DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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La clase en el vestido

En el orden social de las clases hay estructuras sociales e ideológicas que hacen creer que son naturales las diferencias/desigualdades, en lo visible hay criterios impuestos de distribución / diferenciación, entre las personas que tienen recursos las hacen representar como aptas, distinguibles, apreciables, estéticas, ciudadanías ejemplares, mientras que las personas que no tienen esos recursos son representados como ineptos, anti- estéticos (feos), despreciables, personas que en el trato incomodan, etcétera.

Estos criterios de discriminación muestran la clasificación racista y clasista en filtros visibles de diferenciación social, dentro de estás formas una de las más importantes es el estatus en la manera de vestir de las personas:

“No es que la gente era más, estaba más pobre vestían pues, pero pues muy bajo, no como ahora andan hay con unos trajes ¡que cállese!, era pantalón, pero pues más pobre, más…, bueno yo pienso que la gente era más pobre, era mas ya le digo”. (Entrevista 80) (Ignacio Lemus Martínez, 81 años, Masculino, 1 de primaria, Jornalero de campo, Celaya)

El criterio social de discriminación visible primeramente se de en el vestido, donde se ubica a la gente dentro de una pertenencia, un ámbito, un grupo. La distancia entre unos y otros. A la distancia física se ve, en la distancia social implica dos formas de vida, dos personajes distintos, dos culturas, dos destinos.

“Mire cuando yo tuve un poco de experiencia más, la gente más antes aquí mire, venía en calzón blanco y camisa blanca, también usaban un (faja), en vez de cinto usaban un cinto aquí ancho; y ahí traían su dinero, traían su dinero, les nombraban víboras a esas, ahí traían su dinero, y si es que compraban algo, tenían que soltarse el cinto para sacar el dinero, era pura plata, no era cobre como el de ahora, era pura plata, oro no, el oro ya no lo conocí, pero la plata si la conocí. Y esos hombres venían vestidos del rancho con unos, como le digo con unas batas blancas, aquí traían su dinero que les nombraban víboras, entonces esos veda venían a comprar cualquier cosa y se soltaban el cinto para sacar el dinero, sacaban una raya (cambio en monedas) harta, pero plata, pesos, pesos de esos centenarios que tenían no más un sol como la pura plata, y otras cosillas más veda. Venían con sus burros unos, había un mesón (especie de hotel barato) por acá a la vuelta, un lado, antes de que tumbarán el mercado este, porque el mercado este es nuevo, el mercado que esta aquí, ese mercado es nuevo, entonces ahí se hacía una plazuela; y en esa plazuela venía toda la gente a comprar ahí, entonces venía mucha gente del rancho; y por ahí un lado de ese estaba un mesón y ahí metían sus animales, caballos, burros, todo eso, entonces para eso veda, pos se iban con toda confianza a comprar y regresaban de vuelta, salían con sus caballos, sus burros, y ya se iban en paz; ya con lo que compraban”. (Entrevista 1) (Juan Ramos Bolaños, de 66 años, originario de Celaya).

La primera diferencia se da entre la sociedad rural y la sociedad urbana, las personas de las haciendas, después de las rancherías y municipios pequeños, que iban a la ciudad a realizar compras de insumos necesarios como herramientas, comestibles y algún otro insumo, también llegaban a la ciudad a vender productos, a realizar actividades administrativas en el palacio municipal, visitar una fiesta o evento religiosos. Llegaban en sus medios de transporte de tracción animal (carretas) o montados en caballos, mulas o burros, en todo caso a pie, y por la distancia y los medios de transporte tenían que pernotar en un mesón por lo general cerca del mercado, este forma sociocultural se da en el México de 1820 a 1949 aproximadamente , donde predominaban las actividades agrícolas.

Aproximadamente sobre 1930 nos comenta que en Celaya:

“Hilario : Los de rancho se vestían con calzones de manta y con un trapo amarrado en las pompis que les llamaba Tapio y camisa de manta y nada mas no se usaba el pantalón no se usaba el pantalón no se usaban los zapatos, y aquí en Celaya los ricos usaban sus sacos sus corbatas , como es ahorita. Liliana: ¿Es cierto que para entrar a Celaya los obligaban a vestir pantalones? Hilario : Si un tiempo el gobierno los obligo y el que no tenia pantalón lo tenia que pedir prestado o comprarlo y ya cuando entraban aquí se lo ponían y cuando salían se lo quitaban y así hicieron negocio”. (Entrevista 70) (Hilario González García, 80 años).