DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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El transporte y vivienda como espacio diferenciado

El medio y el espacio, el vehiculo y el vínculo de la diferencia:

“Mejor no, no sacamos temas, pero lo que yo viví esto que les voy a contar, lo viví y si había camiones, había dos camiones que entraban a Celaya, uno a Cortazar que le decían el galgo, ese iba a Cortazar en otro camión, el que pasaba otro a Villagran que le decían la escoba, eran los únicos camiones que los que había, todos se trasportaban en carros en carros de mulas en burros, no había medio de transporte todavía, yo cuando conocí Celaya no había unas señales de la vía del tranvía, pues todavía alcance a ver los carros muy vagamente me acuerdo, pero las calandrias donde se paseaban los adinerados como los abuelos de Sarita Montoya, los Nieto, los viejos porque ya Don Ricardo Nieto ya eso, ya es de poco acá, Don Antonio Nieto fue el primero que llega a poner cañaverales a aquí al entorno de Villagran la Esperaza, es lo que yo me acuerdo”. (Entrevista 75) (Juana Hernández León, 64 años, Ama de casa, ninguno, La Palmita municipio de Celaya). (Se calculó aproximadamente en 1949).

No solamente eran los espacios, sino también los medios, las formas de transportarse en esos espacios, en esos circuitos, los camiones como transporte colectivo eran para las clases subalternas, las calandrias (en una época), los automóviles (en otra) fueron privilegios sobre todo para las clases ricas.

Antes para referirse a los ricos por ejemplo en los juegos de fútbol, les decían los “rotos” (en la barriada), esta palabra era una especie de abreviatura del mote que anteriormente les decían: los “curros” de la Alameda. (Juan Franco Saldaña, 65 años, técnico, del barrio de Santiago).

Es curioso, antes de que se secularizara demasiado la vida cultural en Celaya los ricos tenían que jugar con los pobres en ciertos deportes, como en el fútbol soccer (me recuerda que en Argentina se enfrentan el equipo de los ricos y el equipo del pueblo desde hace antaño, así como en México se decía que el América era el equipo de los ricos), las diferencias marcadas también se contrarrestan en las resistencias culturales en las denominaciones, por ejemplo “curros” más asociadas a los españoles, la cierta semejanza homófona también estigmatizaba las personalidades de estas clases. En alguna litografía de Posadas recuerdo que a ciertos ricos también les llamaban “chulos” por el refinamiento exquisito de su educación.

“Bueno, había familias de mucho dinero y había familias que no tenía nada, las familias de mucho dinero tenían mucho abolengo, tenían muchos años aquí, los Nieto, los Chaurand, los Suárez, eran los dueños de las tiendas grandes, casi todos tenían sus granjas sus ranchos, ya para eso eran gente grande de mucho tiempo aquí”. (Entrevista 59) (Doctor Carlos García Ruiz, residente de Celaya desde 1954).

Las clases eran familias que fueron diferenciándose en su trayectoria económica, a la par de su distinción cultural: abolengo, su historia permanece en la memoria colectiva, como una historia interpretada desde la carencia sobre los excesos de la opulencia.