LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LA CRISIS ECONÓMICA. EL MOMENTO PARA RECONSTRUIR EL PAÍS

20 de junio de 1996

La crisis que vivimos en la actualidad tiene varias particularidades que la hacen un fenómeno crucial para la historia del país. Primero, es el cuarto eslabón de una impresionante cadena de crisis recurrentes que se han dado en nuestro país por lo menos desde hace 25 años. La primera con Echeverría en 1976, la segunda con López Portillo en 1982, la tercera con De la Madrid en 1987.

Segundo, es una crisis que se da en un ámbito sumamente adverso para la recuperación porque se da en medio de la recomposición de un modelo de desarrollo que ha fracasado porque ha propiciado la descomposición de las estructuras económicas del país y ha hecho depender la economía toda del sistema financiero, con una amplia dependencia de los movimientos de capital a nivel internacional.

Tercero, representa el punto más bajo del ciclo económico de los últimos 25 años. Nunca el crecimiento económico había sido tan bajo. Nunca la caída había sido tan grande. De acuerdo al propio Presidente Zedillo, el costo de esta crisis que estalla en diciembre de 1994 ha sido de 70 mil millones de dólares. Cantidad que equivale al 25% del total del valor de los bienes y servicios que el país produce. Cuando la de 1982, por ejemplo, sólo significó una pérdida del 3% con relación a dicho valor.

El encadenamiento de las crisis hace evidente un constante deterioro económico del país que remite a la reconstrucción de las bases sobre las que debe darse un crecimiento sano y sostenido. Por desgracia, la estrategia implementada ha caminado en sentido inverso. Es decir, ha contribuido a destruir esas bases y ha pretendido basar el crecimiento en la fortaleza de un sistema financiero tan dependiente del extranjero, que nos vuelve incapaces de volver a crecer autónomamente. La estabilidad de la economía mexicana hoy, depende del tipo de cambio, de las tasas de interés y de los logros que puedan existir en materia de exportaciones. Es decir, es el sector externo el que norma hoy las directrices de la estrategia de política económica y, por ello, el sector sobre el cual se sustenta el crecimiento económico. Para los estrategas gubernamentales parece no existir un sector real en la economía. Es decir un sector productivo a partir del cual otorgar estabilidad y crecimiento. Pareciera no existir un mercado interno ni estructuras productivas orientadas al mismo. Las prioridades están cambiadas. No son las metas de empleo o inversión productiva lo que se busca, sino fortalecer y estabilizar un sector financiero que marque la pauta del crecimiento. Dicho de otra manera, primero el dinero, luego la mercancía.

Pensar la economía de esa manera nos obliga hoy a renunciar al establecimiento de estrategias que se sustenten la recomposición de la planta productiva y la recuperación del mercado interno. Nos obliga a renunciar a una política de desarrollo por otra de estabilidad y equilibrio que no podrán llegar mientras no haya bases productivas y, sobre todo, mientras no limite la dependencia de la posibilidad de ese desarrollo al movimiento de los capitales dentro del sistema financiero nacional e internacional.

Por eso la crisis actual es la más aguda y dramática en mucho tiempo. Se han socavado tanto las bases del desarrollo que cualquier estrategia que no contemple su recomposición tenderá, necesariamente al fracaso. Pero cada fracaso significa hundirnos un poco más. Y eso es algo que aún no se aprende.

El proyecto neoliberal anuló las amplias posibilidades del Estado de conducir y garantizar el desarrollo nacional. Ha dejado en manos de los particulares el futuro de toda la nación y la están haciendo pedazos. (Nada más recuérdese la situación de los bancos). Estableció una apertura comercial que ha destruido la planta productiva nacional y ha establecido una política de empleo y salarios que pareciera que intenta borrar el mercado interno.

La recurrencia de las crisis nos habla hoy, de la necesidad de replantear un proyecto de desarrollo nacional de largo plazo que logre sacar al país de una vez por todas de su condición de país subdesarrollado. La recurrencia nos habla del fracaso de proyectos económicos que deben ser replanteados a la luz de un nuevo Pacto Social en donde sea la sociedad la que determine sus objetivos y la forma en que deberá alcanzarlos. Y que esto no quede en manos de una élite tecnoburocrática inexperta y que no es capaz de aprender de la realidad. Que se niega a oír a la sociedad y que de plano la ha excluido de la tarea de fijar objetivos y de la determinación de los medios para lograrlos.

Necesitamos reconstruir el país a partir de la reformulación de las bases sobre las que se fincan las relaciones de dependencia económica con otros países. Con ello ganamos en soberanía y con ello la posibilidad de tomar las decisiones que realmente convienen al país y no a una élite financiera que vive de ver cómo quiebran las economías nacionales subdesarrolladas.

De nada sirve que el Presidente Zedillo asuma la total responsabilidad de la actual crisis si, al mismo tiempo, no asume el compromiso de cambiar lo que debe cambiarse (por más radical que este cambio pueda ser) y replantear el nuevo rumbo del país para devolvérselo a los mexicanos, que es a quien pertenece.

Para ello el Presidente Zedillo debe abandonar su perspectiva del país como si fuera un Secretario de Hacienda y pensar más como un Jefe de Estado y Líder social. De ese modo subsanaría el error qué tan caro nos ha costado y sólo eso justificaría que siguiera al frente de este país.