BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


EL TÚNEL MÁGICO DE LOS PARADIGMAS ….LA CIENCIA REGIONAL AL ALCANCE DE LOS JÓVENES

Andrés E. Miguel Velasco y otros



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CAPÍTULO 5. EL CONTACTO CON LOS NIÑOS ÁGUILA

Donají y José Pablo estaban seguros que corrían en dirección hacia la plaza principal de Monte Albán, tratando de encontrar la entrada del túnel, pero una nube de un extraño vapor les impidió ver exactamente la entrada a la misma. No obstante continuaron corriendo, pues les preocupaba seriamente que pudieran caer en manos de la Matlacihua y tener que vender su alma en el tianguis. Finalmente, al sentirse cansados, decidieron detenerse un momento. Curiosamente, cuando lo hicieron, la nube pareció desvanecerse.

Grande fue su sorpresa al encontrarse en medio de una ciudad al fondo de la cual se divisaba un hermoso Arco Iris. La ciudad era una réplica de Monte Albán pintada con águilas por todas partes, rodeada además de laberintos, canales de agua, y una Laguna Encantada.

--¿Dónde estamos?, preguntó Donají a su hermano.

--No lo sé, fue la respuesta de José Pablo.

--Se encuentran en Monte Albán de los Niños Águila, escucharon una voz.

Por tal razón, caminaron en dirección de la voz, encontrando a tres niños con penachos en forma de cabezas de águila, quienes les dijeron:

--¡Alto!, ¿quiénes van?.

--¡Dos almas que deseamos alcanzar ese Arco Iris que frente a nosotros está!, se dirigió a los niños José Pablo, señalando en dirección del horizonte a la entrada del túnel donde lucía el Arco Iris. Al escuchar lo anterior los Niños Águila les ordenaron:

--¡Para alcanzar ese Arco Iris mágico deben cruzar el gran recinto sagrado de Pitao, y para eso deben prepararse bien!.

Los niños condujeron a Donají y José Pablo hacia la plaza central de Monte Albán, señalando hacia unas rocas que se encontraban en la orilla de la ciudad frente a un abismo, que a su vez conducía a la entrada de un largo valle colindante con la Laguna Encantada del lugar. Los Niños Águila les advirtieron:

--¡Buscadores del Arco Iris, allí se encuentra el pórtico sagrado de las regiones!. Todo cuanto puedan ver llegará a sorprenderlos, pues allí se controla la dimensión del espacio-tiempo de la economía.

Los tres Niños Águila sugirieron a Donají y a José Pablo que caminaran en dirección al Arco Iris mágico, pues si lo hacían de otra manera podían caer al abismo. Los niños obedecieron la orden, y mientras comenzaban a caminar, Donají le comentó a su hermano:

--¿Ya viste cuantas águilas sobrevuelan esta ciudad?.

--Si, y es espectáculo muy hermoso...Pero no sé por qué algo me dice que vamos a necesitar una mayor concentración para poder encontrar la salida y llegar con nuestros papás, exclamó José Pablo.

Ambos hermanos caminaron por las pirámides de Monte Albán de los Niños Águila, divisando en la plaza a una niña cubierta con un túnica verde estampada con muchas flores. Al acercarse a ella, pusieron atención a lo que decía:

--Se me ha enseñado que las empresas deben actuar bajo el principio de que preferentemente deben reducir cada vez más el tiempo de rotación de su capital para ensanchar más su influencia. Por consiguiente, el espacio se contrae o se expande según el ritmo de la actividad de las empresas: ¿pero cómo lo haré si me falta el verdadero acceso al mercado?.

--¿Y eso te hace sufrir?, preguntó José Pablo a la niña.

--¿Por qué no?, replicó asombrada ésta, pues actualmente en la economía de este lugar la actividad de las empresas no está determinada por su productividad y su competitividad. Antes el acceso al mercado estaba determinado por las necesidades de la gente y los ciclos de las estaciones. Pero todo esto cambió cuando el mercado se convirtió en un lugar para enriquecerse a costa de los consumidores, y esto ocurrió desde que aparecieron los monopolios aquí.

--¿Y es malo esto?, insistió José Pablo.

--¡Si!, porque si la productividad no beneficia a las empresas no les permitirá a los consumidores la obtención de una mayor cantidad de productos a un precio cada vez más bajo. Cuando se crean imperfecciones la competitividad no asegura el manejo óptimo de los recursos económicos, y la competencia, cuando no se basa en leyes que garanticen la libertad, se vuelve ciega y parcial...

--Yo no entiendo nada, le replicó Donají.

--Pues verás, trató de aclararle la niña, si se establece la competencia apoyando a las empresas más fuertes o a las más influyentes, se pueden generar monopolios, es decir, vendedores que llegan a controlar totalmente el mercado para sus propios intereses, en perjuicio de los compradores. Éstos deben entonces adquirir productos o servicios de más baja calidad a un precio más alto comparado con los productos o servicios que pudieran proporcionarles un mercado de libre competencia...

--Yo no entiendo cual pueda ser la preocupación, fue el comentario de José Pablo.

--¿Cómo que no?, ¿no ves que un mercado monopólico coarta tu libertad de elección y de participación?, ¿no te das cuenta que en una economía así para nada cuenta el amor?, insistió la niña.

--No te preocupes, pues eso se puede remediar fácilmente. En una economía así nada más tienes que llamar tres veces al amor cada vez que vayas al mercado diciéndole: “¡amor, ven a mí!”, y él vendrá. Prueba y verás, bromeó José Pablo.

Sin dudarlo la hermosa niña hizo como le indicara en broma José Pablo, es decir, pronunció tres veces:

--¡Amor, ven a mí!

y en seguida, ante el desconcierto de todos apareció un muchacho vestido con una túnica blanca estampada con todo tipo de mercancías, que se dirigió a ellos diciendo:

--¿Alguien me llamaba?. Estaba cuidando el mercado cuando escuché un grito desesperado, aunque ciertamente todo el tiempo me sucede lo mismo, a mí, que soy en todo momento el paso del tiempo de la felicidad que viene, y la tristeza que va en la incansable actividad de la oferta y la demanda.

--¿Eres tú el administrador del mercado?...Dicen que eres muy astuto, aseguró la hermosa niña, siendo interrumpida por el muchacho quien le preguntó:

--¡Ah, eres Xochiquetzal!, ¿te interesa ingresar al mercado de la ciudad?.

--¡No hagas que me ruborice!, fue la respuesta de la niña.

Y el muchacho insistió:

--Yo sé cual es la intención de todo aquel que me invoca en este lugar. Es cuando su alma ha sido tocada por el deseo de competir y ganar, es cuando alguien ha decidido adornar su alma con la flor más bella de la pradera de los competidores. Preciso es decirte que esa flor se llama “beneficio”, y es el premio de las almas que buscan el éxito económico. Si te entregas a mis brazos bella niña, podrás ingresar al mercado sin que tengas que pasar las pruebas de calidad que éste exige, afirmó el muchacho.

Viendo a la niña doblegar su voluntad, José Pablo se interpuso para alertarla:

--¡No hagas algo que te incite a romper con tus principios dulce niña, pues si no tienes convicción puedes sentirte mal después de actuar!. Además, si para ingresar al mercado existen normas, no tienes que caer en la corrupción.

--¿Qué acaso sabes tú lo difícil que es convencer a la “reina del monopolio” que te permita el acceso al mercado?, dijo la niña mirando de reojo a Donají y José Pablo. Este muchacho de nombre Yacatecutli es el administrador del mercado en Monte Albán, y él convencerá a la “reina del monopolio” para que me permita ingresar a él.

La niña se dejó conducir por el muchacho hacia una fuente, en cuyo fondo crecían unas flores, y de rodillas se dedicó a contemplarse en el agua hasta quedar absorta. Después, cegada por la tentación, quiso introducir su mano para cortar una flor, cuando nuevamente intervino José Pablo rompiendo momentáneamente el encanto bajo el cual se encontraba:

--¡Niña hermosa!. No te dejes engañar por falsas promesas, pues al mercado se accede y ya ...Reflexiona...

Pero Xochiquetzal, mostrándose indiferente introdujo su mano en el estanque para cortar la flor del lirio que la atraía, y en el preciso momento que lo hizo, dos manos negras la introdujeron hacia dentro del estanque ante el estupor de los presentes:

--¡Auxilio!, ¡socorro!, ¡me llevan, ayúdenme, no me dejen sola!, gritó con desesperación mientras desaparecía en las aparentemente tranquilas aguas.

Donají y José Pablo no supieron que hacer, pero su mirada se dirigió hacia Yacatecutli, al cual, sin decírselo, lo consideraron el culpable de lo sucedido a Xochiquetzal.


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