MIGRACIÓN, PERCEPCIÓN CULTURAL DEL TRABAJADOR PERIFÉRICO EN EL CENTRO 
(CONSTITUCIÓN SIMBÓLICA EN CONTEXTOS ESTRUCTURADOS)

MIGRACIÓN, PERCEPCIÓN CULTURAL DEL TRABAJADOR PERIFÉRICO EN EL CENTRO (CONSTITUCIÓN SIMBÓLICA EN CONTEXTOS ESTRUCTURADOS)

Ricardo Contreras Soto

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Agradecimientos

Este trabajo es producto de la ironía y la paradoja, topó y se resistió con algunos de los límites de la periferia en la generación del conocimiento: con sus obstáculos institucionales, con los centros de maquila de “verdades”, con los sentidos políticos y eufemísticos de la interpretación de la realidad, con las estrategias de descalificación complaciente de la pequeña intelectualidad y de funcionarios, con la generación de investigaciones redituables o “útiles” y con la reproducción del silencio y de lo obvio.

Quiero agradecer a las personas, que han hecho puentes en el trabajo, en trayectoria, en la presencia y en la distancia.

Agradezco a mi Madre: Josefina Soto, hermanos Pily, Norma, Viky, Fer, Lily, a mis hijos Axbhal y Andrea, a mis sobrinos. A mi padre Ricardo Contreras Macías. A mi segundo padre y su familia Ezequiel Soto que me permitió seguir estudiando y conocer la formación universitaria, a todos los primos y tíos (a la banda).

A la Doctora Phyllis Ann McFarland Morris que observo y corrigió con demasiado detalle cada una de las líneas de exposición y planteamiento de la tesis, cuestionando, sugiriendo y orientando. La dedicación y la atención no es más que un darse en vida a la vida. A la Doctora Martha Guevara por su gran dedicación y contribución en este trabajo también, al orientarme y discutir en el Seminario de Comportamiento Organizacional los diferentes avances. Al Doctor Gilberto Giménez que me ha inspirado como investigador y ha atendido con paciencia las inquietudes y discusiones sobre las problemáticas que se circunscribieron al tema. A los Doctores y Maestros Andrés Rodríguez, Nacy Elliot, Luis Fernando Macias, Heriberto Cairo, Ricardo Tena, Antonio Requena, Anne Chambers, Carmen Egea, Maria Angustias, Cristino Pérez, Emilio Sánchez, Antonio J. Rojas, Rene Martínez, Xochilt Banda, Ezequiel Hernández, José Luis Padilla, Alam Samsu., Raúl Delgado, Luis Montaño, Jorge Ríos Szalay, Omar Aktouf, Héctor Gómez e Ivonne Pérez, Eugenio Helman, Luis Miguel Rionda, Eduardo Ocampo, Beatriz Acosta, Emigdio Archundia por su apoyo como director, Adriana Crisantema y Francisco González.

A mis compañeros y amigos de búsqueda y trayectoria: Ma. Concepción Franco, Francisco Pantoja, Elba Estrada, Adrián González, Patricia Baquedano, Martín Juvera, Gloria Lemus, Alejandro Campos, Mario Nonel, Gaby Sánchez, Roberto Santoyo, Víctor Sánchez (teólogo exiliado), Julio Rosas, Melisa Cano, Mary José Chávez, Eric Olvera, Rosa M. Cervantes, Luz Maria Roblez, Enrique Cobio, Guillermo Rodríguez, Raúl Díaz, Gerardo y Miguel Belmont, Chais y Yello Mayorga, Cipriano Romero Pital (jefe Bribri), Aarón L. Bejamin (desarrollista), José Luis Amador (antropólogo tico), Santos Luís Pérez (hermano caballito) Kimika Igarashi, Ian Chi, Keiko, Jellot, Rocío Sánchez, Malú Morales, Ángeles Godoy, Salome y Lupita Suazo, Jesús López, Rebeca Cansino, Julio Rosas, Jesús Castilleros, Julián Domínguez, Rosa Colin, Galo Ramírez, Analy Rocha, Yahvé Albarran, Jeremías Ramírez, Aída Hernández, Peña, Orozco, los hermanos caradura, Eugenia Saens, Olga Míreles, a la señora Chela de Oregon, Sandra Celedón, al Giri, al Jaspeao, al Rafa internos del Cereso de Celaya. Mis compañeros y pupilos del Fútbol Americano, a los compañeros de aventuras, a los migrantes y a los migrantes entrevistados, junto a otras tantas personas.

A mis alumnos de investigación, de entorno social y de la maestría en fiscal que me ayudaron a esta tarea colosal y a la gente que se involucro en la elaboración de este trabajo y con su opinión.

A los sin nombre.