DERECHO: ¿CUÁL DERECHO?
DE LA CONSTITUCIÓN BURGUESA A LA CONSTITUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA

DERECHO: ¿CUÁL DERECHO? DE LA CONSTITUCIÓN BURGUESA A LA CONSTITUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA

Álvaro Bedoya Salazar

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4.8 La masacre de las bananeras

Entre 1926 y hasta 1930 fue presidente el Sr. Miguel Abadía Méndez. Puede decirse que en la década de los veinte del siglo pasado la clase obrera colombiana libró múltiples batallas en defensa de sus derechos y reivindicaciones, tanto frente al sector privado, como al público, pero lo fundamental fueron luchas antiimperialistas contra la voracidad de las agencias monopólicas gringas, que fuera de saquear nuestro recursos naturales, impusieron con la complacencia apátrida de los gobiernos de turno un régimen esclavista contra los trabajadores.

De estas luchas se destacan las siguientes: la huelga de los trabajadores de la Tropical Oil Company en 1924. La huelga de los trabajadores del Ferrocarril del Pacifico en 1926. En 1927, bajo la dirección de Raúl Eduardo Mahecha, María Cano e Ignacio Torres Giraldo, se dio otra batalla de los trabajadores de la Tropical Oil Company, en Barrancabermeja, en la que fueron asesinados media decena de huelguistas. En noviembre de 1928 estalló la huelga de los trabajadores de la Zona Bananera del Magdalena, contra la United Fruit Company, de Boston, por negarse la empresa gringa a dar solución a un pliego de nueve puntos que demandaba aumento salarial y otras reivindicaciones básicas. Los gringos, fuera de explotar grandes extensiones de tierra, imponían una explotación sin límites contra los trabajadores colombianos. En el departamento, con la complacencia y la protección del gobierno, la compañía funcionaba como una República independiente. Tenía bajo su dominio y para uso privado ferrocarriles, puerto marítimo, ciudadelas y campamentos, mientras los obreros y sus familias vivían en insalubres muladares. El enclave de la United controlaba la vida en la región. A los trabajadores se les pagaba con bonos que emitía la misma compañía y que solo tenían valor en los comisariatos de la misma empresa, que además controlaban los precios de los artículos.

Ante el pliego de peticiones presentado por la organización de los trabajadores, la empresa se negó sistemáticamente a negociar, por lo cual los obreros, el 11 noviembre, declararon la Huelga. La empresa envió esquiroles a las plantaciones, amparados por piquetes del ejército y la policía. El 5 de diciembre, el comité ejecutivo de la Unión Obrera citó a los huelguistas a una concentración en la ciudad de Ciénaga, donde se anunció la llegada del gobernador, funcionario que nunca apareció. Los obreros comenzaron a preparar para el día 6 de diciembre una marcha hacia Santa Marta, la capital.

En la noche del día 5 se presentó en la plaza de Ciénaga una tropa al mando del general Carlos Cortés Vargas, que informó a los huelguistas que la zona se declaraba bajo estado de sitio y ordenó dispersarse a los manifestantes. Ante la firmeza de los trabajadores, quienes con toda decisión se reagruparon bajo las consignas “¡Abajo el imperialismo yanky!” y “¡Viva Colombia Libre!”, el general Cortés ordenó abrir fuego en la madrugada del 6 diciembre de 1928. Al final de este dantesco episodio, el gobierno de Miguel Abadía Méndez anunció oficialmente que los acontecimientos de Ciénaga habían dejado 13 muertos y 19 heridos. Pero las comisiones de investigación, como la encabezada por Jorge Eliécer Gaitán, en representación del Congreso de la República, descubrieron fosas comunes y se cree que las víctimas fueron más de 1.500, la más grave matanza de trabajadores en toda la historia del país.

Esta es la obra más destacada del cipayismo, encabezado por Miguel Abadía Méndez, en contra del pueblo colombiano y la soberanía nacional. El gobierno terminó siendo señalado como criminal y enemigo de la patria y enfangado por la denominada “gran depresión” de 1929, crisis que afectó la estructura económica mundial y que en nuestro país llevó a la quiebra decenas de miles de productores y paralizó las obras públicas, basados fundamentalmente en préstamos de agencias extranjeras. Así terminó la sanguinaria Hegemonía Conservadora, que en las elecciones de 1930 fue derrotada por el liberal Enrique Olaya Herrera, antes embajador en Washington y connotado testaferro de las empresas petroleras gringas.