SISTEMAS LOCALES DE INNOVACIÓN:
LAS EMPRESAS PYMES METALMECÁNICAS DE TANDIL (1995 ¿ 2005)

SISTEMAS LOCALES DE INNOVACIÓN: LAS EMPRESAS PYMES METALMECÁNICAS DE TANDIL (1995 ¿ 2005)

Sergio Farinelli

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3.3.3 Integración interna para la competencia externa

A lo largo de la última década, tomando como marco conceptual la experiencia de los países más exitosos en temas vinculados con el desarrollo de estrategias asociativas y/o la construcción de redes empresariales con fines específicos, han pasado a ocupar un lugar de creciente importancia en la agenda de la política pymes, tanto desde el ámbito público como del privado. Relacionado a este ítem, Aspiazu y Nochteff (2005) sostienen: “generar mecanismos e instrumentos que puedan apoyar e impulsar la mejora cualitativa y cuantitativa en la inserción internacional del universo de las pymes locales, es sin duda alguna, el desafío más importante que enfrentan hoy las PyMEs argentinas”.

Durante algún tiempo fue considerado un término casi “peligroso”. Pero en la actualidad, con expresiones como clusters, cadenas de valor o consorcios, el concepto de asociatividad se volvió común en el ámbito de las pequeñas y medianas empresas. Firmas que hoy compiten con los jugadores más eficientes del mundo, que están exportando a mercados hasta hace poco considerados inexpugnables, o que mejoraron las características del negocio gracias a la asociación con sus pares o grandes empresas, confirman aquello de que “la unión hace la fuerza”. Aún así, el sólo hecho de pensar en asociarse con otros y muchas veces con empresas competidoras, sigue despertando resquemores o miedos en buena parte de la comunidad PyME local.

Distintos economistas como González y Sánchez Maldonado (1993) vienen insistiendo en que una fórmula necesaria, aunque no suficiente, para mejorar la competitividad en forma sostenible, es avanzar hacia un progresivo grado de integración, empezando por la de economías de aglomeración en escala. Ahora bien, como es sabido, la incursión en los mercados internacionales no es una tarea sencilla ni se encuentra al alcance de cualquier firma. El ingreso a los mismos exige la implementación de algún tipo de modernización o adaptación tanto de sus métodos y sistemas de producción, como en lo que hace a estrategias de marketing y comercialización que se utilizan en el mercado interno. Y en este sentido, tratar de superar estos obstáculos a través de iniciativas individuales de firmas pequeñas o medianas se ve obstaculizado no sólo por la necesidad de asumir elevados riesgos comerciales, sino también por la exigencia de disponer de un volumen de recursos financieros, humanos y técnicos que muchas veces se encuentran fuera del alcance de una parte importante del universo PyME nacional. En función de ello, uno de los ejes centrales de la estrategia actual de la Subsecretaria de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional (SSEPyMEyDR) se orienta a apoyar e incentivar entre las pequeñas y medianas empresas el desarrollo de iniciativas asociativas, tanto a efectos de mejorar su comportamiento en el mercado interno (medidas pro competitivas) como para alcanzar mejores condiciones para intentar su despegue exportador.

Para que exista asociatividad tiene que haber un grupo de firmas del mismo sector radicadas en la misma zona y no necesariamente articuladas, como en el caso de la integración vertical. “Las empresas no viven aisladas, sino en permanente contacto con sus pares, con proveedores y clientes, lo cual ha favorecido su sobrevivencia y competitividad” (Levy, 2004).

Gabriel Yoguel (2000), afirma que cuando las empresas interactúan en un sistema local se forja un proceso de aprendizaje y de transmisión de conocimiento que es el paradigma pro competitivo que hoy impera en el mundo. En el modelo de integración que plantea Yoguel, que puede ser vertical u horizontal, no sólo se establece un vínculo entre las empresas integrantes, sino también con instituciones públicas o privadas, universidades, Institutos de Tecnología Industrial, fundaciones, etc. que conectan oferta con demanda y promuevan mejoras en la calidad de procesos y productos.

En relación a las ventas al exterior, uno de los datos llamativos de la post convertibilidad ha sido el aumento en la cantidad de PyMEs exportadoras. Sobre todo porque nunca ha sido fácil incursionar en mercados externos de un “día para el otro”, más allá de eventuales estímulos cambiarios o la chatura del mercado interno. Lo cierto es que al cabo del primer semestre del 2004 la cifra de PyMEs exportadoras “aumentó un 22% respecto al mismo período del año anterior, exactamente el doble de lo que creció el número de grandes exportadoras.”(Clarín, 2006)

Como expresa Segura (2006):

“…Además del incentivo derivado de la devaluación, el otro gran factor que actuó estimulando la salida al exterior de empresas con poca o nula experiencia exportadora, fue la existencia de grupos asociativos o consorcios, que facilitaron la operatoria. Muchas PyMEs no están en condiciones de encarar en forma aislada el desafío de exportar. Para eso los consorcios de exportación, actuando como alianzas ínter empresarias, aparecen como una opción estratégica para la inserción de estas empresas en los mercados externos”.

Operar con los consorcios posibilita mejorar la escala de la oferta; contar con mayor poder de negociación, compartir costos y eventualmente acceder a programas oficiales de apoyo a la exportación. (Clacheo, 2003)

En la actualidad cada vez son más los acuerdos entre pequeñas empresas que por ejemplo permiten compartir canales de distribución o unificar trámites de exportación teniendo en cuenta las ventajas que se obtienen.