DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD RURAL AL DESPUNTAR EL SIGLO XXI. ECONOMÍA Y POLÍTICA

DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD RURAL AL DESPUNTAR EL SIGLO XXI. ECONOMÍA Y POLÍTICA

Compiladora: Irma Lorena Acosta Reveles

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III. IMPORTANCIA DEL TRABAJO INFANTIL EN LA FASE NEOLIBERAL

Si bien la explotación de menores es un fenómeno implícito en el modo capitalista de producción y más en su forma subdesarrollada, el neoliberalismo ha venido a agravar el problema. La orientación de la economía hacia el exterior, esto es el crecimiento absoluto, “una característica de la producción de exportación en general es que tiende a operar con una elevada composición del capital, lo cual se debe a que se trata de producción que tiene que desplegar una gran capacidad competitiva a nivel internacional, si ha de tener éxito, ello significa que esta producción no podrá permanecer ajena a la innovación tecnológica” (Figueroa, 1986). Así, el trabajo infantil beneficia a los grandes capitalistas a costa de despojar a la familia obrera de muchos logros que se habían conseguido en las décadas previas, lanzando un mayor número de los miembros del hogar del trabajador al mercado laboral y, cuando no es posible acceder al empleo asalariado, a cualquier tipo de actividades que pudieran permitirles sobrevivir.

A inicios de los ochenta, casi en todos los países del mundo arribaron al poder personajes con una concepción diferente a la que había predominado en el período anterior en lo que respecta al papel que el Estado debería jugar en la sociedad. En general, las políticas públicas vendrían a significar un duro ataque contra el trabajo. Ello se debió a la necesidad del capital por mantener una tasa de ganancia elevada.

Los lineamientos giran en torno a derribar todas las trabas que puedan obstaculizar la expansión del capital, básicamente de grandes compañías internacionales. El cambio de estrategia a partir de finales de la década de los setenta, se inscribiría en esa lógica. Y ello sería debido a requerimientos prácticos del capital por valorizarse en esa onda larga depresiva que planteaba la necesidad de reestructurarse (Guillén, 1997: 262).

A los partidarios y promotores de la escuela neoliberal les interesa un Estado fuerte que proporcione la seguridad y contrarreste aquellos problemas que el mercado por sí sólo no pueda resolver, por ejemplo emplear su poder fiscal para garantizar algunos servicios que el mercado no satisface, hacer adelantos de capital constante y variable social en montos que ningún capitalista o grupo de ellos podría o estaría dispuesto a hacer.

El desmantelamiento del Estado ha venido acompañado por la reorientación hacia el exterior, proceso que ha favorecido a las empresas transnacionales –en un contexto de competencia abierta- y que ha sido auspiciado por organismos financieros internacionales, particularmente el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Estos últimos han influido en el diseño de las políticas económicas presionando para que se apliquen programas de ajuste, (Guillén, 1990: 39) caracterizados por: la reducción del déficit fiscal mediante la disminución del gasto público, la eliminación de ciertos subsidios, venta de empresas paraestatales y la reducción de los complejos aparatos burocráticos; la restricción del crédito, evitando la emisión monetaria y constriñendo la política del gasto público; el incremento en las tasas de interés, reorientando la asignación de recursos, favoreciendo la repatriación de capitales extranjeros; el mantenimiento de un tipo de cambio que promueva las exportaciones, recurriendo a la devaluación para desalentar importaciones y aumentar la competitividad; la oposición a tipos de cambio múltiples y a cualquier restricción al movimiento de capitales y mercancías; la contención en los incrementos salariales y su incremento en función de la inflación esperada, significando un deterioro en el poder adquisitivo.

Estas líneas han determinado la estrategia en la política económica que los organismos internacionales recomiendan a las economías subdesarrolladas en las últimas décadas, cuyo forzoso cumplimiento acarrea resultados adversos para la mayoría de la población.

El neoliberalismo no ha retrocedido en su dirección. Los organismos internacionales siguen presionando para asegurar a las empresas transnacionales la máxima rentabilidad posible a costa de la degradación total de los trabajadores. En el año 2001, el Banco Mundial recomendaba al gobierno mexicano el mantenimiento de finanzas públicas sanas sobre la base de recortes presupuestales y privatizaciones, así fueran en materia de salud y pensiones, además la realización de una reforma fiscal con IVA del 15% incluyendo alimentos y medicinas. No podía escapar a su recomendación la realización de una reforma laboral en la cual se le dé todo el poder al patrón sobre el trabajo (Figueroa Delgado, 2003: 35).

El empobrecimiento de grandes proporciones de la población, derivado de la aplicación de medidas neoliberales, ha traído consigo una mayor presencia de infantes en las calles en la búsqueda de aportar al endeble sustento familiar.