DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

DE LOS RELATOS QUE SORPRENDEN A LOS HECHOS QUE INDIGNAN. ACERCAMIENTO A LA HISTORIA CULTURAL DEMOLÓGICA DE CELAYA

Ricardo Contreras Soto

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Cambios en el consumo

Los productos se difunden, se innovan, se diversifican, poco a poco se van sustituyendo unos de otros, la lejía por el jabón; los grupos de música en vivo por la música del tocadiscos, la plancha de carbón por la eléctrica, la estufa de leña o de petróleo por la de gas, el refrigerador por formas de preparar las conservas, los carros de mulas por los automóviles. Las prácticas también se transforman: de salir a las calles por la tarde en el “tiempo de descanso” a encerrarse a escuchar la radio y ver la televisión, se van renovando las relaciones sociales. Las industrias sustituyen a los talleres, los artesanos se adscriben como obreros en las fábricas, algunos campesinos se vuelven también obreros urbanitas.

A continuación una secuencia de fallos y malentendidos sobre diferentes formas de consumos y de nuevos productos:

“Luego, mi tía trabajaba también lavando ajeno, mi abuelita, pero mi tía les trabajaba a unas personas que se apellidaban Concha que vivían por la calle de Guadalupe, una ocasión fíjate que bonito ahí conocí la gelatina, en esa casa me llevo mi tía que en paz descansé, se llamaba Inés, me llevó, y entonces la señorita muy amable, era una señorita también que no se había casado ya grande, y tenía a su papá que me acuerdo que lo tenía ya en silla de ruedas en el solecito, en esa ocasión que le llevó mi tía la ropa, y que me llevó, rápido fue a su refrigerador, o no se si era su refrigerador o su cocina, y me trajo una gelatinita, chiquita, fíjate que yo no me la quería comer, porque no sabía que cosa era, la gelatina, y no sabía de que estaba hecha, ni nada, me acuerdo que era color de rosita, entonces, mi tía me decía cométela, y le decía, no tía yo hasta llegando a la casa, y llegando a la casa fíjate, hasta que mi papá la vio y dijo es una gelatina, si hija cométela y a todos los demás les di una probadita o sea que no se hizo de nada mi gelatina, estaba chiquita, verdad, y mi abuelita trabajaba también lavándole a esas señoritas Molina, que vivían por Allende, cerca del jardín de San Agustín, y las señoritas, una ocasión me acuerdo que cuando mi abuelita les llevaba la ropa limpia, le deban la maleta de la ropa sucia, para la siguiente semana, esa ocasión me acuerdo que le dieron, sin decirle que cosa era, le dieron una bolsita con un polvito de color rosa, y entonces me dijo mi abuelita, mira ahora hasta me dieron jabón, pero no se usaba jabón de polvo en ese tiempo, pero mi abuelita pensó que era jabón, porque el jabón lo vendían en una fábrica de jabón que era de Don Carlos que vivía por ahí por la calzada de Guillermo Prieto, no se si todavía esté esa fabriquita de jabón, iba uno y pedía mi abuelita, por ejemplo un kilo de jabón, y sacaban unos pedazotes de jabón así que se partían con un cuchillo, le pesaban el kilo y las personas le daban su cubeta para la lejía, la lejía era lo que les servía, como si fuera cloro ahora. Entonces, esas señoritas le dieron una bolsita, y dijo mi abuelita, hay mira ahora se pusieron modernas ya hasta me dieron una bolsita de jabón, bueno como todavía estábamos en la escuela, estábamos chiquillas, al otro día me fui con mi abuelita allá a la sequia a lavar y estaba yo, abuelita yo te ayudo, yo te ayudo, para usar el jabón nuevo, tenía yo la tentación del polvito color de rosa, entonces dice mi abuelita, no, no vamos a usarlo hoy, si abuelita yo te lavo una servilleta, y mi abuelita me dio una servilleta, para que se la lavara, entonces yo con los dientes rompí la bolsa y le eche el polvo ese color de rosa a una servilleta y se empezó así a aglobar el polvito ese, así se puso gelatinoso pues era una gelatina la que le habían regalado, y no le dijeron que era gelatina, y pensábamos que era jabón, y pues resulta que ya mi abuelita tuvo que lavar la servilleta con otra cosa, verdad, porque vio que era gelatina y no era jabón, verdad y de esa forma fue que nos dimos cuenta que el polvito era la gelatina. (Entrevista 121) (Teresa Reynoso Ruiz, 66 años, Normal Superior, Maestra de Primaria).

El asombro es similar a la novela de García Márquez 100 años de soledad, cuando las personas ven el hielo por primera vez en Macondo, así la gelatina apareció, la consistencia, su sabor aún no familiarizado por la niña, la inseguridad con la que se come, su impresión ante la cosa que después se conoce como refrigerador, la sustancia rosa que parecía ser una especie de detergente (agentes químicos) y que resultó que no era eso, era una gelatina que terminó manchando la ropa que se quería lavar, esta historia de accidentes y contrasentidos muestra en diferentes episodios los encuentros y desencuentros con la tecnología (y la ciencia) en un país periférico.