LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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PRIVATIZACIÓN Y RESCATE. LOS ERRORES DEL ESTADO

2 de junio de 2000

Bajo el argumento de que el Estado no es un buen administrador y de que, por ello, debía dejar de ser propietario de empresas, en nuestro país se llevó a cabo un profundo proceso de reorganización de la actividad económica del Estado cuyos objetivos eran disminuir la presencia de éste en la economía y devolver a los particulares el control sobre ciertas actividades económicas que estaban en estatales. De este modo se realizó un amplísimo programa de privatización de empresas públicas, es decir, se vendieron los activos productivos del Estado a inversionistas privados. Como resultado de esas operaciones, durante la década de los noventas, dicho programa reportó un ingreso para el gobierno federal por un monto de 31,458 millones de dólares (md) cantidad que incluye el monto pagado por la venta de los bancos comerciales en manos del Estado.

l manera, a lo largo de la misma década, una gran cantidad de recursos públicos fueron destinados para rescatar de la quiebra a empresas privadas dedicadas a actividades económicas que antes habían estado en manos del Estado y que éste transfirió, mediante del proceso privatizador, a los particulares como los bancos, los ingenios y las carreteras concesionadas. Es decir, el Estado vendió para mejorar la eficiencia de las empresas y bajo el postulado de que los privados administran mejor y el resultado fue desastroso. El Estado tuvo que destinar al rescate de estas empresas, un monto total de 78,000 md, (equivalente al 20% del PIB) cantidad que es superior 2.5 veces a los ingresos que reportó la venta de esas empresas y representa apenas el 42% de los fondos comprometidos en el Fobaproa. Esto significa que, el volumen de recursos que generó la privatización, (que en principio no tiene fines recaudatorios) no sólo no sirvió para sanear la situación financiera del gobierno, sino que, además, la transferencia de la propiedad significó un grave error de terribles consecuencias para las finanzas públicas y para todo el sistema económico. Lo que es peor, demostró que el postulado que justificaba privatizar, es falso.

Lo más grave, sin embargo, es que, una vez que ya fueron saneadas estas empresas, se han vuelto a vender y ahí, nuevamente, se comete otro error pues el ingreso que se reporta por esta segunda venta no alcanza a cubrir los montos invertidos en el saneamiento financiero. Tal es el caso de Banca Serfín cuyo rescate tuvo un costo de 18,494.6 md, en tanto que su venta, apenas generó un ingreso por 1,500 md. Es decir, el Estado mínimo es tan ineficiente (o más) que el Estado interventor.

El quebranto económico que significó la privatización, el rescate y la reventa no sólo manifiestan un error de cálculo financiero, revelan, también, una perniciosa obsesión por el Estado minimalista y evidencian una racionalidad económica desconocida que privatiza las ganancias en unas cuantas manos y socializa las pérdidas entre una población que no tiene por qué pagar los errores y los malos manejos ajenos, pero que tampoco tiene con qué pagarlos.

Si por su propia naturaleza el Estado debe vigilar y asegurar el buen funcionamiento de algunas actividades económicas, para no poner en riesgo la estabilidad económica del país, parece ser más eficiente que el Estado misma las posea y las administre, ya que de esa forma se reducen los riesgos, los costos y la injusticia social que se deriva de un sistema económico que genera inequidades y que hoy opera con un alto grado de impunidad.