DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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De la exclusión al estigma de la incapacidad

Las restricciones sociales establecidas a las mujeres en cuanto a los límites de su formación, preparación o de participación laboral, confinándolas a las tareas de mantenimiento (lavar, planchar, barrer, etcétera), generaban por otro lado, el discurso de sus desventajas dadas por sus imposibilidades, atrofias, desconocimientos, inconsistencias, inexperiencias e imprácticas que permitían argumentar su debilidad de manera “natural”, es decir su lugar subordinado con cierta familiaridad, de acuerdo a sus habitus que la circunscribía en las tareas a realizar de acuerdo a sus capacidades demostradas - asignadas.

“Pues lo que mas me gustaba hacer de muy chica: brincar a la reata, y jugar canicas, por que, porque no había otros pasatiempos, los juguetes que antes nos distraían, los juguetes que entonces habían, pues no se comparan todo era hecho por carpinteros la reata sobre todo a los encantados, a la víbora de la mar, eso era lo que me gustaba como juegos de la infancia y posteriormente como ama de casa dedicarme a mis hijos, antes raras veces trabajaban las mujeres fuera de su casa”. (Entrevista 103) (Amelia Gasca Yánez, 77 Años, Femenino, Primer Año de Comercio, Venta de telas, Celaya).

La interrupción brutal de actividades significativas y lúdicas, hace un canto triste, melancólico que remota al recuerdo (como vida vivida, no como vida mantenida y restringida), de vez en cuando busca la expresión latente en el espacio de permitido:

“Lo que mas me gusta es el baile la música, siempre me a gustado, me gusta practicarlo, cuando tengo fiestecitas aprovecho la ocasión, y hasta a veces cuando tengo humor en mi casa, me gusta porque el corazón lo siente la alegría”. (Entrevista 13) (Josefina García Palma, 69 años, femenino, 5º primaria, empleada doméstica, Celaya, Gto.)

“Sra. María: mis amigos, todavía conservo algunos, tuve muchos amigos, muchas amigas, de joven me gustaba mucho la pachanga, me gustaba, este irme de pachanga, anteriormente no eran discos, anteriormente eran tardeadas, empezaban a las cuatro de la tarde y yo tenía que llegar a las nueve de la noche, pero cosas muy limpias porque eran, éramos muy sanos, o sea si a caso la única, ora sí que la única cosa mala para mi, era que te fumaras un cigarro, o que te tomaras una cuba, y las entradas, eran de que si una señorita llegaba con una rosa en la mano entraba gratis a la tardeada, pero eran fiestas muy sanas, porque ahora que les dices a que hora vas a llegar, tres cuatro de la mañana y eso es temprano, anteriormente no, se hacían en él estand de la feria, se hacían en él estand de los electricistas, pero eran tardeadas y pues no éramos así como ahorita, respetábamos a los papas, que nos decían a las 9 de la noche, (muchacho haciendo ruidos) a las nueve de la noche ahí estábamos, no sé si era miedo o respeto pero ahí estábamos”. (Entrevista 42) (María Carmen Vargas Navarrete, Celaya)