EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS:
UN CASO DE ESTUDIO

EL CONFLICTO ENTRE ARGENTINA Y URUGUAY POR LA INSTALACIÓN DE LAS PAPELERAS: UN CASO DE ESTUDIO

Valeria Llamas

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TERCER CAPÍTULO: LOS ACTORES DEL CONFLICTO

Antecedentes

El ambientalismo surgió en la década de los 60, como resultado de una creciente conciencia sobre el impacto que generaba la actividad humana sobre la naturaleza. Adoptó diferentes facetas: existe un ambientalismo institucional, casi siempre orientado hacia la conservación de la naturaleza (como es en la Argentina la Fundación Vida Silvestre); otro de organizaciones no gubernamentales de presión y lobby sobre los gobiernos (como Greenpeace) y finalmente otro más espontáneo, los movimientos sociales ambientalistas, que aparecen en torno de temas localizados.

En el diferendo por las pasteras adoptó la tercera forma de ambientalistas con la participación – ayuda del segundo tipo.

El conflicto comenzó como una protesta social y ambiental interna del Uruguay. Entre 1998 y 2001 la coalición de izquierda Frente Amplio, junto a la central sindical uruguaya, el PIT-CNT, la Organización Ambiental Grupo Guayubira y Greenpeace criticaron la instalación de las plantas de celulosa y se opusieron a la misma.

En 2003 los argentinos de Gualeguaychú se sumaron a los reclamos que venían realizando los uruguayos. El 24 de septiembre, uruguayos y argentinos se reunieron en el lado argentino y firmaron la Declaración de Gualeguaychú, realizando el 14 de octubre el primer acto conjunto sobre el puente internacional para oponerse a la construcción de las plantas.

Hay que aclarar que aunque los movimientos de protesta dicen oponerse a “las papeleras” no se trata en realidad de fábrica de papel, sino de pulpa de celulosa que es la materia prima con la que luego se producirá el papel.

En mayo de 2004, el Parlamento uruguayo ratificó el tratado con Finlandia para proteger la inversión de Botnia y Ence, con la oposición del Frente Amplio. En junio Argentina y Uruguay llegaron a un acuerdo en la CARU (Comisión Administradora del Río Uruguay) para la instalación de las plantas. A fines del 2004, Tabaré ganó las elecciones presidenciales y anunció que las plantas se construirían tal como estaba planeado; ello llevó también a que el Frente Amplio y la central sindical de PIT-CNT, adecuaran su posición y comenzaran a apoyar la instalación de las plantas en Fray Bentos.

El 30 de abril de 2005, una multitud de argentinos y uruguayos tomó el puente internacional General San Martín, ubicado sobre el Río Uruguay, uniendo Gualeguaychú con Fray Bentos para intentar detener lo que ellos llaman un “ecocidio”, es decir, reclamaron la preservación del río que es la fuente de vida, trabajo y turismo para la población de ambos lados.

Argumentos de los Asambleístas

Los argumentos de los asambleístas para oponerse a las plantas son varios. En primer lugar, Ence y Botnia representarían casi el doble de la producción de pasta de papel que se realiza en la Argentina, la que desde Greenpeace aseguraban que es una concentración de contaminantes que superaría todo lo conocido para esta industria.

Otro de los aspectos, es que quedarían afectados importantes ecosistemas cercanos ya que las pasteras estarían impactando directamente aguas arriba sobre los Esteros de Farrapos, clave en los procesos de migración de aves de significación internacional y como sitio ubicado en una región de reproducción ictícola.

Según el gobernador Busti, las empresas eligieron instalarse en Fray Bentos por cuatro motivos fundamentales: el bajo costo de la mano de obra, la gratuidad del recurso primario del agua potable, la flexibilidad ambiental y las plantaciones forestales uruguayas y entrerrianas que rodean la zona de estos emprendimientos. Además agregaba que estas industrias vinieron a instalarse en esta región porque acá no se aplicaban los parámetros ambientales que ya regían en la Unión Europea.

Cuando se conforma la Asamblea Regional del Río Uruguay, se manifestaron contra la propagación de los monocultivos, la extranjerización de las tierras y la instalación de industrias contaminantes en la región, que estaban causando daños irreparables, según ellos. Además alertaron contra las empresas que se construían o pretendían construir en Uruguay, las que no son más que “... emblemas de un capitalismo feroz e irracional que ignora fronteras y soberanías...” .