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EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 17. LA DESPEDIDA DE MONTE ALBÁN DEL PASADO

Era ya de madruga. El amanecer se acercaba a Monte Albán.

La noche se había transformado, de gris y tétrica, a azulada y tachonada de estrellas. Transcurría apaciblemente. Solamente el canto de un grillo interrumpía, por ratos, la tranquilidad que se había creado alrededor de la ciudad. Los niños se encontraban sentados alrededor de la plaza principal, tratando de reflexionar sobre lo que les acababa de ocurrir:

--¡Qué hermoso es lo que nos ha sucedido!, ¿viste a los animales que aparecieron?, comentó Donají.

--Si, pero también desaparecieron muy pronto, al igual que la cabeza del Dueño de los Animales, que no pudo detener su rodar cayendo por los barrancos de Monte Albán. Quien sabe adonde iría a parar.

--¿Y ahora qué haremos José Pablo?.

--No lo sé Donají, a menos que Corazón de Jade nos sugiera lo que es conveniente.

--Tampoco tengo idea alguna, fue el breve comentario de su amigo.

Cuando más seguros estaban que su viaje había resultado inútil, empezó a sentirse una extraña actividad, pues la plaza principal de Monte Albán nuevamente comenzó a ser invadida, pero ahora por un murciélago, un tlacuache, un jaguar, un abuelo, una bola de fuego, una serpiente, un gavilán, un quetzal, un hombre y una mujer ataviados con nubes, un hombre con varios tenates de mazorcas y maíz a cuestas, y finalmente un hombre y una mujer que llevaban en sus pechos y en sus manos símbolos de la muerte. Cada uno de estos personajes que aparecieron se fueron posesionando de un lugar, donde adquirieron su forma verdadera. Eran los dioses de las ciencias protectoras de las regiones de los binigulazas, y que ya antes habían tenido contacto con Donají y José Pablo, quienes, junto con su amigo Corazón de Jade, se quedaron sorprendidos del prodigio que veían.

En occidente se instaló la diosa Once Muerte, que llevaba en sus faldas dos barras y un punto con el símbolo de la muerte que lucía como pectoral. En el norte se situó el dios Murciélago, y en el sur Cocijo, el dios zapoteca de las lluvias. Pero quedó vacío el trono de oriente, el cual debería ser ocupado por Quetzalcóatl, el dios que proporcionaba la sabiduría, la Filosofía y la Ciencia en Monte Albán.

El dios Jaguar, con insignias en su pecho que denotaban que era el guardián de la Historia, se quedó vigilando el lugar, mientras los demás dioses se instalaban en otros puntos estratégicos de la plaza de Monte Albán para dar inicio a la urgente reunión. El dios del Tiempo se acercó a los niños diciéndoles:

--Ustedes son nuestros invitados principales. Los convido a pasar al centro de la plaza de Monte Albán para que participen en nuestra reunión, ¿aceptan?.

--Con mucho gusto lo haremos, pero estamos acongojados porque hemos fracasado en nuestra misión, respondió con tristeza Donají.

--Mi hermana tiene razón, no estamos muy convencidos de participar en una ceremonia tan importante.

--Mis amigos sienten lo mismo que yo, intervino Corazón de Jade.

--No se preocupen, pues precisamente esta reunión ha sido convocada para orientarlos y ayudarlos en su misión, los consoló el dios del Tiempo, quien seguido de los tres niños se dirigió hacia la plaza central de Monte Albán, donde dirigiéndose a la diosa Once Muerte preguntó:

--¿Qué tiempo es, tú que cuidas las tinieblas y la Arqueología?. Y ésta respondió:

--El tiempo asignado para realizar lo que se nos ha encomendado controlador del Tiempo.

--Si es así, Señor del Fuego y protector de las ciencias de la Antropología y la Sociología, continuó el dios, encended la Llama Eterna.

Cumplido lo anterior por el dios del Fuego, el dios del Tiempo se dirigió a Cinco Flor, el dios del verano que había llegado en forma de gavilán, a quien preguntó:

--¿Qué no hay esta noche para nosotros Señor de la Biología?.

--La luz del Arco Iris de la Ciencia, respondió el dios Cinco Flor.

--¿Por qué, Señora de la Humedad y de la Ecología?, preguntó el dios del Tiempo a la diosa Uno Caña.

Y ésta respondió:

--Porque Quetzalcóatl está ausente.

--Siendo esto así, ¿qué es lo que nos resta concluir, señor de lo pendiente?, preguntó el dios del Tiempo al dios Abuelo, el encargado de la Ciencia Política, así como de guardar las cuevas y los hogares de las familias indígenas.

--Regresar al punto de partida. Todo tiene su ciclo, y los propios dioses tenemos que respetar este designio.

El dios del Tiempo alzando la voz, dijo emocionado:

--Quiero recordar las palabras de Quetzalcóatl, quien nos recalcó que los dioses somos los guardianes de las regiones: algunos de su economía, otros de su cultura, otros de su arte, pero todos en conjunto de su seguridad y sobrevivencia, ¿pero que ha sucedido con el Bienestar de la gente?. Quetzalcóatl se ha perdido no solo entre nosotros los dioses, su ausencia se nota en las regiones, el ambiente y la propia humanidad, pues falta el Bienestar y la Armonía: se ha perdido la Ciencia Antigua, y también el conocimiento del hombre y su sociedad. Tenemos que encontrarlos, y esta es la razón por la cual hemos traído a estos niños a este lugar y en esta época, pues tenían que encontrar a Quetzalcóatl, sin que hasta ahora les haya sido posible.

Entonces el dios del Tiempo se dirigió a los niños diciéndoles:

--Niños, queremos solicitarles que continúen ayudándonos en la búsqueda de Quetzalcóatl, aun cuando en esta dimensión y en este tiempo no hayan podido completar su encomienda: ¿todavía están dispuestos a ayudarnos?.

--¡Con gusto lo haremos!, respondieron Donají, José Pablo. El pequeño Uno Venado Corazón con entusiasmo se unió a ellos.

--Solamente lo podrán hacer ustedes dos, se refirió el dios del Tiempo a los hermanos, agregando:

--Tú te quedarás con nosotros, pues necesitamos a alguien que sea el responsable de la Medicina, señaló al pequeño Uno Venado Corazón de Jade que no supo que responder.

--No te asustes: tú vendrás con nosotros los dioses, e irás a nuestra morada, desde donde seguirás ayudando a tu pueblo como es tu deseo, agregó el dios.

--Si así lo disponen, lo haré gustoso, respondió con humildad el pequeño Corazón de Jade.

--¿Significa que ya no regresará a Jalatlaco?, interrumpió Donají.

--Así es, su amigo se quedará para siempre en el hogar de los dioses de Monte Albán, desde donde presidirá las Ciencias Médicas y de la Salud.

--¿Y no sufrirá por esto?, intervino José Pablo.

--Claro que no, él será feliz con nosotros, respondió el dios.

--Amigos, no quiero marcharme sin despedirme de ustedes: que la felicidad y la armonía los acompañen siempre, dijo el pequeño Uno Venado abrazando a sus amigos Donají y José Pablo.

--Corazón de Jade, siempre serás nuestro amigo, y estamos seguros que lo que aquí está sucediendo es lo mejor para todos nosotros, le comentó José Pablo con un nudo en la garganta.

--Amigo, adiós, dijo Donají sin poder decir nada más pues no pudo contener las lágrimas.

Después de su breve pero emotiva despedida, el pequeño Corazón de Jade se dirigió al dios del Tiempo diciendo:

--Estoy a su disposición.

Entonces el dios del Tiempo tomó al pequeño de la mano, y con él se dirigió hacia occidente, donde se encontraba la diosa Once Muerte, quien tomó al niño entre sus brazos. El dios se encaminó al norte, donde se ubicaba el dios Murciélago, y finalmente rumbo al sur, donde permanecía el dios Cocijo, quienes entregaron sus insignias al dios del Tiempo. Después éste avanzó hacia el centro de la plaza principal de Monte Albán, donde ardía la llama eterna, depositando las insignias recibidas, las que comenzaron a arder despidiendo un agradable olor a incienso.

Después llamó a los demás dioses para que se unieran a él, y todos juntos, tomados de las manos, hicieron que apareciera el Arco Iris de Quetzalcóatl, el cual sirvió de escalera para que el pequeño Corazón de Jade se fuera al cielo con los dioses. Éste insistentemente movía sus manos en señal de despedida hacia sus amigos, mientras se diluía en el mar de colores en el que se encontraba.

Finalmente los demás dioses se acercaron a Donají y José Pablo, diciéndoles:

--Les agradecemos que nos ayuden a alcanzar el Bienestar para las regiones y la gente. Es necesario reanimar el “paradigma del Bienestar”, y para esto necesitan encontrar a Quetzalcóatl. Todos estamos en espera de la armonía y el Bienestar que pueden proporcionar las Ciencias Sociales.

--¿Y cómo lo encontraremos?, preguntó Donají.

--En otra dimensión sucederá, pues en el lugar y el tiempo presente esto ya no será posible, la oportunidad que tuvimos se nos fue, pues Bezelao tiene en su poder la piedra oscura, así como el códice de Quetzalcóatl. Y Bezelao ha decidido huir a otra dimensión, comentó el dios del Tiempo.

--¿Significa que nuestra misión aquí terminó?, insistió José Pablo.

--Así es...tendrán que emprender el viaje a otro tiempo, aunque en la misma dimensión espacial de su región, recalcó el dios.

--¿Y cómo podremos viajar hacia allá?, intervino Donají nuevamente.

--Por eso los dioses estamos aquí, pues es nuestra obligación ayudarlos a desplazarse hacia allá.

--¿Y qué nos sugieren hacer?, inquirió José Pablo.

--Estar atentos para saber osar, saber tener, y saber inquirir, recalcó el dios.

--Además, estar preparados para la Gran Batalla, pues los dioses oscuros que se oponen al Bienestar no están dispuestos a dejarse derrotar tan fácilmente, ustedes se han dado cuenta con cuanta enjundia se oponen al Bienestar, así que ellos ya se han organizado para emprender una batalla decisiva contra los seres de Luz. Tal vez a ustedes les toque ser testigos de esta lucha, intervino la diosa Once Muerte.

--Niños, ¿están preparados para su viaje?, preguntó el Dios del Tiempo.

--Lo estamos.

--Entonces, hermanos dioses, acérquense, para enviar al futuro a nuestros amigos, llamó el dios a las demás deidades presentes, quienes se acercaron formando un círculo alrededor de los niños. Pero antes de que se tomaran de las manos los detuvo una voz:

--¡Esperen, yo también quiero participar en el suceso!.

--¡Bienvenido seas Dueño de los Animales!, lo saludó el dios del Tiempo.

--¡El Dueño de los Animales en persona!, exclamó Donají.

--Así es amigos, gracias a la pluma de Quetzalcóatl que me tocó logré romper el conjuro de Bezelao y la Matlacihua, recobrando mi personalidad.

--¡Muchas gracias por tu ayuda!, se dirigió a él José Pablo.

--Nada tienen que agradecer, pues con mucho gusto yo combatiría a esos seres de la oscuridad, comentó el Dueño de los Animales, quien se unió al círculo, mientras al mismo tiempo Monte Albán era invadido por todo tipo de animales como gavilanes, halcones, jaguares, coyotes, venados, conejos, en fin.

Todas las deidades se tomaron entonces de las manos, y diciendo unas extrañas palabras, produjeron un remolino que envolvió a Donají y José Pablo. Ambos hermanos se sintieron transportados hacia la entrada de otro túnel misterioso que los condujo a un mundo de luces y de sonidos de campanas.


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