LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

MODERNIZACIÓN ECONÓMICA Y JUSTICIA

1991

Las iniciativas presidenciales para modificar la Constitución buscan reorientar al país hacia un modelo de desarrollo plenamente capitalista. Parece que la Revolución Mexicana no fue tan burguesa como algunos historiadores afirmaron. Hoy como si los logros revolucionarios fueran sólo afanes premodernos, se hacen los ajustes necesarios para dar el gran paso a la modernidad. Y ello implica liquidar (por la vía pacífica) todas las formas de producción precapitalistas que existen. De las que en el Ejido y la propiedad comunal son el principal sustento. Por fortuna (o por desgracia) éstas cobraron vigencia para constituirse como mecanismos a través de los cuales se pretendía generar un proceso de desarrollo justo e igualitario. El mayor reproche que hará la historia a los nuevos revolucionarios no será haber cancelado los logros revolucionarios sino la cancelación de la opción de ese desarrollo igualitario.

Con todo y lo moderno de las intenciones presidenciales las iniciativas para modificar la constitución y en particular la referida al ejido, no ha encontrado el apoyo esperado en la sociedad. Ello ha obligado a la estructura burocrática a forzar las muestras de adhesión a tal medida. Ese es el caso de la más reciente declaración de “más de 250 organizaciones campesinas” en apoyo a la reforma constitucional. No hay consensos tampoco entre los diputados priístas algunos de los cuales no están de acuerdo con la reforma, unos por convencimiento, otros por conveniencia. Por ello un día antes de ser enviada la iniciativa de reforma al Congreso el líder nacional del PRI reunió a toda la diputación priísta (según consigna Carlos Ramírez en el Financiero 25 de nov. 91) para darle “línea” en un sólo sentido: la aprobación sin discusión de la reforma propuesta.

Que esa falta de consenso existiría ya era sabido en las altas esferas gubernamentales. Por ello la iniciativa no se envío antes. Esto porque en la anterior Legislatura Federal, el PRI no podía asegurar la mayoría para demoler la oposición a las iniciativas presidenciales.

La oposición a la reforma constitucional en lo referente al ejido no se deriva como lo hacen ver los nuevos revolucionarios de una ideologeizada y recalcitrante defensa que los nuevos reaccionarios hacen de las reivindicaciones de la Revolución de 1910. Poco puede tener de reaccionaria la posición de quienes ven venir, con la reforma, más injusta y concentración de la riqueza en el campo. En el afán modernizador se dejan sin resolver un sin fin de rezagos sociales. Y se apunta hacia su reproducción amplificada. Eso es lo grave de la modernización: privilegia la eficiencia sin dar respuesta a las demandas de justicia social.

Que la reforma propiciará el capital del campo y el incremento de la producción agrícola es un hecho innegable. Pero que ello no resolverá los problemas de pobreza en el país también es cierto. La eficiencia económica no engendra necesariamente justicia social.

El desarrollo de un país no implica solamente el crecimiento económico sino principalmente, un reparto más equitativo de los beneficios de éste. Y este reparto es cada vez más desigual actualmente, porque el proyecto modernizador se ha preocupado más por el crecimiento y menos por la forma en que éste se distribuye. Así, y tal vez sin proponérselo, y sin que necesariamente ese debiera ser el resultado, el actual proyecto de gobierno ha creado la contradicción: modernización económica vs justicia social.

Cuando estos deberían de ser elementos de existencia paralela para poder hablar del desarrollo.