BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 13. MARÍA

A pesar de la noche tormentosa y de sus dificultades para caminar, el pequeño Uno Venado y sus amigos Donají y José Pablo se dirigieron a proporcionar ayuda a quien esa noche lo solicitaba:

--¿Qué en verdad se ama en la tierra?. Si del jade amamos su fulgor, y del oro tan sólo su esplendor; y aún del color del plumaje del quetzal su semejanza con la flor, sólo se ama un breve tiempo aquí!, meditaba el pequeño Corazón de Jade ante sus amigos Donají y José Pablo en el jacal de la familia de Felipe Martínez, también de origen noble entre los mixtecos, mientras ayudaba al parto de una de las hijas de éste, la que dio a luz una niña de padre español. Era mestiza.

Donají y José Pablo fueron testigos de cómo en esa época sucedía que la mayoría de los españoles avecindados habían dejado a sus mujeres en España, y no dudaban en tomar por concubinas a las indias de su predilección; y aunque en algunas ocasiones los varones producto de estas uniones eran reconocidos por sus padres para efectos de herencia, las mujeres tenían menos oportunidades de reconocimiento, por lo que no les quedaba sino su identidad indígena.

Una excepción la constituyó el encomendero Don Bartolomé de Astorga, el patrón del pequeño Uno Venado Corazón de Jade, quien tuvo dos hijas con una mujer indígena, a las cuales abiertamente reconoció como su padre, por lo que se les tomó como ciudadanas españolas.

Esa noche Donají y José Pablo descubrieron que para ellos el tiempo transcurría demasiado rápido, y que ya era el año de 1533. Las diferencias sociales estaban ya muy marcadas en Antequera, en la cual sobresalían los más o menos veinte encomenderos con el incipiente clero; y en menor medida el puñado de españoles que trabajaban como artesanos o en actividades manuales por carecer de tierra. Había una notable ruptura entre el estrato español, los indios que entonces vivían en los alrededores de Antequera, y el pequeño grupo de esclavos negros que en su mayoría trabajaban en las escasas minas de Oaxaca.

Sólo se daba un virtual reconocimiento a los indios provenientes de la nobleza -cacique y principales-, y ésto con fines más que nada administrativos, siendo los encargados de garantizar la buena marcha de los negocios españoles en las comunidades netamente indígenas. Felipe Martínez tenía varios hijos. Uno de ellos, también de nombre Felipe, era amigo del pequeño Corazón de Jade.

En esa época era común entre las familias de los indios utilizar a sus hijos menores como recaderos. Así que ese día el pequeño Felipe fue enviado a la recientemente nombrada Ciudad de Antequera para llevar maíz. El niño escuchó un suceso en el lugar, el que narró al pequeño Corazón de Jade y a sus amigos Donají y José Pablo. Alrededor del acontecimiento se había suscitado un escándalo entre los españoles, debido a que hacía pocos días se había hallado muerto en uno de los cuartos de su propia casa a un mestizo, hijo reconocido como heredero por un destacado encomendero español. Al registrar su recámara se encontró un cofre con algún dinero y joyas que se supuso había tomado de su progenitor sin su aviso ni consentimiento. Debido a esto, al joven fallecido se le consideró sujeto a la censura de la excomunión, negándosele un entierro cristiano, siendo ignominiosamente depositado en una fosa en las afueras de Antequera.

Éste fue el motivo que entre los españoles comenzara a correrse el rumor que las personas de ascendencia mestiza eran de "mala sangre", y que poseían una inclinación innata hacia la maldad, aunque se les educara de la mejor manera posible, como había ocurrido con el joven mestizo del escándalo que asolaba Antequera.

Después de escuchar el relato de boca de su amigo Felipe, el pequeño Uno Venado movió la cabeza en señal de negación, y muy en sus adentros, contemplando el pelo negro y los claros ojos de la recién nacida que su madre india mantenía entre sus brazos, reflexionó ante Donají y José Pablo:

--Sí alguien se ama a sí mismo ama a su hijo, porque el Dador de Vida está allí...Tu pequeñita todavía no creces y ya eres motivo de desconfianza en este lugar.

--Otra nota desagradable de esto es que la discriminación atenta contra el nivel de vida de los discriminados, en este caso los indígenas, quienes tendrán que conformarse con un nivel de Bienestar mermado, debido a la exclusión de la cual desde ahora son víctimas, afirmó José Pablo.

--Tenemos que luchar porque esto se acabe lo más pronto posible, insistió Donají.

--Si, pues este abandono va a repercutir en el nivel de vida de las generaciones futuras, insistió José Pablo. Luego comentó a Donají y a Corazón de Jade:

--Según la historia, dentro de algunas semanas se comprobará que el dinero y las joyas que se supuso que el joven mestizo muerto sustrajo del tesoro de su progenitor, habían sido una herencia de su madre india, la que en un cofre las entregó a su hijo sin que tuviera tiempo de avisar de su decisión al propio encomendero que se las donó.

--Pero es probable que esta noticia solamente reavive el viento de los prejuicios discriminatorios que ya soplan sin control en los ventanales de las casas de la recién creada ciudad de Antequera, comentó con desdén Donají.

Rumbo al jacal de Corazón de Jade, y en medio de la tormenta que asolaba esa noche Jalatlaco, los pequeños notaron unas sombras que comenzaron a perseguirlos:

--Parece que alguien nos persigue, comentó José Pablo.

--Si, nos han estado vigilando desde que salimos del jacal de Felipe, afirmó Uno Venado.

--Avancemos lo más rápido posible, comentó Donají.

Así que los tres niños trataron de escabullirse de sus perseguidores, pero al cruzar un pequeño arroyo, los detuvieron varias voces enigmáticas:

--¿Estos son los niños que se nos ordenó detener?, preguntó un ser con la caras deforme.

--Si, estos son, le aseguró una mujer con el rostro desgarrado.

--¡Son los fantasmas de Bezelao!, expresó José Pablo.

--Efectivamente, y vienen a atraparnos, ¡rápido, corramos!, sugirió Donají, mientras que los espeluznantes seres se les acercaban con la intención de atraparlos.

--A mi no me agarrarán, corrió Donají.

--Ni a mi tampoco, la secundó José Pablo emprendiendo la carrera hacia el jacal de Corazón de Jade.

Jadeantes, después de la carrera emprendida, Donají y José Pablo se dispusieron a comentar los sucesos, cuando ambos gritaron llenos de asombro:

--¡Falta Corazón de Jade!, pues su amigo no se encontraba con ellos.

A pesar de la lluvia, rápidamente salieron tratando de divisar en las sombras algún rastro de él, pero todo fue inútil, ya que por más que buscaron nada pudieron hallar:

--¡Corazón de Jade!, ¿te encuentras por ahí?, gritaba Donají.

--¡Uno Venado, amigo, responde!, gritaba a todo pulmón José Pablo, pero nadie les respondió más que la lluvia pertinaz.

Ambos hermanos, resignados, decidieron esperar a que la tormenta amainara para continuar la búsqueda de su amigo desaparecido.


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