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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 7. EL DÍA DE LA HIGUERA

Uno Venado recomendó regresar al solar de Don Bartolomé, ya que se enteró que allí había llegado gente de su pueblo que él pensó podrían ayudar a sus amigos a traducir su códice:

--Tal vez las personas que llegaron aun tengan en su memoria vivas las enseñanzas de Quetzalcóatl, iremos con el pretexto de llevar más mantas, recalcó a Donají y a José Pablo.

Al llegar al solar, el pequeño Corazón de Jade y sus amigos se encontraron a Don Bartolomé, el encomendero, platicando con Fray Lucero, quien se hallaba saboreando un higo. Escucharon a ambos decir con entusiasmo:

--Don Bartolomé, qué buena idea la suya de traer matas de higuera a esta tierra que tanto las necesita. Ahora vuestra merced podrá decir, como lo hizo nuestro Señor Jesucristo: "...Cuando ya su rama está tierna y brotan sus hojas, sabed que el verano está cerca..."; pues éstas son buenas higueras, no como la que amonestó Nuestro Señor por su infecundidad, de la que dijo: "...Nadie nunca jamás coma fruto de ti..."; y por eso se secó. En mi pueblo natal allá en España, las higueras crecen al borde del camino, y en el patio de la casa de mis padres estaba una higuera inmensa, solitaria, que desde lejos dejaba ver que estaba de hojas crecidas. Sus higos aún no maduraban cuando ya pasaban por la boca de mis hermanos y la mía, y eso disgustaba a mi madre que en paz descanse, comentó Fray Lucero.

--Así es. Algo de nuestra madre España llegó aquí con estas higueras, y también muchos de nuestras recuerdos, dijo Don Bartolomé con nostalgia, mientras tomaba al cura del brazo para llevarlo al interior de la casa. Pero antes se detuvo para preguntar a los niños que se encontraban a la entrada de su zaguán:

--¿Y ustedes que desean?

--Venimos a entregar unas mantas, le respondió Corazón de Jade.

--Y nosotros buscamos la Ciencia Antigua, expresó en voz alta Donají.

--¿La “ciencia”?, ¿eso que es?...que cosas tan extrañas dicen estos niños de por aquí, intervino Fray Lucero.

--Así es, completó Don Bartolomé.

--Señor fraile, la Ciencia es una palabra que proviene del latín “scientia”, y es una actividad humana de gran importancia, que puede entenderse como el conjunto sistemático de conocimientos, métodos y conceptos con que el hombre describe y explica la realidad que observa, señaló José Pablo.

--Dada la unidad fundamental del universo, la Ciencia es una sola; pero 1a diversidad de aspectos que éste nos presenta hace necesario dividirla en muchas ramas distintas: Física, Química, Biología, Economía, etcétera, intervino Donají.

--La Ciencia comenzó con las observaciones elementales, a veces subjetivas, en que los hombres desde la antigüedad han basado sus reglas de aplicación práctica, y que gradualmente se desarrollará en los siglos subsecuentes por la acumulación de conocimientos, insistió José Pablo.

--La Ciencia se basa en el “método científico”, el cual deriva de cultivar la actitud humana hacia la imparcialidad racional y la atención a la información o evidencias de la realidad en concordancia con las explicaciones derivadas de las teorías, hipótesis, o simplemente el “pensamiento científico”, completó Donají.

--¡Vaya, vaya!, ¿ustedes en realidad quiénes son?, se quedó mirando Don Bartolomé a Donají y José Pablo, e iba a decir algo más, cuando lo interrumpió su administrador Juan Astorga quien afirmó:

--Estos niños provienen de la simiente de Jalatlaco, de su vasallo Corazón de Jade...

--¡Ah!, ese hombre tan fiel que tuvo tan trágico fin...bueno, reflexionó Don Bartolomé.

--¿Ciencia?...Tal vez se refiera a la manera en que debemos cimentar las bases de la fe en estas tierras que tanto lo necesitan, razonó Fray Lucero.

--No exactamente, pues la Ciencia no necesariamente es algo opuesto a la religión, es algo diferente, más apegada a la idea de generar conocimientos que aparte de explicar la realidad, impacten el Bienestar humano, insistió José Pablo.

--¿Bienestar humano?...Que más Bienestar que el que emana de la salud y la fidelidad al Virrey y al Rey de España nuestro Señor, aseveró con seriedad Fray Lucero.

--El Bienestar a que se refiere mi hermano tiene que ver con las condiciones objetivas y subjetivas de la vivencia humana como el disponer de agua, alimentos, vivienda, seguridad, en fin. Mire señor fraile, muchas “cosas” que aquí utilizamos derivan del conocimiento humano creado en este lugar. Aquí se “inventó” la agricultura casi diez mil años Antes de Cristo, también las ciudades como...

En este punto José Pablo hizo una señal a Donají para que guardara silencio mientras contemplaban el desconcierto de Fray Lucero.

--¿La agricultura inventada aquí?, razonó el fraile.

--Tenemos que marcharnos a cumplir nuestra misión, dijeron los niños retirándose rápidamente de ahí, dejando con la palabra en la boca a uno de los pilares del movimiento religioso en Oaxaca.

--¡Creo que no saben de Monte Albán!, y con su visión del mundo tal vez lo destruyan si les revelamos su existencia, comentó José Pablo.

--Es verdad, y yo que ando de bocona, respondió Donají.

--Acuérdate que estamos en el Siglo XVI, y la Ciencia es desconocida aun. La máxima autoridad hoy en día es la Biblia. Apenas están por llegar los experimentos de Copérnico, Kepler, Galileo y Bacon. Éste hasta principios del Siglo XVII explicará el valor del método inductivo y experimental, recordó José Pablo.

--Es verdad. Falta mucho para la creación de las Sociedades y Academias científicas europeas como la Royal Society de Londres, que ocurrirá en 1660, la Academia de las Ciencias de Paris en 1666, la Academia de Ciencias de Berlín en 1700, y la de San Petersburgo en 1725, por mencionar las primeras, donde por cierto España está más preocupada por la religión y el coloniaje, confirmó Donají.

--Sí, y será hasta el Siglo XIX cuando prácticamente se emprenda en Europa un camino serio y decidido por el avance de la Ciencia, insistió José Pablo.

--¿Pero por qué estamos en el Oaxaca del Siglo XVI?, ¿qué tiene que ver con la Ciencia?, ¿por qué Quetzalcóatl nos envió a este periodo?, fueron las dudas que se atrevió a exponer Donají.

--No creo que tenga que ver con descubrimientos científicos propiamente dichos. Considero que más bien se relaciona con el contexto con el que iniciará la sociedad oaxaqueña, basado en su visión religiosa del mundo, y el apego irrestricto a sus autoridades. Quetzalcóatl tal vez quiere que seamos testigos del sentido científico de los pueblos antiguos, se explayó José Pablo.

--Es verdad...como les he comentado, mi padre guardaba muchas cosas que tienen que ver con la Ciencia Antigua, la que fue proporcionada por Quetzalcóatl a nuestros antepasados, intervino el pequeño Uno Venado.

En ese momento apareció el administrador Juan Astorga, quien dirigiéndose a los niños los inquirió:

--No hace mucho que estuvieron aquí.

--Pero traemos más mantas, unas que se nos olvidó entregar en nuestra última visita, le respondió el pequeño Corazón de Jade mientras hacía una seña a sus amigos para que buscaran en el interior de la casa a la gente de su pueblo.

--No recuerdo que haya quedado ningún pendiente, comentó el administrador.

--Como ya le dije, olvidé entregar estas mantas, insistió el pequeño Uno Venado.

--¡Uhm!...por ahora te las acepto, pero se quedarán como un adelanto de tu tributo. En agradecimiento te obsequio este fruto de la higuera de Don Bartolomé, pues tú ayudaste a plantarla...Ten, toma, insistió el administrador que ese día se encontraba de buen humor, despidiendo al pequeño Corazón de Jade, que rápidamente buscó a sus amigos, quienes le comentaron:

--Efectivamente aquí estuvieron unas personas de “la Mixteca”, pero eran unos arrieros que según nos informaron pronto se marcharon. Ahora los únicos conocimientos nuevos que aquí se encuentran son las plantas traídas de España, comentó José Pablo.

--Que además, ya se sembraron para enriquecer la flora de estas tierras, comentó Donají.

--Entonces tenemos que pensar en otra opción para hallar a Quetzalcóatl, pero mientras, marchémonos, no se vaya a molestar el administrador, comentó el pequeño Uno Venado.

Y mientras avanzaban a casa, les fue platicando a sus amigos algunas anécdotas:

--Mi papá y yo ayudamos a excavar las cepas donde fueron plantadas la "higueras" que Don Bartolomé había mandado traer de la capital de la Nueva España para adaptarlas en su solar. Al principio nos desilusionamos cuando contemplamos que debíamos sembrar unas ramas de hojas secas y frutos arrugados. Entonces nos preguntamos: "¿Serán fértiles estas ramas?, ¿darán su fruto en una tierra desconocida?"; mientras colocábamos los tronquitos en el lugar donde debían de brotar. Nos marchamos de allí con la esperanza de que algo nacería de lo plantado. En las ocasiones posteriores que visitamos el solar de Don Bartolomé, lo primero que hicimos fue cerciorarnos si las matitas de la higueras habían reverdecido.

Y el pequeño Uno Venado Corazón de Jade continuó:

--“No va a pegar ningún tronco de ésos”, nos recalcó en una ocasión con desdén el administrador Juan Astorga, pero en el fondo de nuestro corazón deseábamos que al menos una matita brotara, pues al haberlas plantado nos sentíamos sus progenitores.

--Te felicitamos, ya que este tipo de trabajo es el que permite que las regiones aumenten su riqueza, le comentó José Pablo.

--Y esto contribuye al avance del saber y el Bienestar de la población, lo cual ha hecho el encomendero sin saberlo, le recalcó Donají.

Ese atardecer, mientras el pequeño Corazón de Jade y sus amigos saboreaban un higo a la entrada de su jacal, contemplaban un sol rojo, de fuego, que entonces bajaba silencioso por el poniente.

--Ese es un sol propio de nuestra Madre Tierra, que nos recuerda que algún día la Ciencia Antigua realmente contribuirá para el Bienestar de nuestro pueblo, dijo el pequeño Corazón de Jade mientras engullía el último trozo del fruto que esa tarde disfrutó.

--No cabe duda que en el momento histórico de que somos testigos, a la religión se le cimentaron unas bases sociales sólidas: ¡ojalá así se hubieran creado las de la Ciencia y la Tecnología!, comentó José Pablo como corolario de los sucesos vividos ese día.

--Ya empecé a preocuparme, pensé que sería fácil encontrar quien nos tradujera el códice, pero ya me di cuenta que no, comentó Donají.

--Tienes toda la razón, completó José Pablo.

--No se desesperen amigos, les aseguro que encontraremos quien nos ayude en la misión que traen, los consoló el pequeño Corazón de Jade.

--Gracias por tu consuelo y ayuda, le agradeció Donají.


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