LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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PETROQUÍMICAS, A LA PRIVATIZACIÓN TOTAL

17 de octubre de 1996

La privatización del 49% del valor de los activos de la industria petroquímica muestra dos elementos fundamentales que han caracterizado al actual gobierno federal. El primero, el hecho de que por encima de los reclamos sociales de un pueblo para el cual se supone que se gobierna, se anteponen los reclamos de los inversionistas extranjeros y las sutiles “sugerencias” del fondo monetario Internacional (FMI). Esto lo prueba el hecho de que a pesar de la oposición nacional a la venta de la industria petroquímica, de todos modos el gobierno decidió llevarla a cabo. Desde luego, tuvo que cambiar su táctica, pero la estrategia es la misma. Tarde o temprano, la petroquímica en su totalidad pasará a manos del capital privado.

El segundo, el cambio de táctica evidencia un gobierno que con tal de alcanzar sus fines está dispuesto a disfrazar la verdad, encubriéndola con un manto de falso reconocimiento de los reclamos sociales. Porque el truco de poner a la venta sólo una parte de la petroquímicas no es en realidad en atención al reclamo social. Es una forma de parar el reclamo social para operar de manera más libre y sin presiones una privatización, que se transfiere en el tiempo pero que será llevada a cabo de manera total. De hecho, la disposición legal para que puedan crearse otras empresas productoras de petroquímicos con capital 100% privado manifiesta que el gobierno no se ha movido ni un ápice de su postura original y que está dispuesto a llevar a cabo la privatización aun a costa de relegar lo que quede de industria petroquímica estatal.

El engaño a la sociedad pretende operar, incluso, para evadir la presión política del propio Partido Revolucionario Institucional que se declaró en contra de la privatización en su pasada Asamblea Nacional. Esto ya es decir mucho, porque el gobierno atenta contra la credibilidad que pueda tener dentro del propio partido político que lo fundamenta y que le brinda una base social. Pero, desde luego, a nivel de la sociedad civil, lo muestra como un gobierno sin conciencia nacional y sin preocupaciones sociales. A fin de cuentas lo grave de la privatización de la industria petroquímica no es ya tanto que la nación no sea propietaria de esta industria. Es decir, lo más grave no es que pierda parte de su patrimonio, sino el hecho de que, al perderlo, está perdiendo la posibilidad de determinar las particularidades de su desarrollo y, sobre todo, está perdiendo la posibilidad de poder impulsar su desarrollo.

Desde luego, el gobierno no privatiza por perversión. Lo hace bajo el convencimiento de que ello propiciará una reactivación económica en el sector. Y tal vez eso suceda. Pero ello se dará a costa de una mayor dependencia económica con el exterior y a costa de una profundización de la desigualdad en el desarrollo de cada uno de los sectores que componen la economía nacional. Así pues, la semiprivatización no es sino el preludio de una privatización a secas. Y la seudo-propiedad estatal que quede no es sino una mera figura decorativa, una licencia retórica de un gobierno que ha abdicado en su papel de líder social.