ESPACIOS REGIONALES FRONTERIZOS
Teoría, política y práctica del desarrollo y la integración fronteriza

ESPACIOS REGIONALES FRONTERIZOS TEORÍA, POLÍTICA Y PRÁCTICA DEL DESARROLLO Y LA INTEGRACIÓN FRONTERIZA

Nilo Meza Monge

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1.3. La cuestión de la “delimitación” regional

Históricamente, la delimitación ha surgido como respuesta a intereses de grupos mucha veces ajenos a los objetivos de desarrollo local o regional. Los “fines prácticos” de la delimitación se impusieron sobre la racionalidad que demandaba los objetivos y la naturaleza de una política de desarrollo nacional teniendo en cuenta la dimensión espacial.

De otro lado, las delimitaciones han estado asociadas a las “regionalizaciones” que, más allá de los propósitos de descentralización y desconcentración que sustentaba su discurso, facilitaron a los gobernantes de turno el establecimiento o superposición de nuevos “límites” sobre delimitaciones político–administrativas preexistentes (departamentos, provincias, distritos, etc.)

Las experiencias de “delimitación regional” en Europa y Latinoamérica, durante la década pasada, son muy ilustrativas al respecto. Mientras en algunos países del viejo continente alcanzan niveles de organización regional cercanos al modelo ideal de un Estado descentralizado, incluyendo experiencias de “regiones fronterizas” con institucionalidad reconocida (Pirineos); en el nuevo continente, no terminamos de salir de la etapa del análisis y de tímidas apuestas de regionalización con descentralización real. Se busca, por ejemplo en Argentina, en nombre de la “delimitación regional”, analizar previamente el comportamiento espacial de la economía; en Brasil se mantiene un federalismo con permanente actitud hostil al centralismo, o, para no citar más casos, se busca fortalecer los polos de desarrollo con áreas de influencia definidos apriorísticamente como es el caso de Chile. La historia de las delimitaciones en el Perú es muy rica en marchas y contramarchas. Unas veces, la delimitación regional abarcó a más de un departamento; en otras, el departamento se convirtió en una región que supervive luego del intento de “regionalizarlos” con la única estrategia de sumar unos departamentos con otros.

Estas experiencias suscitaron debates prolongados y, muchas veces, violentos en torno a la “arbitrariedad” o “justicia” de las delimitaciones. El Perú del 2005 se convertiría en un icono particular de este proceso. Los políticos y probablemente, poblaciones enteras, seguirán debatiendo las “bondades” de una “región grande” frente a “regiones chicas” en una falsa dicotomía que muy poco tiene que ver con procesos reales de descentralización.