DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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Cruces del mundo campirano y la urbe en Celaya

Ricardo Contreras Soto

riconsoto@gmail.com

La división social de trabajo se manifestó principalmente entre dos formas de vida, dentro de las diferencias culturales de representación simbólica y en la vida práctica entre las personas en la región, que viven y realizan actividades en el mundo rural o campirano (campesinos, jornaleros, ejidatarios, ganaderos, pastores, etcétera) con las personas que realizan actividades y viven en las ciudades (trabajadores, comerciantes, burócratas o ejecutivos de diferente nivel, artesanos, técnicos, amas de casa, personas que realizan distintos oficios, prestadores de servicios, etcétera). Secularizadas dichas actividades económicas y especializadas, cada uno de ellos tienen dos diferentes espacios que coexisten y se complementan de manera general. Es así como el mundo urbano y el mundo rural participa en los cruces de la vida cultural en Celaya, desde las plazas donde se van a proveer de mercancías en los intercambios económicos, hasta los recintos religiosos donde se van a suministrar creencias y reafirmas las identidades religiosas principalmente los domingos.

Recuerdo fotografías antiguas donde en la calle y en la plaza transitan diversas personas fácilmente identificables por su forma de vestir entre urbanas y rurales, los hombres rurales traen sombrero para protegerse del sol, huaraches (por condiciones económicas y ecológicas), ropa de manta blanca (auque como se señaló, fue prohibida en Celaya, por algún presidente con prejuicios modernizante), las personas citadinas andan a la “moda” la que se dicta en algún lugar “centro” de Europa o de Estados Unidos. La siguiente descripción nos habla de esa forma de vestir de las mujeres campiranas:

“Con vestidos largos de flores muy bonitos uno usaba mandil guaraches no como a hora que las mujeres andan muy zanconas, y eso que yo no usaba vestidos muy largos me llegaban abajo de la rodilla utilizaban trenzas largas”.

(Entrevista 113) (María López Sánchez, 62 Años, Femenino, Primaria, Ama de Casa, Celaya)

El siguiente testimonio es una riquísima descripción de la vida cotidiana rural, muy detallada, nos platica sobre los quehaceres, la alimentación, el régimen de trabajo, los intercambios comerciales entre los rural y lo urbano, el necesario conocimiento del entorno natural, la complementación de las dietas de subsistencia con otros alimentos locales (que dejaron de ser hace tiempo comestibles), los lugares urbanos de abastecimiento de ciertos productos, los productos, las comparaciones y valoraciones que hacen las personas sobre la situación actual en las formas de vida predominantemente económicas.

“A pos los de mas antes, tenían unas costumbres muy bonitas pero muy salvajes levantarse a las 4 de la mañana o 3 de la mañana en el rancho, los que iban a vender su leñita, sus nopalitos a Celaya a los barrios, pues también irse temprano parta llegar a Celaya, en el rancho salían a madrugar los bueyes, y se usaban bueyes, ya que los madrugaban les daban de almorzar y antes de las 7 de la mañana, ya andaban labrando la tierra eran personas que vivían en el campo, salían a las tres de la mañana, por decir regresaban a las seis de la tarde, ya nada mas a comer y dormir, y devuelta otro día, en la misma hora no había quien se quedara en cama, los alimentos eran pobres: frijolitos, pero era gente muy sana, personas muy sanas, en esas me incluyo yo, porque fui criada con nopalitos, verdolagas, quelites, este carnitas de campo, mucho conejo, mucha liebre, muchos armadillos, mucho tejon, no había pobreza de comida, no había matanza de puercos como ahora, pura carne de pollo, criaban las mujeres en el campo hasta 100 ó 200 pollos, 100 ó 200 guajolotes, después ya ni los cuidaban, las gallinas salían en donde quiera, llegaban ya nada más con los pollitos y era fácil la vida de antes, dura la vida de ahora, y aunque sea más bonita, y aunque vista uno mejor se ve mas difícil ahora, más antes vestías manta el hombre vestía su calzan de manta, y blanca y camisas de manta jaspiada y con hilitos de colores, era la manta jaspiada, tela jaspiada las mujeres iban a la cárcel (a los talleres a proveerse de ropa que hacían los presos), por que no había puestos como ahora, iban a la cárcel compraban lo de los presos que hacían las cobayas, en los telares bahía, con su fabrica de cobillas, fabricaban la tela, y pos la gente iban y les compraban a los presos por pieza así la vendían y pues no iba uno a Celaya, más que atraer la cal y el petróleo en la burrita, porque pos en el campo se daban tomates , en el campo se daban jitomates, en el campo quelitito , esos que ahora les dicen champiñones había por montones en el tiempo de las aguas cortaban una cubeta y eran sabrosísimos pero ya ahora todo eso cuesta”. (Entrevista 75) (Juana Hernández León, 64 años, Ama de casa, ninguno, La Palmita municipio de Celaya). (Se calculó aproximadamente en 1949).

Las pequeñas ciudades, las comunidades rurales y las rancherías carecían de servicios básicos (agua, luz, drenaje, servios de salud, educación, comunicaciones, etcétera), la distancia entre lo rural y lo urbano era diametralmente opuesta, como lo muestra el siguiente testimonio:

“Primeramente el trabajo, siempre el trabajo ha sido lo primero, yo estaba en San Miguel Octopan, fui a hacer el servicio social, estaban tan atrasados, que para empezar te voy a decir una cosa, resulta que yo ahí puse mi consultorio, puse la primera farmacia que hubo ahí, el primer teléfono, lo puse ahí porque era el único (médico) de todo el pueblo, y el correo, tenía también el correo, bueno se lo deje a la señorita que me atendía la farmacia, tenía el correo, el teléfono y la farmacia, lo único que había ahí”. (Entrevista 59) (Doctor Carlos García Ruiz, residente de Celaya desde 1954).

Sobre la estrecha vinculación entre el mundo rural y el mundo urbano (en un momento histórico) que se da en Celaya, resalta los contrastes entre uno y otro, el siguiente testimonio permite explorar ese mundo subjetivo de la percepción, ya que nos habla de “libertino”, asociado a la noción de “tiempo libre” (que es una expresión más para los urbanitas asalariados, y no de las personas rurales, ya que solo las personas rurales dejaban el trabajo a un lado por el momento), el proceso de reproducción de clase, se va distanciando hacia la proletarización de la mano de obra hacia las ciudades de los hijos de las personas que trabajaban en el campo, de las actividades de servicio a la industria, de la industria al comercio (la rotación de las personas en el mercado laboral), la complementación de la dieta diaria en los recursos económicos en las crianzas de animales, las epidemias avícolas y el desconocimiento de su tratamiento, la vida familiar articulada a la vida laboral:

“Pues no, fíjese que no, como casi uno no andaba muy libertino en aquellos días. Pues no hay ninguna anécdota que yo haya tenido, como éramos muy pobres no salíamos. Mi padre trabajaba en el rancho y ganaba poco, no salíamos de la casa, nada más para ir a jugar en la noche. Ya cuando empecé a salir al jardín, allá al centro de Celaya tenía 10 años, ya fue cuando empecé a ir al jardín. Pues no me acuerdo de alguna aventura que haya tenido. Con sus hermanos, primos o sus amigos ¿no? No pues casi éramos muy desapartados, no tenía uno ____ de andar por allí, por aquí. Amanecía y mi padre trabajaba en el rancho, y nos llevaba en la mañana al rancho y ya veníamos hasta en la tarde a dormir. Ya le digo, aventuras pues no, casi siempre me la he echado trabajando, trabajando nomás trabajando. En el campo ¿no? Casi toda mi vida fue puro trabajar, trabajar, desde los 15 años, desde antes yo trabajaba con un nevero, había nieve y todo eso. Ya después de más grande trabajé en una industria, era estar todo el día ahí, era del trabajo a la casa, de la casa al trabajo, porque ¿qué hacía uno? Puro trabajar nomás. Luego entré a trabajar ahí en el mercado Morelos, entraba uno a las 6 de la mañana y salía uno a las 11 de la noche, en ese tiempo nada de que andaba parrandeando con los amigos; mi vida fue trabajar en una parte, en otra parte, en otra parte. Pues en mi casa nomás teníamos gallinas, gallinas para mantenerlas, era lo que teníamos en la casa, de otros animales domésticos así, para mantener. Me acuerdo nomás lo que criábamos eran gallinas, todavía cuando llegamos aquí, aquí llegamos en el (19)55, después de que yo me casé vivíamos aquí, aquí si criamos gallinas, nomás que luego llegaba la enfermedad y se las llevaba todas, entonces dijo mi madre “no ya no vamos a criar gallinas, porque les llega la enfermedad y se mueren todas”. Ya después fui yo dejando de criar gallinas, mi madre tiene, pues cuando yo ya me había casado, mi madre se murió tendría yo alrededor de 12 años tendría yo cuando murió mi madre. Ya cuando empecé yo a trabajar ya cuando tenía 15 años, y de 15 años para acá todo fue trabajar y trabajar. Trabajé en una tienda de abarrotes, ahí duré quince años trabajando, después me salí yo, y ya después puse mi changarrito, y aquí está todavía el changarrito”. (Entrevista 61) (Raymundo Avella Luna, 84 años, 2º de primaria, Originario de: Celaya).

Otra de las articulaciones entre el mundo rural y el mundo urbano es la fuerza de trabajo que provee el mundo rural a las ciudades, a través de las “migraciones internas”, dadas en trabajos como: los albañiles, los peones, trabajadores descualificados, comerciantes y sobre todo en el trabajo doméstico:

“Pues yo no se yo me imagino que buena mi mamá, por ejemplo molía el chocolate de ese de metate, despachaba la leche ahí con una señora que era su patrona, y pues yo ahí la acompañaba, los hombres se dedicaban al campo por ejemplo los ingenieros agrónomos pues al campo, a la tierra a todo eso, cuando yo era niña siempre habido escuelas estuve estudiando en la Emeteria Valencia, primero en el Asilo de niños, pero nada más llegue hasta tercero, las mujeres se dedicaban al hogar hacer la comida las tortillitas mi mamá también fue empleada domestica por eso te digo que molía el chocolate, hacia el aseo de la casa, y antes mi mamá para poderse sostener, mi abuelita y mi mamá y mi otra tía que todavía no se casaba vendían tortillas echaban tortillas a mano y las entregaban a las casas”. (Entrevista 58) (Socorro García Montalvo, 65 años, tercero de primaria, empleada domestica).

La vida urbana está llena de rincones rurales: las huertas, las masetas, el criadero de los animales, los gallineros, pozos, muros vivientes de plantas espinosas, sobre todo en sus alrededores y en los barrios:

“Mire pues yo soy originaria del barrio de Tierras negras, eh como ustedes sabrán el barrio de tierras negras es un barrio con mucha tradición y un arraigo muy... y pos grande y allí viví uhh siempre hasta hace 15 años que salí de ahí, la niñez se llevo acabo sobre las fiestas, las tradiciones de ahí y pues yo estuve internada en un colegio, América en Jiménez. Pero yo siempre añoraba a aquí, porque acá me llevaban a vender flores al barrio de San Juan de Dios, pero yo añoraba el barrio de tierras negras estaba, era cuando me llevaban a vender flores con la familia tenia una, unos solares grandes de flores por que cultivaban flores pues nosotros vendíamos, mi abuelito vendía flores y todos nosotros vendíamos flores, ahí se cultivaban de diferentes flores jazmines violetas, rosales y también nube alelí, hierbas esas eran las que se cultivaban ahí. Dalias, si también geranios, si que son rojas, blancas y amarillas y.... ...... eran, eran solares, (Héctor Sánchez: todo lo que era ahí las colonias los Ángeles, no) Si, es. El agua, había un pozo, ahí mi abuelito tenía una noria, les decían ellos porque las norias eran cuadradas, son cuadradas y los pozos son redondos y ahí había una noria y se sacaba con bandilete, era un bote, era un bote grande, que estaba en un mezquite y ese tenia un, un de este un lazo grueso con el que entraba allá pero y con lo que se sacaba era con una madera que la envolvían atrás, le ponían como una piedra para que la pudieran sacar. Y esta fue pues la niñez y ahí mi abuelita vendía en el mercado las flores ahí tenia su puesto en el centro, en aquel entonces en el mercado Morelos esteba una estatua de, de Morelos y alrededor se ponían las de las flores. Refiriéndose a 1940”. (Josefina Estrada, Mesa de trabajo 9 de agosto 2007)

En muchas comunidades rurales predominaba un orden impuesto en la vida cotidiana por las personas y las armas: entre cacicazgos y justicias a mano; entre extrañamientos controlados por fuerza y la ley del más fuerte, problemas como estos resueltos por esa vía en el México bárbaro posrevolucionario. Muchos fueros los personajes que a hierro vivieron y murieron.

“Prácticamente, fui el primer extranjero, que fui ahí (San Miguel Octopan), porque eran bravos a mi no me dejaban ir los de aquí de Celaya, me decían que eran bravos, que puras balaceras se armaban ahí, no pero a mí no me hicieron nada, porque yo no llegue a pelear , yo llegue a ayudar. Entonces fíjate que el trabajo, otra cosa, por ejemplo fíjate la cuestión, fíjate no me lo vas a creer, el esparcimiento aquí en Celaya no había más que los dos cines y la vuelta al jardín los domingos no había ninguna otra cosa, campos de fútbol estaban unos llanos que estaban aquí en la calle de Obregón, jugábamos fútbol ahí, yo llegue a jugar fútbol, había un campo de béisbol y un frontón era todo lo que había de deportes, lo del estadio fue mucho después, el esparcimiento fue lo que te digo, era un paseo al puente de la Laja, eran paseos grandes, ahí al puente de la Laja y el otro era, había otro paseo espera a la Alameda, la Alameda ya estaba fuera de Celaya, y era una cosa extraordinaria, ah y las muchachas de entonces se iban desde aquí, desde aquí del banco la casota grandota se iban en una carretas se iban hasta la Alameda a hacer un día de campo (risas), ahí se juntaban las carretas y los caballos y se iban hasta la Alameda de día de campo , no había más”. (Entrevista 59) (Doctor Carlos García Ruiz, residente de Celaya desde 1954).

El esparcimiento fue una de las características diferenciales entre ese mundo rural campirano y el urbano. Mientras el espacio era “natural” de lo campirano, donde no se concebía el tiempo libre, ni la recreación. En el espacio urbano lo natural era “artificial” para rememorarse lo especial en parques, arboledas junto a fuentes, bancas, quioscos y lugares explícitos donde recrearse: “La naturaleza dominada”.