BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


NUESTRA FILOSOFÍA DEBIDA

Andrés A. Correa



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AMORES QUE MATAN.

Desde 1973 a la fecha me pasó algo interesante. Llegué a los 34 años de convivencia con mi esposa e hijos, los cuales ya superan los 24 que tuve con mis padres (18 años en la casa paterna y 6 a distancia). Es evidente que más de la mitad de mi existencia la he vivido como esposo y padre de familia. Esta situación modificó mi estructura familiar interna. Nacieron nuevos referentes claves a la hora de decidir sobre Mi Mismo.

Últimamente debo ser muy cuidadoso a la hora de amar, sentir, pensar y hacer porque ahora Uno Mismo está más expuesto a muchos otros Si Mismos que antes ( el de mi esposa, de mis 4 hijos ya mayores , algunos amigos íntimos, otros referentes del ámbito laboral, de la política, el Arte, la Música, etc.)

En este aspecto es cuando me siento mas vulnerable por no decir “tentado” al suicidio de Mi Mismo.

Por ejemplo: a veces llega a mi existencia de esposo y de padre , una melodía familiar interna, muy seductora . Proviene desde el Amor conyugal , filial o de un amigo, según el caso.

Esta situación podría ser comparable a la narración de Homero en la Ilíada, cuando relata que el canto de las sirenas seducía a los navegantes que se proponían llegar por ellos mismos al otro lado del mar pero al pasar indefectiblemente cerca del poder seductor de esa melodía cambiaban el rumbo, el sentido de ese viaje, hacia su propia muerte.

En este sentido se trata de la poca distancia que existe entre el Fernando esposo, el Fernando padre y el Fernando amigo, de la Mujer, del Hijo y del amigo de Fernando cuando el Amor se ha metido entre ellos.

Cada Fernando quiere amar a su familia y a su amigo sin dejar de ser Uno Mismo. Estos Fernandos confundidos por lo seductor de ese mismo amor mas de una vez entregaron casi totalmente su propia identidad como en una especie de inmolación por esos seres queridos.

Mas que amor parecía un rito religioso tan pagano como el de los egipcios o los Incas. Suicidios de Uno Mismo en la vida de los otros “para agradar a Alguien que posee poder sobre Uno Mismo”.¿ a quién? ¿ a Dios? ¿qué Dios?.

En el fondo esto comenzó a sonarme como “miedo de Amar”. Y todo miedo si se hace constante, conduce al suicidio. Me di cuenta que esta cuestión Tenía que ver con la “entrega total” sobre la que insistieron en mi formación religiosa.

De esta propuesta indecente estaba cautiva la tendencia suicida de mi propia mismidad.

Esta tentación siempre existió, al menos en Mi Mismo.

Es cuestión de convivir con ella sin dejarme seducir por ella. Asi que de ahí en más cuando atravesaba ese lugar del Amor , hacía lo mismo que hizo Ulises, el capitán de único barco que logró vencer su suicidio haciéndose amarrar al mástil principal con los oídos tapados.

Solo así, pude regenerar mi propio espacio interno para poder ordenar a mi tripulación que siga el rumbo de mi identidad y no el que me murmuraba la seducción del Amor. Hice mis primeros arribos a suelo firme en pocos pero seguros seres queridos.

Hoy me siento mas fortalecido para desafiar esta tentación, pero igual llevo un par de tapones en el bolsillo por si acaso.

Mis familiares no ocuparon mis espacios internos por decreto, los conquistaron desde su existencia externa hacia Mi Mismo, con su Amor. Su amor es limpio, puro, sin condiciones de ningún tipo. Pero con el único requisito de “no fundirnos en Uno”. Y ahí yo fallaba. Me habían enseñado, y me lo dijo el Cura que nos casó en nombre de Dios que “los dos serán Uno”. Asi que , al menor indicio de amor del otro, me tiraba de cabeza confiado de que eso era “cumplir” con el amor. Minga. Casi me muero.

Lo que pasa es que para llegar a él, Uno Mismo necesita crear un vínculo, o sea un “enganche” . Y ahí aparece la seducción. Y allí me parece que tuve problemas.

Me di cuenta que el amor es bueno mientras Uno Mismo no quede cautivo de su seducción. En esto me he descuidado mas de una vez y estuve al borde de mi suicido interno.

Como no estaba preparado para amar bien, quedé atrapado en la seducción del amor.

Le cuento: la seducción es una niebla espesa que uno mismo genera en torno del otro Uno Mismo por efecto de su amor. El otro no me seduce, soy yo el que autor de la seducción. Es uno mismo quien diseña el camino de acercamiento al llamado de quien se decidió a amarnos. No podemos decir que “el otro o la otra me sedujo con su amor”. Me equivoqué durante años creyendo esta mentira. El otro si ama no puede seducir. La seducción es obra del ser amado. A la vez la seducción protege a ese Uno Mismo porque actúa de filtro ante las suciedades de las respuestas amorosas. Llega a su existencia solo lo que es amor puro. La seducción es importante porque no deja pasar todo el amor que proviene de afuera porque si.

El Otro se alimenta del amor que necesita para su existencia y lo que no puede digerir de ese amor, queda en ese “filtro orbital” que llamamos seducción. Algunas de mis relaciones amorosas vivieron solo en la seducción, cuando el amor que la generó se cansó de esperar, se disolvió la relación.

Cuando mis Fernandos tienen dificultad para acceder al amor de otro Uno Mismo, es porque quedaron cautivos de ese lugar. Giran en torno al Otro desde la seducción, sin poder acceder realmente al amor que el otro les está ofreciendo. Cuando el otro que no es de madera, se cansa de estar abierto a Uno Mismo. la seducción no tiene sostén , y se cae todo.

El otro desparece como tal. Podríamos decir que a lo sumo fue un buen intento de amar , pero que no se dio.

Cuando me quedo allí, girando sin poder acceder al amor del otro, me siento un infeliz que no sirvo ni para mi ni para el que está del otro lado. Las consecuencias de este modo de vivir es un sentimiento de angustia, ansiedad y soledad de Uno Mismo.

Lo viví con mi propia familia y aún estoy tratando de deshacerme de esa viscosidad pegajosa que queda adherida a mi existencia después vivir tantos años en la densa superficialidad de la seducción. .

Hoy aún me cuesta vencer ese espacio que hay entre uno Mismo y ellos Mismos. Debido a la fuerza centrípeta de la seducción ( que atrae hacia el centro del ser amado) la existencia de Mi Mismo se estaba atomizando y todas mis partículas estaban siendo absorbidas por la existencia de los demás..

El amor era un mandato, “hay que amar y se acabó”. Era una cuestión de fe, nó de entendimiento. No me enseñaron a amar como la gente, es decir, una entrega total pero a la vez inteligente. Llegó un momento que Yo era simplemente Los Otros. Estuve totalmente en los demás por causa del Amor y casi me muero.

Asi me fue conmigo Mismo. Un individualidad diluida en mi propia familia. La fe y la razón eran incompatibles, casi enemigas. vos amabas como podías. El pasaje evangélico: “ no hay amor mas grande que aquel que da su vida por sus semejante” tenía que ser aplicado literalmente. Y Yo estaba haciendo eso. Menos mal que ellos mismos , mi propia familia, mi mujer y mis hijos se dieron cuenta y un buen dia me dijeron: “ ¡ pará viejo, que estás haciendo!.. sos loco? ¿ vos quién sos al final? ¿ dónde estás? ¿sentís algo en Vos Mismo?

Y comenzaron a preocuparse por mi existencia porque les costaba saber si aún existía como Yo Mismo. Estaba perdiendo mi identidad. Sin ésta es imposible realizar un acto de amor, porque directamente no existe “el que ama”.

La Culpa y el Miedo que mostraron al sentirse responsables por mi inminente suicidio, fue lo que me hizo reaccionar.

Me pregunté, ¿ por qué mi familia rechaza esta forma de amar que tengo?, ¿ por qué están tan preocupados por mi existencia? ¿por qué me preguntan quien soy?.?qué hice tan mal que no pueden reconocer mi identidad ? ¿qué hicieron con mi capacidad de amar mis padres, mis hermanos y los curas que me formaron en los mejores años del despertar del amor hacia los otros .?

A parir de allí me convencí de que eso de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” nunca puede ser un mandamiento. No se ama por mandato. No sé como Moisés y toda los jerarcas que le siguieron hasta hoy, pudieron confundirse. tanto. Se trata de entenderlo antes de ponerse a amar gente.

Me di cuenta que amar mal puede resultar peor que odiar a alguien. Porque uno “cree” que ama y el otro también “cree” que lo están amando, y nos estamos destruyendo uno al otro en la ausencia de identidad individual.

No me fue fácil recomponer las relaciones internas en mi familia, me llevó años y aún sigo en carrera.


 

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