BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 20. LA CAPITANA

Los Niños Piratas que capturaron a Donají y José Pablo dijeron la verdad. Al poco rato de que fueron aprisionados, todos los Niños de la Ciencia sabían de su existencia. El desarrollo de los sistemas de comunicación e información era tal, que en pocos instantes se daban a conocer los sucesos de relevancia.

Su conversión a la vida subterránea había obligado a los Niños de la Ciencia a desarrollar los más sofisticados sistemas de comunicación e información, basados en alta tecnología para la generación de energía aprovechando prácticamente todo el tipo de materia que se tuviera a la mano, especializándose en las Ciencias de lo artificial.

Cuando los hermanos finalmente fueron conducidos a la Ciudad de Monte Albán-Maíz donde radicaba su capitana, pudieron comprender el sentido finamente musical y visual de los Niños Corsarios. Para su traslado fue utilizada una carabela de velas que se desplazaba en el aire a grandes velocidades. Todo lo contemplado en el buque pirata les pareció una pequeñez comparado con el concierto de luz y sonido que desbordaban las calles y edificios principales de Monte Albán-Maíz. En ella los Niños Corsarios atesoraban sus conocimientos.

Cuando Donají y José Pablo arribaron a Monte Albán-Maíz, “Adivina Ruborosa” era el nombre de la cabecilla de los Niños Corsarios, a quien todos se referían como “la capitana”. La importancia de Adivina Ruborosa resaltaba porque era la primera pirata que entablaba pláticas con los representantes del Gran Rubicundo de la Ciencia, con el deseo de establecer una paz duradera para ambos Imperios.

La capitana, debido a su valentía e inteligencia, había pasado a ser la jefa del cuerpo director del Imperio de los Niños Corsarios. Sus gestiones desde el inicio de sus actividades como dirigente habían resultado muy acertadas, y esto dio la posibilidad a los Niños Piratas de ser tomados en cuenta por los Rubicundos.

--Todo esto me parece un sueño. Que bueno que una niña sea la capitana de los Niños Piratas, y que esté luchando porque en Monte Albán del Futuro no haya divisiones ni pobreza, comentó Donají a José Pablo.

Los hermanos fueron presentados a la capitana cuando ésta ofrecía un banquete en honor del cuerpo diplomático que acababa de efectuar una misión de paz en Tecno-Monte Albán, y que había tenido bastante éxito. Donají y José Pablo fueron introducidos junto con otros Niños Piratas a un gran salón. Aunque abundaban las mesas de comida y bebida, el ambiente solemne que allí existía hacía creer que dicha celebración era cualquier otra cosa menos un banquete. Los hermanos fueron presentados ante los Niños Piratas, los cuales los saludaron diciendo:

--¡La Ciencia para Todo, Todos para la Ciencia!.

--No parece que estén de buen ni de mal humor, se ven tan serios que ni siquiera se parecen a los piratas a los que estamos acostumbrados, comentó José Pablo a Donají.

El silencio entre los presentes fue roto por Adivina Ruborosa, cuando de viva voz agradeció la entrega de los prisioneros:

--¡Corsarios!, agradezco que se hayan preocupado por traer hasta este recinto a los niños que atraparon y que dicen llamarse Donají y José Pablo.

Inmediatamente la capitana mandó servir la cena, que eran solamente alimentos sintéticos como pastillas, pastas, galletas y bebidas artificiales, que carecían de sabor, pero según sus etiquetas contenían los nutrientes necesarios para las personas:

--Esto no sabe a nada, se quejó Donají con su hermano.

--Creo que no conocen lo que es el gusto, fue el comentario de su hermano.

Durante la celebración, Adivina Ruborosa estuvo pendiente de todo suceso, pero antes de retirarse, los prisioneros se percataron que ésta dio la orden de que fueran conducidos hasta ella:

--Estoy enterada de su carácter pacífico, y de su deseo de encontrar a Quetzalcóatl: nosotros les ayudaremos en todo lo que podamos. Daré instrucciones a los míos, en especial al Morrongo, el Mayor de los Filibusteros, mi segundo de a bordo, para que nada les falte, fueron sus palabras.

--Gracias, respondieron Donají y José Pablo. Éste último se ruborizó cuando la saludó.

Al otro día, mientras los hermanos se encontraban acompañando a Adivina Ruborosa y ésta despachaba los últimos asuntos del día, escucharon una melodía parecida a una tonada terrenal cantada en su lugar de origen, que decía:

--“Que lejos estoy del suelo donde he nacido...Intensa nostalgia invade mi pensamiento, y al verme tan solo y triste cual hoja al viento, quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento”...la cual ambos hermanos comenzaron a cantar, brotando de sus ojos lágrimas de emoción. La capitana, así como las pequeñas y los pequeños corsarios que los rodeaban lo notaron acercándose a ellos.

--¿Qué significa eso que muestra su semblante?, preguntó intrigada Adivina Ruborosa.

--Nada importante...pero la música nos hizo sentir las emociones que guardamos muy dentro de nosotros, respondió Donají.

--La palabra “sentir” que acabas de mencionar es una necesidad entre nosotros, y que aun con el legado de la Ciencia de la Armonía y el Bienestar no logramos hacer realidad, manifestó la capitana.

De pronto, Donají y José Pablo decidieron ponerse a cantar y bailar, provocando un verdadero revuelo entre los niños y las niñas Piratas que los contemplaban, quienes no salían del asombro que les provocaba la alegría repentina desbordada por Donají y José Pablo:

--¡Vamos todos a bailar, basta de solemnidad!, se dirigió Donají a los Corsarios que la contemplaban, tomando del brazo a uno de ellos invitándolo a bailar, haciendo lo propio José Pablo con las corsarias que atentas lo observaban.

Otros niños y niñas Niños Piratas empezaron a palmear, y de manera espontánea se acoplaron al improvisado baile, al que la propia capitana se integró bailando y riendo alegremente con José Pablo. El encuentro terminó en una gran fiesta, al final de la cual la capitana dijo:

--Quiero que se preparen y descansen, pues mañana a primera hora haremos una visita a las Hormigas.

--¿En la Isla de las Hormigas?, comentaron sus correligionarios.

--Efectivamente. Las hormigas de la Isla tienen una deuda con nosotros, pues siempre han sido aliados de los Rubicundos, y se rumora que ellas mismas se apoderaron de los colores de nuestro mundo. Como notarán, no sólo su dimensión está siempre gris o llena de sombras, sino también este mundo lo está, se dirigió la capitana a Donají y José Pablo.

--Esas hormigas nos la deben, pues resguardan los métodos dogmáticos de investigación, insistió el Morrongo, quien dirigía el séquito de piratas que acompañó a la capitana a descansar.


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