LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA MINICRISIS FINANCIERA: PRIMERA LLAMADA

1991

Las turbulencias transitorias que sufrió el sistema financiero nacional la semana pasada, han puesto de manifiesto su amplia vulnerabilidad. Pero, sí al mismo tiempo, evidencian lo frágil que sigue siendo la estabilidad de la economía toda. Los movimientos del sistema financiero pueden llegar a provocar fuertes impactos en la economía en su conjunto. La demanda excesiva de liquidez de la semana pasada impulsó al alza una tasa de interés cuya magnitud pudo dar al traste a todos los logros del programa de estabilización. El Banco de México pudo contrarrestar a tiempo los efectos nocivos del fenómeno. Sin embargo, el hecho constituye un inevitable tema de reflexión y habrá la oportunidad para poner a consideración algunos criterios que se olvidan en el vendaval de la avalancha modernizadora.

Es necesario observar primero cuáles fueron las causas que provocaron los hechos de la semana anterior. En primer lugar, la semana anterior y los días precedentes hubo una fuerte demanda de dinero al menos por dos motivos: especulación y la compra de los bancos. Veamos el primer factor: la demanda de liquidez por el factor especulación ya había iniciado desde hace un buen tiempo motivado por una muy buena razón; la tasa de interés para préstamos está por encima de las tasas para depósitos. Los banqueros concedieron préstamos a diestra y siniestra para hacer negocio con los diferenciales en las tasas de interés. El resultado fue un nivel de ganancias asombroso. E implicó, también, un uso distinto al que debería tener el dinero de los bancos y el dinero en general. Y de esta forma contribuyó a la desestabilización financiera.

El segundo factor referido a la amplia demanda de dinero para pagar la compra de los bancos también desestabilizó el mercado financiero. Para la compra de Banamex hubo de pagarse por adelantado 5 billones de pesos (según información consignada por Proceso, No. 775/09.09.91).

El mercado monetario se secó. No había liquidez. Pero a ello hay que agregarle otro factor. Por ley los bancos deben mantener el 30% de sus volúmenes de captación como reserva en activos líquidos (Dinero en efectivo CETES generalmente). El problema es que la avalancha especulativa los hizo rebasar dicho límite más allá de una posición razonable. Al ejercerse una fuerte presión sobre la disponibilidad del dinero, la escasez se hizo evidente y las tasas de intereses se dispararon.

Estos hechos dejan varias lecciones. Primero: los bancos no respetan las disposiciones reglamentarias del órgano responsable de la política monetaria: El Banco de México. Los bancos parecen actuar bajo la consigna de hacer dinero a toda costa. Como sucedía en meses anteriores a la nacionalización a la banca en 1982. No acataron las disposiciones cuando eran privados. Tampoco lo hicieron mientras fueron nacionalizados. No hay porque esperar que en el futuro lo hagan. Moraleja: cuidado con los banqueros. Además, las disposiciones no se acataron por la búsqueda de la ganancia fácil y rápida: la especulativa. Lo importante era conceder créditos no importa para qué ni a quien. Había que hacer negocios. Esto implica una desviación amplia de espíritu que debe privar en el manejo del sistema financiero de una nación. Sistema que debe dar salud y solidez a una economía y no meterla en problemas. Pero, cuándo vamos a entender que una cosa es el interés privado y otra, muy distinta, el interés social.

El que la demanda de dinero para la compra de los bancos haya desestabilizado el mercado monetario habla de un sólo hecho. Una tremenda concentración de los depósitos: el 52% del total en unas cuantas cuentas bancarias: 9,500. Es decir, la estabilidad monetaria y financiera del país en las manos de unos cuantos inversionistas. ¿Esta es la llamada democratización del capital de la que habla el presidente Salinas? Con estos hechos parece muy claro una cosa. El control sobre el sistema financiero radica en el control sobre los bancos. El control sobre los bancos está en manos de unos cuantos inversionistas que son ahora los nuevos dueños. Si los bancos ya no son el gobierno, entonces, el control sobre el sistema financiero tampoco esta en sus manos. El control sobre dicho sistema otorga un control amplísimo sobre el funcionamiento de la economía. Así la economía nacional está, ya, en manos de los banqueros privados. Una muestra de lo que pueden hacer con su poder, ya lo dieron la semana pasada. Una muestra de lo que puede pasar como consecuencia de sus decisiones lo acabamos de vivir.

El fin de los bancos, insisto, es hacer negocios, obtener ganancias. Lo malo es de que lo hacen a costa de la estabilidad y solidez de la economía mexicana. Cuando el ex presidente López Portillo nacionalizó la banca en 1982, no deliraba como muchos quieren hacer creer. Su decisión se debió a que se pudo percatar del daño que puede causar a una nación un poder financiero como el que presentaban los banqueros de entonces. El daño se dio. La crisis del 82 fue, con mucho, producto de la especulación. En manos del Estado, por lo menos esta posibilidad estaba cancelada. Hoy vuelve a abrirse con toda su fuerza y su grandeza al reprivatizar los bancos. Nuevamente el país estará a merced de las decisiones y expectativas de unos cuantos. Triste y lamentable posición de una economía nacional que no sólo aspira a modernizarse sino, además, a pertenecer al primer mundo. Ya nos saquearon. Y nos volverán a saquear.