LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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POLÍTICA ECONÓMICA E INESTABILIDAD SOCIAL

5 de septiembre de 1996

La aparición de grupos guerrilleros en nuestro país ahora, como en el pasado reciente, tiene como causa fundamental la irritación social y el resentimiento contra el gobierno que se transforma en ideología de oposición violenta. Y, desde luego, esa irritación y resentimiento son a la vez, producto del deterioro de las condiciones de vida de millones de mexicanos. Y, aquí, uno podría decir, que siempre ha habido pobres. Pero habría que responder que nunca los pobres lo habían sido tanto, ni habían sido tantos en número como ahora. A lo que hay que agregar que, además, nunca antes clases sociales que habían alcanzando un nivel más o menos adecuado de bienestar, habían sido tan lastimadas en sus condiciones de vida como ahora y, sobre todo, nunca antes habían tenido, ya en situación de deterioro, tan pocas expectativas de ver mejorada su situación.

Ya es un lugar común decir que esta situación en producto de la crisis económica que se vive en el país desde 1982. Crisis que se ha agudizado, en lugar de resolverse, en virtud del tipo de política económica que se ha aplicado desde entonces y deberíamos decir, en virtud al proyecto económico que se ha querido implementar, sin éxito hasta hoy.

Lo que no resulta un lugar común, pues ha faltado en el análisis, es que al reconocer que la política económica establece como puntos de apoyo para impulsar la dinámica económica, la inversión privada nacional y extranjera, está definiendo, como uno de los factores esenciales que orientan la política económica, la necesidad de ofrecer condiciones de certidumbre y control sobre los procesos económicos que garanticen un entorno económico, político y social seguro para las inversiones. En este sentido, no basta sólo con ofrecer la estabilidad en los precios, la tasa de interés y el tipo de cambio, por ejemplo. Es necesario, además, que el gobierno, tenga control y dominio sobre los procesos de carácter político que puedan alterar el orden y amenazar la viabilidad de las inversiones. Está comprobado que la alteración del orden político y social genera un retroceso en las decisiones de inversión y propicia la especulación financiera, con el consecuente deterioro de las condiciones económicas del país. Recordemos, por citar un ejemplo, que el asesinato de Colosio en marzo de 1994 dio como resultado una fuga masiva de capitales del orden de casi 9,000 millones de dólares.

Es innegable que la estabilidad social y política es condición necesaria para atraer las inversiones que aseguren el éxito del programa económico. También es innegable que para que exista dicha estabilidad es necesario que exista un importante mejoramiento en los niveles de bienestar de la población mexicana que se ha visto afectada por la crisis y por la política económica. De aquí, que, mientras no exista dicho mejoramiento, la mencionada estabilidad estará en peligro. Y lo grave es que dicho bienestar se sigue deteriorando, lo que propicia una mayor acumulación de elementos que amenazan la estabilidad requerida. Más grave es que la propia política económica es la que está propiciando el deterioro del bienestar nacional. De este modo, resulta que, considerada como el principal impulsor de las inversiones privadas nacionales y extranjeras, la política económica se ha convertido precisamente en su contrario, es decir, en el principal factor que propicia que dichas inversiones no se materialicen. De donde resulta que la aplicación de esa política económica crea y alimenta un círculo vicioso que consiste en querer hacer atractiva la economía del país con medidas que, sin que sea su intención, al poner el énfasis en la estabilidad económica, dañan el bienestar nacional, lo que deriva en inestabilidad política, la que se convierte en un obstáculo a esas inversiones.

La única forma de romper ese círculo vicioso es reconocer los factores que lo originan y lo alimentan y poner de pie una política económica que, por lo dicho, parece estar de cabeza.

Así, la única forma en que puede asegurarse un campo propicio a las inversiones y una adecuada estabilidad de las variables económicas, es asegurar la estabilidad política (que daña más a las inversiones que la inestabilidad económica). Y para ello es necesario establecer una política económica que propicie el mejoramiento del bienestar familiar, que genere empleos, que mejore los niveles de ingreso familiar, que restituya el valor que han perdido los salarios, que asegure el acceso a los satisfactores básicos a toda la población. Sólo así no habrá más irritación social ni resentimiento hacia el gobierno. Sólo así dejará de haber razones para que existan las guerrillas o las protestas urbanas. Sólo ello asegura un clima de paz social, que es el terreno más fértil para las inversiones.

Así pues, sólo habrá la estabilidad económica propicia para las inversiones, cuando haya paz social. Y esto sucederá cuando se detenga y se revierta el proceso de empobrecimiento de la población nacional. Ello requiere otra política económica y, en realidad, otro proyecto de país.