BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


NUESTRA FILOSOFÍA DEBIDA

Andrés A. Correa



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AL FINAL, UNO SE MUERE CUANDO QUIERE.

El principal “beneficio” que me quedó de aquellas circunstancias fue mi experiencia existencial. ¿qué fué eso? Comprobé que la vida existe mientras exista voluntad de vivir.

Experimenté que la muerte dependía más de Uno Mismo que de las circunstancias de uno mismo.

Para hacerla mas corta : si a uno no se le cae un piano encima, cuando pasa distraído por debajo del balcón , entonces morirá cuando uno quiera. ( y lo de “pasar por casualidad” también lo pongo en duda). Asi que vaya haciéndose cargo de Usted Mismo. Porque la muerte la busca Uno Mismo. No viene por casualidad.

Lo cuento porque estuve allí, yo fui a “la muerte”. Esto no es una profesión de fe, ni por eso voy a escribir un libro, ni crear la secta religiosa “Siganmé”. De ninguna manera. Esto ya no es para mi una cuestión de fe. Es un estado existencial si quiere que le ponga un calificativo.

La verdad que llegar hasta allí fue la muerte.

Fui porque quise, aunque usted me dirá que me estaban matando sin mi permiso.

Fui y pude volver ...y ahí está la diferencia. Estar para contarla.

Volví medio a los manotazos, no crea que se rata de una oficina de admisión de Recursos Humanos . Pero pude volver; y entonces le gané a eso que llamamos “la muerte”.

¡ MIREN DONDE ME VINE A CONOCER !

Recuerdo que ya habían pasado varios dias y varias sesiones de tortura ( aunque no lo escriba él ,le aviso que no le resultó un camino fácil).

Esa noche, sin haber probado bocado ni una sola gota de agua desde la noche del 24 de septiembre de 1974, se repitió la rutina del castigo. Me desataron los pies y manos de la mesa de tormentos, me empujaron al suelo (ya no se movía ni caminaba por si mismo este tipo), me arrastraban hasta el calabozo... y en la absoluta oscuridad, desnudo, esposado con las manos atrás ( yo diría: “¡mas incómodo que la mierda!”, pero...el que escribe es él), encapuchado, con los tendones aún destrozados por “el potro”(aparato o riendas atadas a pies y manos , que utilizan para ir estirando los miembros de a poco) , inundado del olor a pelos y testículos quemados por la picana eléctrica, con la cara contra el piso chupándome la humedad mezclada con mi propio orín para resistir la deshidratación ( estaba como quería el tipo!) , en esa situación , aunque usted no lo crea, (vea, mire), pude sentirme el hombre mas libre del mundo ( me parece que está exagerando un poco. El hombre ¿no?... vamos jefe! achique el perejil !)

Como quien dice: ¡Le había ganado al sufrimiento físico y psíquico! .Me di cuenta que si quería no me moría. ¡ no lo podía creer! Allí, en esa situación deprorable, ante la cual, a los mismos verdugos les causaba náuseas, yo le gané al drama de la muerte.

Después de dias “en caída” de mi propia autoestima y ganas de vivir, me sentí dueño de Mi Mismo,...me Ad-miré de mi mismo, a la fuerza, pero lo hice. Mire que había estado en ese intento durante mas de 7 año seguidos en el convento, estudando filosofía, teología y técnicas de meditació y levitación. Pura cháchara, comparado con lo que me ocurrió en esos dias (o noches) . No lo entendí, experimenté mi propia capacidad de vivir. Nunca había conocido esa capacidad innata.

A partir de ese momento algo comenzó a “darse vuelta” en las reglas de juego entre mis torturadores y yo mismo. Vi que podía “safar” del sufrimiento intolerable, ubicándome en otro lugar, ante mi mismo. Lo hice.

Me quedó más claro cuando a los meses, en la celda de Devoto mi compañero de torturas “Gabriel”(nombre de fantasía) aún vivo, me dijo casi textualmente: “...la verdad lo que mas ad-miro de vos fue las ganas de vivir que ponías durante las esas sesiones de tortura”... Yo no me había dado cuenta que siempre salí vivo de ese lugar.

Y le voy a contar algo que no se lo conté a nadie:

...¿ usted sabe que en esa misma sesión de tortura yo ya estaba decidido a morir?....Y... Ya no iba a resistir mas , porque no me daba mas la voluntad,...casi hice como una despedida y un pedido de perdón a mi esposa y a mi hijo que sabía (intuitivamente) que no estaban muertos...pese a que ellos me lo repetían a cada rato que tras la violación de mi mujer los habían matado y que me tirarían al riachuelo a mi también. Y esa vez fui como un cordero a la mesa de tormentos.

Cuando comenzaron a atarme nuevamente en el potro y estirarme, ya comencé a “tranzar” con mi “expectativa” de muerte, ...me tiran los primeros chorros de agua por el pecho, ... los hilos de agua se abren y corren hacia mis riñones, hacia mi corazón, hacia mis piernas,... se humedecen mis testículos...y entonces siento la estridente punta de la picana que descarga toda su bronca contra mi existencia. Me tapan la boca con un trapo y me trago todo el ese grito de dolor hasta mis entrañas....mi cuerpo atado en sus extremidades comienza a curvarse hacia arriba como un metal, como queriendo irse de si mismo por lo insoportable del dolor...yo aún sentía en mi cuerpo el grito de cada una de mis moléculas....Como la decisión de irme estaba tomada, comencé a “dejarme ir”...y efectivamente me fui.

.Fue mejor que el efecto de una droga pre-operatoria....porque dejé de sentir dolor...dejé de orime...y nunca perdí la conciencia de lo que me estaba ocurriendo. Al desaparecer el dolor físico, no sé si me animé o allí no existe la voluntad racional, lo que sí es que me encontré por encima de Mi Mismo, y de los tres o cuatro torturadores que estaban rodeándome en aquella camilla de metal,...mi cuerpo estaba literalmente encurvado hacia arriba, algo insólito, por la excesiva descarga eléctrica. Dos o tres lo rodeaban sosteniendo las extremidades y empujándolo hacia abajdo como para enderezarlo, mientras uno de ellos lo golpeaba con las dos manos unidas en el pecho... yo miraba desde arriba sin sentir un solo contacto con ese cuerpo. Yo (el que tenía conciencia de si) era ese que estaba “flotando”mirando lo que pasaba y eso que estaba allí era mi cuerpo. Me quedé mirando no sé cuánto tiempo a mi mismo y sentí (del verbo sentir) un gran sentimiento de alivio y de asombro a la vez

... Y aquí surge la pregunta o el misterio: ¿ por qué retorné luego a mi cuerpo?. Porque a ellos le cerró el procedimiento de reavivación? ¿ o porque además yo quise volver a Mi?

De mi parte, le aviso que quise volver. Al recuperar “la conciencia” anulada por los tormentos, me sentí nuevamente dueño de mis catos, libre, y decidí volver a u cuerpo que se me ofrecía todavá vivible, aunque bastante maltrecho.


 

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