BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


NUESTRA FILOSOFÍA DEBIDA

Andrés A. Correa



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LA MALA FE EN NUESTRAS INSTITUCIONES

La fe ¿tiene algo que ver con el desarrollo de las instituciones? Si. Y lo primero que hay que reconocer es la existencia de la buena fe y de la mala fe. La primera colabora con su crecimiento, la segunda con su destrucción. No se trata de creer o no creer, sino de creer bien o creer mal. La credulidad es parte de nuestro conocimiento.

Algo tan valioso y delicado como la Fe, fue descuidado ( ¿intencionalmente? ) con total irresponsabilidad e imprudencia. Una capacidad que tiene estrecha relación la intuición, el acceso al conocimiento y la trascendentalidad del ser humano, aún se mantiene cautiva y limitada en la religiosidad. La cuestión tiene historia, durante mas de 2.000 años se esparció por todo occidente la mala fe. Hoy ésta es una sombra que avanzó hacia nuestra cotidianidad y nos impide ver nuestras reales posibilidades de crecimiento en nuestras instituciones.

Aún nadie se hace cargo de las consecuencias de la teologización de la fe en argentina. La cuestión es que ésta llegó al puerto de Bs.As , ya con el virus de la mala fe en nuestros antepasados colonizadores. Hoy ya es sangre de nuestra sangre. La Iglesia Católica que por un acuerdo político logró la administración centralizada de la fe en todo nuestro territorio, es la principal pero no la única responsable de la catequización de los argentinos en la mala fe. Nunca realizó una efectiva “pedagogía para la Fe”. Es que quien quiera ayudar a alguien a acceder y madurar en la Fe, indefectiblemente tiene que pertenecer al camino de la “buena fe” y aún así en ese camino tiene que haber llegado a un grado básico de autonomía en la Fe para poder ayudar a un prójimo. En este sentido la gran mayoría de los individuos que forman parte del sector jerárquico que administran nuestras instituciones no poseen estos requisitos. La mayoría de esa gente fue formada en la mala fe. Muy pocos accedieron al camino de la buena fe y sólo esas excepciones explican la sobrevivencia de ciertas instituciones en el tiempo. Esta “prédica” no nos basta a los argentinos para desarrollarnos como un pueblo autónomo y feliz. La complicidad de la teología argentina en las desgracias del pueblo es la primera situación que señalo, y en segundo lugar el silencio de tanta complicidad del pensamiento científico de origen nacional.

“Educar en la Fe no es para cualquiera”. La Fe es una capacidad superior de la conciencia, que el individuo construye durante su proceso de madurez. Antes de acceder al camino de la buena Fe hay que lograr niveles de madurez existencial que son a la vez su fundamento . Cuando un individuo retrasa esa evolución; estamos ante un peligroso obstáculo que ciertamente tiene que ver mas con “la mala fe”inoculada en su conciencia. Los predicadores de la mala de co-existen en nuestras instituciones . Se asemejan a “ parásitos alienígenas” que utilizan a la gente para alimentarse y reproducirse . Varios dirigentes políticos y sindicales, empresarios, Papas, cientos de Obispos y miles de sacerdotes y clérigos de la Iglesia Católica Apostólica romano-argentina, pertenecen a esta especie. Aquellos pocos que muestran con su comportamiento, la buena Fe , inmediatamente provocan una reacción interna en la institución de pertenencia, a pesar de que todos sus miembros vivan de ellos. Son marginados, expulsados, reprimidos, segregados o entregados al “Cesar” .. Este reconocimiento de nuestra catastrófica mala fe es necesario para entender algunas de las causas que no nos dejan crecer con mayor rapidez y menos sufrimiento en nuestras instituciones.

Uno de nuestros desafíos clave como especie nacional ( “hominus argentini” ), es reconocer y actuar según las reales posibilidades que nos permite nuestra circunstancia histórica. Somos bastante vagos los argentinos para embarcarnos en lo que hoy se denomina “crecimiento sostenido”.. Pero a la vez nos gusta estar en el primer lugar y disfrutar los placeres que otorga ese crecimiento. Para aliviar la angustia de este antagonismo entre deseo de grandeza y mediocridad existencial, hemos recurrido (entre otros recursos) a la teologización de nuestra realidad. . No hay nada mejor que “ la voluntad de Dios” para preservar nuestra inocencia ante lo que nos pasa. Desde un enfoque político no es casual que nuestros máximos representantes nacionales (los Presidentes) antes que convencernos por sus políticas de desarrollo, prefieran seducirnos ( y lo logran con total facilidad) desde un lenguaje “Pontificio”(como los Papas): “Síganme” que nos los voy a defraudar¡ (Menem); o “estamos saliendo del infierno”, ... “ya estamos en el purgatorio” (Kirchner) . Y nosotros, chochos de sentirnos camino a la santidad, irrumpimos en un “Amen”, secreto, público y obligatorio : los votamos. Nos resulta mas facil comunicarnos con códigos “religiosos”que con “el arte de lo posible”( la política).

Y en estos”síganme” se reduce toda la profundidad de nuestro diálogo politico. Nuestra vida democrática no solo de reduce en un acto cívico sino que además ese acto cívico se convierte en el cumplimiento de un viejo precepto religioso: “ ir a misa todos los domingos”. Hoy los argentinos sustituímos nuestra practica religiosa yendo a votar a Dios cada 4 años.

¿ qué problema puede tener el Vaticano (Mons. Bregoglio) con la religiosidad de los argentinos? Ninguna, salvo que por un coyuntural cambio de escenario , a veces disputa con el Poder político, económico o militar una cuestión de “espacio” que no pasa de los empujones. La disputa por “el bastón de mando ” durante la época militar hoy bastante desprestigiado ; ahora lo cambiamos en la disputa por “el báculo de la religiosidad argentina” . Quién ejerce el poder del Dios argentino?

En esta disputa por nuestra conciencia , nos limitamos a creer en aquel que la conquiste.

Nuestro reciente pasado nos delata como cómplices de nuestra historia. Fieles soldados de nuestro Dios, durante los gobiernos militares marcamos el paso sin chistar ni pensar. Dábamos gracias a Dios por “la Paz” del fusil y macabramente le ofrecimos en sacrificio para perder esa paz, al mas elocuente estilo pagano (hebreo, egipcio o incaico) nada menos que la vida de nuestros propios hijos en un solo holocausto de 30 mil desaparecidos. Ahora, mientras ese Dios de “la paz”, aún digiere en sus entrañas aquel intento de libertad , de creatividad y de justicia de nuestra verdadera identidad argentina ,. hoy , con el mismo miedo a nuestra identidad, estamos construyéndole el Templo a nuestro Dios del Subsidio, de la dádiva, al que “ tiene que hacer algo por mí.”. Templo que por falta de sostén tarde o temprano nos exigirá otro holocausto. Con distintas características, pero holocausto al fin, morirán nuevas generaciones de jóvenes en nuestro intento por conservar al Dios todopoderoso del asistencialismo. Esta nueva generación de argentinos no serán sacrificados por haber querido cambiar nuestro estilo de vida, por el contrario, como todo movimiento pendular de nuestra historia, morirán por “la falta de ese sentido” de su existencia en suelo argentino. Y serán muchísimos más de 30 mil.

¿cómo podemos creer que no tenemos nada que ver con lo que nos pasó y nos pasa ? ¿ cómo podemos creer que la culpa de nuestros males la tienen exclusivamente los pocos grupos de poder, y lavarnos las manos recurriendo a la “buena fe” en nuestras instituciones “democráticas”? En qué mente estúpida cabe esta conclusión tan simplista ? ¿ o somos negadores por autonomacia y se trata de un acto de “mala fe?

¿cómo podemos justificar tremenda complicidad con “la buena fe de los argentinos”? ¿quién intenta hacernos creer esto? ¿quién es el principal responsable de la crianza de sus hijos, usted o los demás? ¿quién es el principal responsable de los lugares y funciones que cada uno ocupa durante las 24 hs de cada dia, los demás, la institución o uno mismo ?

¿por qué digo que en nuestras instituciones nos seduce la mala fe? Porque la buena fe nunca nos lleva ni a la sumisión ni a la dependencia. La buena fe no es tan ingenua, sabe donde está parada , reconoce sus límites y en base a lo que realmente tiene, se remanga y mete sus manos para modelar su propia historia .

El uso y abuso de ciertos proverbios teológicos actúan en la mayoría de los argentinos como inyecciones de morfina en un paciente terminal. ”la fe es capaz de mover montañas” ha causado estragos en nuestro desarrollo individual y social y es una de las causas claves de nuestras desgracias. institucionales.


 

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