LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA NECESIDAD DE LA INTERVENCIÓN ESTATAL PARA EL DESARROLLO NACIONAL

21 de enero de 2000

La semana pasada economistas de todo el país se reunieron en la ciudad de Puebla para debatir acerca de un tema que cada día se vuelve más común. La intervención del Estado en la economía. La premisa de partida de esta discusión consiste en la aceptación, cada día más generalizada, de que los mecanismos de mercado no son capaces, ni de propiciar un crecimiento sano y sostenido de la economía, ni de llevar a cabo el mejoramiento material de toda la población por la vía del incremento del empleo y los salarios. La prueba de ello es el deterioro económico y social del país.

Los últimos 19 años, México ha vivido bajo un régimen económico de libre mercado, después del retiro casi total del Estado de las actividades económicas en las cuales participaba de manera directa y luego de implementar un profundo proceso de desregulación económica para desensamblar la elaborada ingeniería jurídico-económica en la que se sostenía la capacidad del Estado para dirigir el desarrollo nacional.

Desde luego, esta reforma económica del Estado, también ha significado una reforma ideológica y moral de tal modo que se eliminaron las premisas éticas que sustentaban la idea de un proyecto de nación en el que cabía pensar en la justicia social mediante la distribución de los beneficios del crecimiento económico. Un proyecto en el que el Estado estaba comprometido con la sociedad y era responsable de crear y reproducir las bases del funcionamiento del sistema económico y conducir su rumbo, al tiempo que aseguraba, de modo permanente, las condiciones mínimas de bienestar social.

Esta reforma ideológica y moral está marcada por el abandono de la idea de la libertad social, entendida como libertad positiva (Isaiah Berlin Dos conceptos de Libertad, Oxford 1985) es decir, como una libertad que otorga la posibilidad de perseguir fines racionales y legitima el derecho a recibir algo, y la readopción de la libertad social del liberalismo clásico, es decir la libertad negativa. Esto es, una libertad que se concibe como ausencia de imposiciones o limitaciones. Este cambio es trascendental, porque propicia la transformación de las bases sobre las que se sustentaba el consenso en torno a un Estado interventor y comprometido con fines sociales. En adelante la sociedad vuelve a ser concebida, (como a principios de siglo, en pleno apogeo del liberalismo clásico) separada del Estado y se privilegia la idea de lo individual sobre lo colectivo, el mérito y no las necesidades, como criterio de distribución de la riqueza.

Sin embargo, la reformulación del funcionamiento del sistema económico, a pesar de estar a tono con los cambios a nivel internacional, no rindió los frutos esperados. Hoy existen en nuestro país más pobres que antes, más desempleados que antes, más desnutridos que antes, más necesidades que antes.

Existe hoy una corriente de pensamiento muy fuerte entre los economistas, que considera fundamental volver a pensar al Estado como mecanismo responsable del desarrollo del país. No, desde luego, reeditando el Estado interventor del pasado que a pesar de sus éxitos se fundamento en el autoritarismo y procreó corrupción, impunidad e ineficiencia. Se trata de encontrar nuevas formulas para alcanzar los objetivos que el país se propone y para los que el mercado es insuficiente y hasta obstaculizante. Se trata hoy, como decía Keynes en sus Ensayos de Persuasión en 1931, de resolver el problema político de la humanidad combinado tres cosas: la eficiencia económica, la justicia social y la libertad individual. Y cada día hay un consenso mayor de que eso sólo es posible a través de la intervención estatal en la economía, aunque les pese a los neoliberales.