BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 9. LAS LÁGRIMAS DE LA HUÍDA

Cuando la Villa de Antequera fue creada poco se pensó en sus necesidades futuras de tierra, tanto para su crecimiento, como para satisfacer su demanda de pastoreo. Debido a que se encontraba rodeada del Marquesado de Hernán Cortés y de pequeños asentamientos indígenas, inicialmente le fue concedida una franja de tierra que se extendía desde el sur de la villa hasta la unión de los ríos Atoyac y Jalatlaco para favorecer la crianza de ganado.

Un año después de este intento, en 1530, le fueron donadas las "tierras de Moctezuma", antes de la llegada de los españoles pertenecientes a los nahuas asentados en Huaxyacac. Todavía en 1532 se le acreditó una circunferencia de tierras comunales de una legua a su alrededor, con la finalidad de favorecer con ello la crianza del ganado.

Pero tales intentos resultaron insuficientes, y poco a poco agravaron las relaciones entre los españoles y sus vecinos, es decir, entre el Marquesado propiedad de Hernán Cortés, y los pequeños poblados de indios, entre los cuales se encontraba Jalatlaco; ya que el ganado español, durante su pastoreo, casi siempre invadía terrenos ajenos a tales donaciones.

Donají y José Pablo fueron testigos de cómo ese atardecer Jalatlaco se convirtió en un pueblo fantasma, con sus calles desiertas, pues uno de sus pobladores, Felipe Astorga, quien también servía al encomendero Don Bartolomé de Astorga por provenir de Soyaltepec, de una pedrada había matado una res al encontrar invadida de ganado español su parcela donde cultivaba maíz para su sustento. Y aunque este hecho fue meramente accidental, no solamente la familia de Felipe Astorga se encontraba temerosa de las consecuencias y represalias que los españoles tomarían para cobrar el suceso, sino Jalatlaco entero.

Esa noche la luz de la luna llena iluminaba completamente la cara del pequeño Corazón de Jade, quien sigiloso se mantenía a la expectativa con sus amigos Donají y José Pablo en el patio de su jacal. Las copas de los árboles se ondulaban con el aire que entonces soplaba mostrando contornos plateados, y las penumbras de los matorrales que crecían alrededor daban la sensación de cobijar seres nocturnos.

Cautelosamente el pequeño Uno Venado comentó a sus amigos:

--Ustedes se están dando cuenta que el camino del indio está rodeado de espinas y penas. Pobre familia de Siete Pedernal Viento de Rayo, extrañamente llamado hoy Felipe Astorga, la que ha tenido que huir para continuar su sufrimiento en otro lugar, como si esta vida, donde ha pasado su tiempo como sombra, no les hubiera proporcionado ya el suficiente penar.

--Desafortunadamente la historia ha sido planteada de esta manera, comentó con tristeza José Pablo.

Durante la tarde, los hijos de Felipe Astorga habían venido a solicitar el consejo y consuelo del pequeño Uno Venado, ya que su familia había tomado la decisión de huir hacia la sierra, rumbo a Villa Alta, donde se decía que los indios estaban levantados contra el español. Lo más probable es que allí se le recibiera con muestras de simpatía, ya que en esos días todos los indios del valle con problemas preferían huir hacia dicho lugar. Además, ya no había otra tierra que les diera su cobijo, incluyendo su nativa Soyaltepec.

--El problema es que yo tenía cifradas mis esperanzas en Felipe Astorga para que nos ayudara a develar el códice que traen, pero ahora eso ya no será posible, comentó con resignación Corazón de Jade.

--Lástima, completó Donají.

La huída de Felipe Astorga trasladó al pequeño Uno Venado Corazón de Jade hacia más anécdotas de su padre, sobre todo del período de los años de 1519 a 1525, relatando a los niños lo siguiente:

--En esa época, acompañando al embajador de Mixtecapam a Tenochtitlan, la casualidad hizo testigo a mi padre del encuentro entre el ejército español comandado por Hernán Cortés y el emperador azteca Moctezuma. Mi padre era miembro de la comitiva de principales que acompañaba a los embajadores mixtecas que fueron enviados a Anáhuac para celebrar tratados de paz, amistad y de comercio con los pueblos de esa región.

El pequeño Corazón de Jade continuó el relato de las vivencias de su padre:

“--Fue cerca del Cihuateocalli o templo de la diosa Toci, diez días antes de la fiesta Quechilli. El hombre blanco avanzó por el rumbo de Iztapalapa. Fue como una pálida cuchilla penetrando el vientre de la nunca profanada Ciudad de Tenoch. Ese día los habitantes de Anáhuac llenaban la calzada para ver con temeroso respeto a esos extraños guerreros que entonces se creía habían brotado del mar.”

El pequeño Uno Venado Corazón de Jade hizo una breve pausa tratando de repetir las palabras de su padre:

“--Todos los embajadores de los pueblos aliados y simpatizantes de Tenochtitlan fuimos testigos de como el emperador Moctezuma se adelantó a su encuentro con Cortés, ordenando a cuatro de sus acompañantes que lo cubrieran con un palio de plumas verdes con grandes labores de oro, con mucha argentería, perlas y piedras chalchíhuitl. Observamos como el orgulloso Hernán Cortés se apeó del caballo queriendo abrazar a Moctezuma, pero se lo impidieron los acompañantes del emperador. Esto lo hizo sonrojar y sentirse desconcertado, augurando los testigos que la amistad entre ambos pueblos estaba negada de principio porque así lo imponía el destino desde el momento del encuentro entre sus dirigentes”.

Luego su padre recordó emocionado el momento cuando varios meses después, aun siendo parte de la comitiva mixteca, las cosas en Tenochtitlan se pusieron francamente convulsionadas. Los embajadores mixtecos decidieron regresar hacia Mixtecapam cuando escucharon que era inevitable la llegada de los españoles a la Ciudad de Tenoch, donde ya escaseaban los alimentos. Recordó como poco después de su huída, escalaban una colina rodeada de hierbas y nopales, desde donde se podía contemplar con toda crudeza el panorama. Observó cómo a pesar de la distancia y la oscuridad de la noche, en la túnica que le cubría la espalda resplandecían las llamas de la recientemente destruida e incendiada Tenochtitlan por parte de los españoles y sus aliados enemigos de los Mexica. Recordó como sus piernas, ágiles en esa época, treparon presurosas buscando la vereda que lo conduciría por el camino de regreso a Mixtecapam. Deseaba lo antes posible retornar para informar a su pueblo lo ocurrido en Anáhuac.”

José Pablo comentó a Donají:

--Desde entonces la inestabilidad política que aun vive Mesoamérica, así como el ambiente militar que enfrentan las regiones, poco a poco han venido aniquilando la economía regional, local y familiar.

--Que difícil momento para pensar en el Bienestar de la gente, pero aun en la época moderna éste Bienestar está ausente de muchas familias, comentó Donají.

--Efectivamente, la contracción económica del momento que nos relata Corazón de Jade ha generado un "explosivo cóctel social" que todavía no expresa por completo sus consecuencias en los conflictos por tierras, el desempleo, el hambre, la enfermedad e incluso la muerte que comienza a asfixiar a los habitantes de hoy, reafirmó José Pablo.

--Y de todo Mesoamérica...Si nos estuviera permitido realizar algo desde ahora, comentó Donají.

--Lástima que nos esté prohibido, afirmó José Pablo.

De pronto, en el fondo del patio de la casa del pequeño Uno Venado escucharon una voz que dijo:

--¡Qué bueno que esto les esté pasando a estos tontos, ya que no se atreven a pelear!.

--Esa voz la conozco, insinuó Donají.

--No me digas, es la voz de...trató de decir José Pablo, pero fue interrumpido por el grito al unísono de los tres niños:

--¡La Matlacihua!.

quienes rápidamente se dirigieron hacia el lugar desde donde provenía la voz, pero solamente lograron ver un zopilote volando hacia la copa más alta de los árboles del patio:

--¡Ja, ja, ja!, ¡Tontos, tontos!, es lo único que son, se carcajeaba la maléfica ave. Donají trató de perseguirla, pero se detuvo, pues el enigmático perro negro apareció de pronto, amenazándola con sus colmillos.

--¡Ten cuidado Donají, ya que ese animal parece tener rabia!, le gritó José Pablo.

--¡Cuidado, es el perro negro!, gritó Uno Venado.

--¿Y eso que significa?, le preguntó su amigo.

--Es un animal del mal, a quien lo mira le causa algún daño o enfermedad. Tengan cuidado, mejor metámonos al jacal, dijo.


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