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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 14. EL ESCAPULARIO

Era un espectáculo ver avanzar las mulas y burros llevando su carga, pues en Oaxaca se habían puesto en uso sustituyendo a los tamemes que antes realizaban la actividad del transporte de mercancías, los que, sin embargo, seguían formando parte de los arrieros y guías de las expediciones comerciales.

Ese día llegó una recua a Jalatlaco proveniente de Antequera, que hacía varias semanas había partido de la capital de la Nueva España, y que se dirigía al sur rumbo a Tehuantepec, Chiapas y Guatemala.

Mientras los adultos se formaban en filas viendo su paso a lo largo de las calles, los niños corrían alrededor de las mulas y burros, provocando el nerviosismo de los animales, lo que alebrestó a unas mulas haciendo que tiraran su carga. Esto obligó a detenerse a los arrieros, quienes debido al retraso que ello les ocasionó, decidieron pernoctar en Jalatlaco, y seguir su camino hasta el otro día con las primeras horas del amanecer. La casualidad quiso que en la comitiva fueran dos indios mixtecos, mismos que fueron reconocidos por la familia de Felipe Martínez en Jalatlaco.

Lo anterior dio motivo a que en el patio comunal de la pequeña población se armara una improvisada romería alrededor de la detenida comitiva, que ni las sombras de la noche hicieron que se desbaratara, sino que por el contrario, avivaron la imaginación de los indios que atentos escuchaban las historias que les narraban los arrieros.

Donají y José Pablo participaban en uno de los corrillos alrededor de los arrieros mixtecos, tratando de preguntarles si de casualidad en su camino no habían visto a su amigo Corazón de Jade, y aunque la respuesta de éstos no resultó afirmativa, atentos escucharon que para los arrieros lo más importante que ocurría en la capital de la Nueva España era la aparición de una Virgen en el cerro del Tepeyac, de cuya existencia ya sabía la gente de Jalatlaco.

--Se llama Juan Diego el primero que vio a la Virgencita, que antes de su bautizo se llamaba Cuauhtlatoatzin, "el que habla como águila". Ella tiene por manto el cielo y está vestida de sol, con la luna sostenida por un ángel a sus pies, aseguró uno de los arrieros haciendo que la imaginación de los presentes tratara de ver lo que los arrieros les contaban.

Otro de los arrieros continuó diciendo:

--Sí, todos los indios de la antigua Tenochtitlan se reúnen a contemplar a la Virgencita del Tepeyac. Sus procesiones son inmensas, llenas de color, cada uno le rinde culto según sus propias costumbres. Yo ya fui a una procesión, y nunca, de verdad, sentí algo tan maravilloso como contemplar su rostro que es moreno, así como su imagen vestida de estrellas.

Dicho lo anterior, uno de los arrieros extrajo un escapulario que a la luz de la luna fue recorrido por los ojos ansiosos de los indios que lo vieron, entre ellos Donají y José Pablo, en el que se entreveía la figura de la Virgen descrita.

Durante el trayecto hacia la morada de su amigo Corazón de Jade, Donají y José Pablo se mostraban preocupados. Aunque sus informantes vinieron a confirmarle lo que su amigo ya les había comentado que:

--El mensaje de la sabiduría de su pueblos le sería comunicado por símbolos que serán entregados a los escogidos,

esto no les resolvía el problema de cómo poder encontrar a su amigo Uno Venado. Cansados de su búsqueda por todo Jalatlaco y sus alrededores, se dispusieron a descansar.

Extrañamente, ambos hermanos soñaron que caminaban por una senda alegrada por el canto del ruiseñor, que aunque empinada, no costaba trabajo transitar. Al final de la senda se encontraba un templo hecho de cristal, sobre el que volaban muchas águilas, de cuyo interior brotaba una inmensa luz, y donde esperaban encontrar la imagen de la Virgen del Tepeyac, y cuando quisieron entrar, el templo se volvió de piedra, escuchándose dentro de él quejas y llantos. Con angustia descubrieron que en la parte donde se encontraba la entrada principal estaba una inmensa roca, que por ser tan lisa hacía que se resbalaran los que deseaban escalarla. Arriba de la misma una gigantesca araña se aproximaba para devorar a la gente del templo. Se juntaron con toda la gente de Jalatlaco que en tropel se introdujo al templo, cerrándose el portón de acceso, y los devotos, solamente indios, se arrodillaban llorando con desesperación en la oscuridad alumbrada por velas que todos poseían en las manos. Entonces vieron una pequeña puerta detrás del altar, preguntándose por qué la gente no salía por ella. Pero al asomarse descubrieron que atrás de la misma se encontraba un campo lleno de alacranes y serpientes que hacían imposible marchar por él. Se introdujeron al templo, en el cual el hacinamiento hacía el aire cada vez más irrespirable. y cuando todo parecía perdido, se les ocurrió quitarle una vela a una india que hincada se cubría la cara con su reboso, pensando que con ella podrían abrirse paso entre las serpientes y alacranes, lo que efectivamente sucedió cuándo les acercaron el calor de la flama de las velas que tomaron entre sus manos. Y así avanzaron, y con regocijo se percataron que toda la gente del templo, ahora con cara de felicidad, los seguía a lo largo del camino abierto por ellos, al final del cual se veía allí la gran luz, proporcionada por la Ciencia Antigua, que les mostraba en un códice su amigo Corazón de Jade, quien tradujo sus símbolos afirmando:

--“La Ciencia del Bienestar se encuentra en Monte Albán”.

Donají y José Pablo se levantaron emocionados, comentándose el sueño:

--¿Por qué razón soñaríamos lo mismo?, preguntó Donají.

--Tal vez tiene que ver con la posibilidad de localizar a Corazón de Jade, le comentó José Pablo.

Como estaba amaneciendo, tuvieron la suerte de ver partir a los arrieros. Ambos se quedaron con la duda, aparte de la provocada por su sueño, de si algunas de las figuras que divisaron en la comitiva que partía hacia el sur eran las de la familia Martínez, entre las cuales destacaba la silueta del pequeño Felipe. Después decidieron buscar en la Villa de Antequera a su pequeño amigo.

Por la tarde, cuando regresaron al jacal de Uno Venado, en su interior escucharon el llanto de la pequeña María. Rápidamente la tomaron entre sus brazos, confirmando que efectivamente la familia de Felipe Martínez había huido hacia el sur, dejando abandonada en el jacal de Corazón de Jade a la niña mestiza nacida hacía sólo unos meses:

--¡Cálmate pequeña, nosotros te ayudaremos!, la tomó cariñosamente entre sus brazos Donají.

--¿Te das cuenta que esta pequeña tiene los rasgos de Flor de Luna?, fue el comentario de José Pablo.

--Es verdad, ¿recuerdas las palabras de Flor de Luna cuando nos sugirió que tal vez nos encontraríamos en el pasado o el futuro aunque con otra forma?, recordó Donají.

--Es cierto, pero ahora urge apoyar a esta pequeña, y tenemos que encontrar quien verdaderamente se haga cargo de ella, sugirió José Pablo.

Los hermanos rápidamente llevaron a la pequeña ante las autoridades de Jalatlaco, quienes le buscaron una familia que la ayudara a crecer. Y así sucedió, fue adoptada dándosele más adelante el nombre de María.

Otro suceso de igual importancia robó la atención de Donají y José Pablo. En el petate donde habían dormido encontraron el escapulario que la noche anterior les fue mostrado por los arrieros. Éste se enredó entre las ropas de José Pablo sin querer, y el escapulario traía inscritos unos símbolos en la parte posterior:

--¡Mira, otra vez los símbolos del códice!, comentó emocionado José Pablo.

--Es verdad, confirmó Donají.

--Son los mismos del sueño, afirmó José Pablo.

--Lo cual significa que....Donají no pudo terminar su frase:

--¡“La Ciencia del Bienestar se encuentra en Monte Albán”!, expresaron al unísono ambos hermanos.

--¿Será este el mensaje de Quetzalcóatl?, preguntó Donají con emoción.

--Parece que sí, comentó José Pablo.

--Es la misma idea que nos transmitió nuestro sueño.

--Lo que Quetzalcóatl nos sugiere es luchar por el Bienestar de la gente, sugirió José Pablo.

--Lo haremos con gusto, insistió Donají.

--Al fin hemos podido entender su contenido, comentó su hermano.

--El mensaje nos sugiere ir a Monte Albán, ¿y si vamos para allá ahora?, insinuó Donají.

--¡Qué esperamos, vayámonos ya!, expresó con energía José Pablo, dirigiéndose los hermanos a Monte Albán.


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