BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


NUESTRA FILOSOFÍA DEBIDA

Andrés A. Correa



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LA INSTITUCIÓN NO TIENE CORAZON

Siempre, pero en particular desde la revolución industrial a la fecha, gastamos (no invertimos) millones de pesos y utilizamos miles de recursos humanos y tecnológicos, para hacernos creer que nuestras instituciones “tienen corazón”. Hoy las consultoras se desviven por convencernos sobre sus modernos métodos para que el individuo se sienta bien ejecutando las funciones que le exige su institución. Esos gastos provienen de la “mala fe”. El velo del cinismo colectivo aún tiene cautiva a nuestra libertad individual.

Si observan lo ya leído, hablé de funciones o roles institucionales. No hablé de personas. Las personas somos los que por opción (deseada o no) estamos dentro de esas funciones para ejecutarlas. Como quien dice, las personas no contamos en esto de las funciones institucionales. Casi fatalistamente una vez institucionalizados, estamos “entregados”. O en un léxico más científico: estamos institucionalizados por la institución. Somos la institución. Ella sin nosotros no existe . Pero lo trágico es que lo único que la institución necesita de nosotros es la función, nó a nosotros . Si para garantizar sus funciones necesita avanzar en nuestra individualidad, lo hace. El sentirse bien no le alcanza a nuestra individualidad. Asi como la institución es insaciable en su apetito de perfectibilidad de sus objetivos, asi también es de insaciable la identidad de nuestra individualidad.

Y en estos dos procesos de “ampliación de los horizontes”, se pone en juego la finitud de la Historia, es decir, del tiempo y del espacio concretos. Por ejemplo: en el correspondiente ejercicio de sus funciones institucionales , ¿ quién se queda con el menor espacio para su vida privada, el Intendente o el encargado del depósito de suministros? Por supuesto que el primero. A tal punto que a veces este aspecto de las instituciones puede requerir una vida totalmente pública al individuo que acepte tal función.

¿se entiende el “drama” al que estamos invitados en nuestras instituciones? . Nosotros existimos en la función. Nuestras instituciones (el Partido, la Iglesia, el Gobierno, el Mercado, la Ciencia , la ONG, etc.etc.)., no toleran que de alguna de sus funciones , emerja, ni tan solo como un brote acodado a la misma, la mas mínima presencia de un rasgo individual autónomo de esa función, es decir, algo de “ uno mismo”. Inmediatamente se ponen en acción mecanismos de “poda” de dichos”brotes” . Ser uno mismo en las instituciones es solamente un sentimiento virtual .

Esta apreciación pone en tela de análisis (no de juicio) lo que entendemos por Objetivos Institucionales.

Sobre este tema, desde el siglo pasado aumentan aceleradamente acciones colaterales de respaldo a las instituciones, con la producción de normativa y cursos de mentalización , perfeccionamiento y desarrollo direccionado intencionalmente a la persona que ejecuta la función con el solo fin de “institucionalizarla” lo más posible. El Objetivo Institucional es reducir al mínimo el espacio del “si mismo” en la persona. . Más aún, se intenta llevar desde su ingreso a la institución, los intereses personales hacia los Objetivos Institucionales, o dicho de otra manera, colonizar el mayor espacio posible del sentir-pensar-hacer de la persona, con el sentir-pensar-hacer de la Institución.

Llegar a pensar y sentir en Institución es el mayor anhelo de nuestras organizaciones colectivas y de sus integrantes, incluyendo la familiar. Sobre esta última institución podemos señalar este acontecimiento como una de las causas de la iatrogenia y androfagia familiar (cuando la familia enferma y devora a sus propios integrantes).

El desafío de mi visión de estas personas, ante el tremendo montaje de”institucionalización” existente, me pone en condiciones bastantes desiguales para confrontar verdades. Pero de todos modos haré el intento, esperanzado en que aquellos que más trabajan en el campo de la “institucionalización” de los individuos, sean justamente los que más compartan con esta visión.

En primer lugar , necesito dejar claro ante quien aún sigue leyendo este planteo, que a los

individuos nos cuesta horrores aceptar que no somos tan libres como nos creemos o nos hacen creer. La libertad humana es un acto (complejo por cierto) que ejecutamos en muy pocas oportunidades durante nuestra existencia histórica. Y en este tema de las instituciones, nuestra libertad es el mayor requerimiento que nos hace la institución a la que pertenecemos. Su mayor requerimiento no son los Objetivos Institucionales, somos nosotros. La Institución está dispuesta a pagar lo que fuera necesario por nuestra libertad individual. Y nosotros nos sentimos reconfortados cuando ella nos reconoce con la jerarquización funcional, salarial o simplemente con su “reconocimiento social”. El sentido de “liderazgo”, de “autonomía profesional”, de “pertenencia”, de “colaboración”, de “ filing comunicacional” etc. Etc. Son tan solo los niveles de presencia que adquiere la Institución en la persona que desempeña una de sus funciones. Es un error creer que la institución se desvive por sus individuos. Se desvive por “reproducirse” cada vez mas en sus individuos, que no es lo mismo. Para ello ha generado un sinnúmero de especialistas en recursos humanos. Todos formados “desde” los Objetivos Institucionales, no desde el individuo. Pues de lo contrario desaparecería la Institución.

El primer acuerdo entonces, es “la consagración”en cuerpo y alma del individuo a la Institución. Su único acto de libertad real es éste. Una vez dentro de ella, la Institución “se hace carne” en sus individuos. Lo demás es “Verso”.

COMENCEMOS POR NO ENGAÑARNOS

Hoy por hoy , nuestra gran estupidez es creer que somos independientes desde 1810 y encima lo festejamos todos los años haciéndoselo creer a nuestros hijos.

Guardo la esperanza de que poco a poco, el insaciable e imprudente avance de la mala fe de nuestras instituciones sobre nuestras conciencias , sea justamente el punto débil de éstas y nos dé la oportunidad de reaccionar a tiempo.

En algún momento y en algún lugar, si no acomodamos los tantos, sucederá como predijo uno de nuestros conductores que más intuyó e influyó en el interés y la conducta de nuestro Pueblo (J.D.Perón) : cuando se acabe nuestra paciencia ante nuestra reiterada negación a participar , haremos tronar el escarmiento”. (aquí es cuando la gente del pueblo argentino seguiremos cumpliendo como siempre con nuestros mandatos sociales, pero esta vez ya no será con nuestros dirigentes a la cabeza, sino que habrá un pequeño detalle: lo haremos nosotros solos , con nuestra cabeza ).

Si dejamos de mojarnos la oreja constantemente, estoy convencido de que no nos pelearemos tanto entre nosotros, sino simplemente (aún con legítimas diferencias), seremos nosotros mismos “, es decir: apasionadamente argentinos .

Ya está, terminé con este tema.


 

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