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REPLANTEANDO LA INTERACCIÓN GOBIERNO-SOCIEDAD: LECCIONES DE LA GOBERNACIÓN AMBIENTAL EN LA FRANJA MÉXICO-ESTADOS UNIDOS

Ricardo V. Santes-Álvarez


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7.1.1. Necesidad de acuerdos adicionales

Durante gran parte de su campaña, el candidato presidencial William Clinton permaneció indeciso sobre otorgar o no su apoyo al TLCAN. Clinton tenía que elegir entre los oponentes y los proponentes del tratado (los primeros, fuertemente influidos por el candidato independiente Ross Perot, y los segundos, grandes empresas de Wall Street quienes también financiaban su campaña). Además, tenía que anunciar su apoyo a la iniciativa únicamente si se negociaban acuerdos adicionales para salvaguardar el medio ambiente y el empleo. De esta forma, en octubre de 1992, después de un debate al interior de su equipo de campaña, Clinton se pronunció a favor del TLCAN.

A pesar de la fuerte oposición, en diciembre de 1992, México, Canadá y Estados Unidos firmaron el tratado de libre comercio. El siguiente paso era su ratificación en el congreso estadounidense, el paso más difícil de todo el proceso. Hasta cierto punto, el texto del acuerdo respondió a las demandas de los ambientalistas mediante una cláusula que estipulaba que las partes reconocían lo inapropiado de promover la inversión a través del relajamiento de medidas nacionales en salud, seguridad y medio ambiente.

Durante el proceso de aprobación del TLCAN las partes interesadas no tuvieron otra opción que incrementar la relevancia de los asuntos ambientales. Como se ha mencionado, algunos grupos ambientales, agencias de salud y el público consideraron que una liberalización mayor del comercio ocasionaría problemas ambientales y de salud más graves, principalmente en la franja fronteriza. Los gobiernos de México y de Estados Unidos reaccionaron y acordaron mejorar el ambiente en la región mediante la creación de estrategias más abarcadoras. Ese fue el momento de aparición de una nueva ola de iniciativas medioambientales, empezando con el PIAF, del que ya se ha comentado.

En cumplimiento a las declaraciones de campaña del presidente Clinton, las negociaciones sobre medidas adicionales en materia ambiental y empleo empezaron en abril de 1993. En junio de ese año, Clinton ratificó que sin un acuerdo ambiental, así como otros dos acuerdos paralelos (en temas de empleo y emergencias relacionadas con el comercio transfronterizo), él no sometería el TLCAN a votación en Capitol Hill. Era necesario realizar algunas acciones a este respecto, sobre todo considerando que la cámara de representantes estadounidense podría no aprobar el TLCAN. No había otra alternativa para los gobiernos.

Las negociaciones entre los tres países fueron difíciles. Los delegados estadounidenses buscaron fuertes compromisos, concretamente el establecimiento de un secretariado independiente, así como la posibilidad de aplicar sanciones comerciales por fracasos en la aplicación de la ley de la materia. Con todo, en agosto de 1993, los representantes comerciales concluyeron las negociaciones, teniendo como resultados los así llamados “acuerdos paralelos” sobre medio ambiente y empleo. De esta forma, en septiembre, los jefes ejecutivos de Canadá, México, y Estados Unidos, Kim Campbell, Carlos Salinas, y William Clinton, respectivamente, firmaron los textos finales de los acuerdos paralelos del TLCAN.

El cabildeo gubernamental y no gubernamental sobre los pros y los contras del TLCAN se prolongó hasta el mismo momento de la discusión en el congreso estadounidense. Por ese tiempo, promotores y opositores habían aumentado en número e influencia política. Enlistados en el grupo pro-TLCAN hubo funcionarios mexicanos, representantes del congreso estadounidense, y poderosas OANG. Miembros de OANG nacionales tales como la National Wildlife Federation, el World Wildlife Fund, y el Natural Resources Defence Council argumentaron que el acuerdo comercial ayudaría a las ciudades de la frontera a liberarse de los problemas de contaminación y desincentivaría la contaminación en México. Miembros de comunidades fronterizas y OANG con influencia la frontera convalidaron estas aseveraciones.

Algunos de quienes favorecían el acuerdo comercial inclusive señalaron los beneficios que este traería para la economía y el medio ambiente... de Estados Unidos: un ejecutivo de la National Association of Manufacturers declaró que el TLCAN era “la mejor esperanza” de optimizar el medio ambiente en el norte de México y en el suroeste de Estados Unidos; que un acuerdo de libre comercio permitiría a las fábricas desplazarse al centro de México en lugar de concentrarse cerca de la frontera estadounidense, donde ya habían dañado vastas áreas al ocasionar contaminación de aire y agua.


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