incierto para el descanso eterno, cuando ya, nada queda para esperar, porque hasta la saliva templada y húmeda se ha secado dejando en la garganta la dolorosa sensación del fracaso, y en la lengua, la impresión amarga de la cicuta venenosa. Ni la fe servirá para incentivar el esfuerzo hacia la lucha, porque la frustración malogra todo acto de defensa, al impedir levantar la vista hacia el cielo, y porque hasta con los tentáculos largos y terribles del poder martirizante y ávidamente dominador, impedirán, envolviendo los cuerpos todo movimiento de resguardo en apoyo de la supervivencia.

¡Que creación morbosa mental la del humano, crear dioses para que rijan sus destinos, cuando ni ellos ni sus dioses son capaces de crear la justicia dentro de la humanidad. Tampoco el orden. Ni siquiera la paz. Menos aún, el respeto mutuo.

Pero necesitan de esa creación ilusoria, para poder manifestar sus simulaciones. Unos para tener a quien jurar que sus conductas serán buenas y su honestidad ejemplar.

Otros para tener a quien pedir perdón por sus pecados, que los reiterarán apenas terminada la última frase de la oración.

Muchos cándidos ingenuos, para tener a quien profesar su gratitud, por sobrellevar con estoicismo sus vidas llenas de sacrificios, pobreza y privaciones. Vida inmunda, porque a ella los acostumbraron los explotadores.

Buenos, si, los hay, pero unos nada pueden porque son indecisos y pusilánimes. Otros menos pueden porque forman parte de las sabanas, y son puestos y sacados por los capos mandones, y de todos, las llaves están en el llavero de los manda más. Hay quienes son tan buenitos que por miedo a que Dios los castigue, solo rezan para que los malos se transformen en buenos.

¿Ilusos? ¿Ignorantes? ¿O idiotas útiles?

¿Con que armas podrá ese Dios creado, contra el demonio humano con poder, que solo esgrime ese poder, que es la fuerza de mando absoluta, para su exclusivo beneficio?

¿Con la bondad defenderá a sus adoradores? A esa bondad, ese demonio la quema en el infierno, donde sus llamas ardientes, serpenteantes, roja como sangre, que brota de heridas profundas y dolorosas.

¿Los defenderá con su mirada tierna?

Esa ternura el diablo humano la encenderá como el acero en su caverna llena de maldad, y moldeará a su antojo sobre el yunque de la deformación y a fuertes martillazos después de ponerla al rojo vivo, y para endurecerla más aún, la sumergirá en aceite, transformándola en una mirada fija, áspera e incierta, y reirá a carcajadas sonoras como estruendos de la tormenta que ruge en altamar, haciendo elevar las olas para ahogar las plegarias inútiles de los fieles, que con sus pupilas enormes, abiertas por el asombro, mirarán temerosos la fuerza inconmensurable de Lucifer y mientras Dios con su venid a mí que yo los salvaré, el demonio con sus cuernos, su trinchete y su cola serpenteando como víbora venenosa, cerrará el camino a los pobres feligreses que aterrados ante la mirada del que impide sus pasos hacia la salvación imaginada, caerán de rodillas y sus murmullos lastimeros se transforman en gritos espantosos y aterradores que ahogarán las plegarias de los desdichados devotos y del mismo Todopoderoso y, todos quedarán mudos de estupor, sin llegar a ver, cegados por los resplandores del infierno, el paraíso de la dignidad y la justicia y los humanos seguirán siendo gusanos y mariposas a la vez.

No hay que alegrarse ante los augurios que cual mariposa de hermosos y variados colores adornan la vida, sin dejar de recordar que son tan solo, la transformación del vil gusano que asquea y repugna, como la misma figura de Satanás, el mismo que en la tierra lo vemos transformado en humanos perversos que explotan a sus hermanos, semejantes a Dios, que transitan por sendas tortuosas, perdido en la cerrazón que ciega e inutiliza, cargando en sus espaldas las horas idas llenas de fracasos y con los años reducidos porque en lugar de libar el néctar de la vida fructífera, solo se hastiaron de esperanzas negativas, engañosas, llenas de frustraciones, llegando a un punto tal, que nadie ya es, ni será suficiente para imponer una justicia para las personas, que no pueden ni llegan a comprender, cual es la semejanza con el Creador, creado, porque jamás lo han visto, ni nunca encontraron el edén prometido.

¿Es Dios semejante a los humanos que creó?

¿O son los humanos semejantes al Dios que crearon?

¿Cómo puede ser semejante a Dios el violador asesino que no se detiene ante las delicadas figuras de angelitos débiles, indefensos, llorosos, criaturas impedidas de comprender el alcance de esas mentes trastornadas y ciegas? ¿O lo es?

¿Cómo puedes ser semejante a un Dios imaginado lleno de virtudes y bondad, quienes están dotados de una obsesión dañina, de una moral corrupta, de un espíritu destructor de su misma especie? ¿Lo serán?

Jamás se podrá imponer justicia, porque los manda más del mundo saben de su impunidad y se muestran altivos, orgullosos, dominantes ante sus iguales, pues sienten que sus espaldas están resguardadas por el poder satánico de la arbitrariedad, que al no necesitar elegir métodos o formas para combatir, porque tienen todas las armas al alcance de sus mentes siniestras, de sus cerebros nefastos, vencerán con el poder de la fuerza que otorga la libertad, los débiles esfuerzos de los buenos.

Solo aquellos que poseen el real dominio y la autoridad absoluta, podrían imponer la justicia para los mortales que los eligieron precisamente para que les den justicia. Pero que, el poder ciega, la ambición desmedida los domina, y se alistan en las filas los corruptos, transformándose en delincuentes. Unos porque lo son, y otros porque primero callan lo que ven, cubriéndolos con su silencio cómplice, y luego levantan tarde la voz, cuando se descubren. Pero todos, aunándose para socavar bajo los temblorosos pies de los que inocentemente los ponderan, y aún de los tontos adulones, para hundirlos en las profundidades de la miseria y la desesperación, y a la vez, esgrimiendo sus poderes con la violencia lógica del irracional, les impedirán cual plantas espinosas, el ascenso hacia la superficie, y quedarán allí, unidos para siempre porque el destino del mundo está sellado, y jamás habrá una solución que evite este proceso libertino e infernal que por los siglos de los siglos viene imperando para mantener intacto el sistema que, pese al cambio de forma jamás torcerá la inclinación natural de su molde opresor.

Canallesca manera de usurpar los derechos de los demás, porque unos pocos conducen a sus antojos los destinos del mundo con total libertad, manteniendo con igual motivo las riquezas para sí mismo, riquezas logradas con el sacrificio de los que trabajando producen bienes materiales, sostén económico de los explotadores y con lo cual consiguen el sometimiento de cuantos no pertenecen al círculo de sus ideales corruptivos.

¡Que golpe terrible sufrirán los aprovechadores del mundo si los pobres que habitan este destartalado globo terráqueo, se decidieran a no procrear más de un hijo por familia, ¿de dónde sacarían los esclavos para sobrevivir, después de una generación? A los pobres se les niega la posibilidad de aborto porque necesitan esfuerzo más barato, y solo si los pobres se cargan de hijos, les es posible explotar el proletariado.

Vil injusticia que solo tiene como defensa palabras y más palabras, que los de arriba, con esa mueca sonriente de simuladores natos, permiten con la trampa de la libertad de prensa y de expresión, mientras los de abajo se alegran inocentemente creyéndola una conquista valiosa, con la que no se ha logrado, no se logra, ni se logrará nunca jamás, vulnerar la coraza acerada de los corruptos, porque la impunidad los defiende, ya que la fuerza del poder está al servicio de los malditos que no se cansan de ofrecer falsas promesas mil veces repetidas y porque los poderosos carecen de sentimientos, y tienen ausente en su interior la sabia productora de la bondad y la justicia, y jamás extenderán sus brazos, con las manos abiertas hacia el necesitado.

¿Qué cuervos malditos cavan a los costados de las narices de los pobres, para dejar sendas cavidades oscuras y profundas, sinónimo de calavera viva, que pululan ciegas y muertas de hambre por los sinuosos caminos de la adversidad?

¿Cómo es posible admitir la descomposición mental, motivada en unos casos por una ambición monstruosa y desconcertante de los poderosos, o tal vez, por el sometimiento pasivo de los sumisos, dóciles y sin derechos, sin levantar una voz de protesta, si es dable, que aún, rebelde, será inútil?

¿Quién alimenta tantas resacas que desfiguran la raza humana, llenándolas de rarezas y relegándoles a tan bajo fondo, que no obstante palparla, oírla y verla como la especie animal más salvaje, absurda y disparatada, pretenden adjudicarle una virtud racional, tan dudosa e incomprensible que asusta, provocando un pánico demencial, pues no admite comparación posible con la ingenua idea de superioridad, asignada a la única bestia que se traslada de un lugar a otro en dos patas.

Este es un mundo que lo construyen quienes se sacrifican trabajando y criando hijos para que los explotadores subsistan los engendros insaciables de riquezas que manejan a la humanidad, dueños absolutos de todas las guerras, que con libertad organizan destrozando sin miramiento las civilizaciones para saquear a los países sin fuerzas y hundir en la miseria a las personas sin voz, sin mando y sin derecho, porque ninguno de estos legítimos principios de la vida se le otorga.

Infelices los que no ven los despojos humillantes de niños muertos de hambre, con el vientre hinchado y la cabeza agrandada, a los cuales miran indiferentes, como a animales desconocidos, porque la miseria los deforma al extremo de poner en duda la visión desordenada que los ojos no quieren ver para no enfermar de angustia y desesperación.

Atorrantes que pretenden disimular la mugre espantosa de sus neuronas angurrientas, y queriendo pasar por limpios y pulcros se dedican al lavado continuo, pero no de sus sucios procederes, sino de los papeles verdes y de los bienes las habidos que sus siniestras mentes llenas de conocimientos tramposos llevan a efectos con pasmosa impunidad.

Si el cielo anegara la tierra con turbulentas aguas, que arrasaran cuantas vidas ambulan en este desvencijado mundo, los pobres hambrientos no sentirán ese destino adverso porque ya los acostumbraron los explotadores. Éstos sí, sufrirán el tener que dejar las riquezas obtenidas con avidez glotona que rodarían junto a ellos y a los otros en el último momento terminando con sus horas a cuesta, por los caminos borrados llenos de lodo, donde se vislumbraría un espectáculo dantesco de cuerpo y bienes, mezclados arrasados y destrozados por las correntadas impetuosas con las que la furia de la naturaleza dispone.

Entonces, ni el ojo más avizor podría dilucidar, ni remotamente, cuales han sido los buenos y cuales los malos y todo terminaría en la paz más absoluta,


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