LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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TIPO DE CAMBIO ¿HACIA OTRO ERROR DE DICIEMBRE?

07 de noviembre de 1996

El escenario económico actual de nuestro país provoca necesarias referencias a los acontecimientos que se suscitaron durante el año de 1994 y que culminaron en aquella trágica devaluación decembrina y en una crisis financiera como secuela.

Hoy, el comportamiento de algunas variables económicas amenaza con desembocar en una nueva tragedia decembrina. Las comparaciones son odiosas, pero vale la pena ser realista. Veamos: El tipo de cambio, hoy, como en el pasado, ha sido utilizado como ancla inflacionaria para asegurar el éxito del programa de estabilización. Por ello la política económica del gobierno ha girado en torno a proteger de cualquier devaluación al peso frente al dólar. Hoy, como en el pasado, ello ha conducido a una peligrosa apreciación del peso frente al dólar, producto de que la inflación en Estados Unidos es mucho más baja que la de México (alrededor del 3% éste año). Ello propicia, que las monedas cambien de valor, una con respecto a la otra. Pero si, deliberadamente, se impide que el peso, (que es la moneda que está perdiendo valor por la diferencia inflacionaria), se devalúe, entonces, se empieza a acumular una sobrevaluación que tarde o temprano habrá de ajustarse. Pero antes que ello suceda, el hecho de que exista la posibilidad de que se estén pagando más dólares por pesos, provoca que las exportaciones nacionales se vuelvan más caras en términos de dólares y las importaciones más baratas en términos de pesos. Ello necesariamente tiene una repercusión en la balanza comercial de nuestro país, casi siempre provocándole un creciente déficit.

Para poder impedir que el tipo de cambio se devalúe se requiere, una política deliberada de protección al mismo que, en la actualidad ha consistido en el uso de la tasa de interés como mecanismo para generar una creciente oferta de dólares hacia dentro de la economía mexicana. Por ello la tasa de interés se ha mantenido al alza en los últimos dos años. Para atraer capitales del exterior. Al mismo tiempo, el hecho de que existe esa entrada de capitales, fortalece las reservas internacionales, cuya fortaleza determina la fortaleza del peso frente al dólar. Para lograr ello, se ha establecido una política monetaria restrictiva. Ello permite reforzar la tasa de interés al alza, al tiempo que permite un control inflacionario interno.

La devaluación de hace unas semanas (que aún continúa amenazante) puede entenderse, en buena medida, como el resultado del ajuste natural que buscan los inversionistas. Los que reconocen la sobrevaluación del peso y se ven afectados por ella. Cualquier pretexto es bueno para iniciar el retiro de los dólares del país. Pero la razón básica es que, para quienes hacen negocios con monedas, no les resulta redituable comerciar con monedas que valen más de lo que cuestan. Por ello propician su devaluación. Lo cual constituye un juego que sólo opera si la economía del país en cuestión es lo suficientemente débil como para no resistir un embate especulativo. México ha demostrado que lo es. Y cada vez que el juego arranca, el peso se devalúa.

Desde luego, hay una cierta distancia entre lo que sucedió a fines de 1994 y lo que sucede ahora. En primer lugar, no se tiene la circunstancia adversa de un incremento en la tasa de interés en los Estados Unidos. Hecho que, en aquel año, provocó una considerable salida de capitales del país. Tampoco se ha manejado en México una política monetaria laxa como en el pasado cuando se incrementó la oferta monetaria para conseguir tres fines concretos: esterilizar la reducción de las reservas internacionales producto de la fuga de capitales, evitar el encarecimiento del dinero y evitar el incremento de la recesión. Esos factores, sin duda, jugaron un papel determinante en el contexto de la crisis decembrina del 94 y formaron parte del error gubernamental.

En la actualidad pareciera que la depreciación del tipo de cambio es controlable. Lo será mientras se mantenga un manejo de las tasas de interés de tal manera que esta se mantenga al alza para atraer más capitales extranjeros. Lo será mientras las reservas internacionales no se deterioren. Lo será mientras se permita un ajuste natural y ordenado al alza en el precio del dólar, para contrarrestar la especulación que, a todas luces, pretende llevarlo a su precio real. Lo será mientras la economía mexicana siga siendo capaz de soportar la recesión económica producto de las elevadas tasas de interés y de la baratura del dólar y existan posibilidades de seguir financiando las importaciones.

Lo será mientras la estabilidad política, endeble de suyo, pueda mantenerse, por lo menos en la misma situación que hasta hoy y no se deteriore más, lo cual no es muy creíble toda vez que el programa de estabilización y la estrategia para mantener bajo control el tipo de cambio propician un profundo descontento e irritación social, toda vez que son causantes de un profundo deterioro del bienestar nacional.

Muy probablemente no habrá este año otra crisis decembrina, pero con mucha seguridad el dólar sí sufrirá un incremento considerable para fines de año. Lo grave es que, de seguir las cosas por este rumbo, el próximo año podría sorprendernos una nueva crisis propiciada por una profunda devaluación ya que el programa económico gubernamental se sustenta en una política económica que socava las bases sobre las que se sustenta la estabilidad, no sólo del tipo de cambio, sino también, de toda la economía nacional.