MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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4.1 Cambios económicos

Antes hemos identificado al MERCOSUR (en el espíritu del tratado de Asunción) como un acuerdo regional del tipo “Nuevo Regionalismo”.

El Nuevo Regionalismo de turno combina dos objetivos. El de establecer la apertura económica hacía adentro y hacía afuera y para nuevos miembros y el de integrar sus mercados profundamente por medio de instituciones y políticas comunes.

Tratamos primeramente el aspecto de la apertura de los mercados de bienes. En 2004 Venezuela añadió aproximadamente 110 billones de US$ al producto bruto interno (PBI) del MERCOSUR (14%).

De esta manera toma la tercera posición en términos económicos entre los países del conjunto.

Sin embargo, en el pasado, no ha habido vínculos importantes entre los miembros del MERCOSUR y Venezuela (Tabla 1). La realidad es que en el pasado los socios comerciales más importantes de Venezuela han sido los Estados Unidos y la Unión Europea (22,1% y 6,0% de sus importaciones en 2004) respectivamente, mientras que el MERCOSUR solamente lo ha sido en el 0,7%.

Sin embargo, el escaso intercambio económico actual entre los viejos y el nuevo miembro no debe preocuparnos mucho porque la nueva situación ofrece un cierto potencial de expansión por ‘diversión de comercio’ (trade diversion). Por cierto, una ‘diversión de comercio’, que sustituye las importaciones no-tradicionales de Venezuela desde los Estados Unidos, la UE y diversos otros países más avanzados por importaciones del MERCOSUR, tendrá más efecto cuanto más se realice la eliminación de barreras comerciales en el MERCOSUR. A corto plazo, el efecto será potenciado si se las conservara hacia fuera.

Brasil y Argentina, con sus sectores industriales relativamente avanzados, podrían ser los principales ganadores de este proceso.

Este hecho, por cierto, va a significar una tentación bastante grande para ellos. Sin embargo, levantar las barreras externas durantela formación de un Área del Libre Comercio (ALC) o de una Unión Aduanera (UA) sería una violación de los principios del Nuevo Regionalismo.

El precio de aquella violación lo tendrían que pagar los consumidores con precios más altos, deficiencias de calidad y menos diferenciación de la oferta. A lo largo, otros efectos dinámicos van a aumentar aquellos costes (en concreto, la falta de competencia externa y la limitación de transferencia de tecnología) y dificultarán el crecimiento económico.

En cambio, dejar los mercados abiertos hacía fuera tendría efectos positivos en cuanto a esos aspectos de crecimiento dinámico y de la graduación en el mercado mundial, pero no permitiría a Argentina y Brasil captar el mercado venezolano tan rápidamente y tan fácilmente. Aparentemente existe un compromiso (trade-off) entre los efectos a corto y a largo plazo. Entonces, hay que preguntar qué camino va a tomar el MERCOSUR en la nueva constelación.

Por cierto, cualquier respuesta a esta pregunta sólo puede ser especulativa. Sin embargo, hay algunos indicios concretos a los que se puede aprovechar para delinear un escenario bastantemente probable.

Primeramente, hay que caracterizar la situación en el MERCOSUR actual (de los cuatro) en cuanto a la afirmación de los principios de la apertura del nuevo regionalismo. Todos estos países proclaman oficialmente que todavía aceptan aquellos principios. Sin embargo, el proceso real de la liberación del comercio (interno y externo) no ha avanzado durante los últimos años, aun cuando las perspectivas económicas han mejorado significativamente (Preusse/ Schlageter, 2008). Tomando en cuenta que el nuevo paradigma de la política económica de la región es uno del anti-neoliberalismo, no parece extraño que eso incluya actitudes más reservadas en cuanto a mercados libres. Entonces, caracterizando a la situación con cuidado se puede decir, que el proyecto del regionalismo abierto en el (viejo) MERCOSUR no tiene viento en popa bajo las nuevas condiciones políticas. La posición de Argentina y la lucha corriente entre la izquierda pragmática y la radical en Brasil apoyan esta interpretación.

Dada esta situación indecisa hay que analizar cuál es la posición de Venezuela frente al nuevo regionalismo y como cambiará su entrada al MERCOSUR el equilibrio entre las fuerzas que apoyan al concepto original y a las que lo rechazan.

La respuesta parece clara. Las ideas políticas y económicas de Hugo Chávez en cuanto a la protección externa no son compatibles con el nuevo regionalismo, pero reflejan el viejo concepto de sustitución de las importaciones. Entonces, bajo el gobierno del presidente Chávez, Venezuela tomará una posición que se deriva de las teorías de la dependencia de los setenta, las cuales ya fracasaron.

Esto significa que el MERCOSUR, bajo el impacto de Chávez, puede desarrollarse como un mercado más integrado hacia adentro, pero teniendo una tendencia a manejar barreras externas bastantemente altas.

Así, en el caso que Brasil no se mantenga en su concepto económico moderado, y con Argentina ya pensando en las categorías de la sustitución de las importaciones, el balance político en el MERCOSUR va a cambiar a favor de más protección. Probablemente, la región regresará hacía un sistema similar al regionalismo anciano.

Para poner más claro lo que eso significaría para el funcionamiento del MERCOSUR, hay que analizar unos puntos más. Uno es la situación del capital extranjero. Hoy en día, solamente Brasil y Uruguay disfrutan de cierto grado de confianza de los inversores internacionales. Con el impacto de las ideas de Hugo Chávez en cuanto al capital extranjero, esta confianza va a disminuir. Por cierto, Venezuela puede ofrecer sus abundantes divisas petroleras como alternativa, y de hecho ya lo hace. Pero los petrodólares no son un buen sustituto de las inversiones directas, gracias al contenido de capital humano, de conocimientos específicos del mercado internacional y de tecnologías avanzadas que llevan estas últimas -y que Chávez no puede ofrecer-.

Otro aspecto es el concepto de desarrollo industrial que Chávez proclama. Aparentemente el “nuevo” modelo venezolano está basado en el viejo concepto del estatismo. Propone la planificación intensiva de la economía y el uso de empresas estatales como motores del desarrollo industrial. Por cierto, este concepto hasta ahora no tiene muchos aficionados en la región, gracias a las experiencias históricas. Sin embargo, en el caso de que el impacto político de Venezuela al MERCOSUR crezca, esta percepción también podría cambiar.