LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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HACIA UN NUEVO PATRÓN DE ACUMULACIÓN

1989.

Una vez que la humareda del optimismo desmedido comienza a disiparse, en gran medida gracias a la amplitud con que se han publicado serios análisis sobre los cortos alcances de la renegociación de la deuda externa, va quedando más claro que para vencer la crisis económica del país, aún habrá que realizar muchos otros cambios de gran profundidad.

Uno de los problemas más graves a los que se enfrenta actualmente la economía del país, debido a la recesión que se vive, es la capacidad industrial instalada que permanece ociosa como producto de la caída de la demanda agregada. Según datos del Banco de México, la subutilización de dicha capacidad es del 23% en la industria manufacturera, 35% en la rama de bienes de consumo duradero, 38% en la de bienes de uso intermedio y 17% en bienes de consumo no duradero. Aunque en sectores como la producción, metalmecánica y bienes de capital, el margen de subutilización es del 50%. La reducción de la inversión total que registró una caída del 37.2% entre 1981 y 1988, así como la reducción de la inversión pública que sufrió un decremento en estos años del 58.7%, explican en gran medida la situación descrita arriba.

El comportamiento de ciertas variables en los primeros meses de este año deja vislumbrar más claramente al rumbo al que se orienta la economía nacional. Durante el primer trimestre de 1989, el volumen de la producción industrial creció en 2% (según indicadores del Banco de México), resultado de promediar la caída de sectores como la industria minera que cayó 1.7%, la construcción 1.3%, textiles y prendas de vestir -0.9% industrias de la madera 2.8%, metálicas básicas 2.8% y productos metálicos y maquinaria 9.8%; contra el avance positivo de las ramas de alimentos, bebidas y tabaco del 0.9%, papel, imprenta y editoriales 2.2%, química, caucho y plásticos 1.2% y minerales no metálicos 3.9%. Al mismo tiempo tenemos que de enero a mayo la caída de las ventas nacionales se profundiza aún más como producto de la contracción del mercado interno De acuerdo con datos de la CONCANACO el rubro de muebles, línea blanca y electrónica presentó un descenso del 31.2%, automóviles 20.3%, calzado 17.6%, materiales para construcción 17.2%, librerías 15.7%, papelerías 15.0%, ropa 11.8% y abarrotes 9.7%. Paradójicamente nos encontramos, entonces, ante el hecho de que a pesar de la caída en picada de la demanda interna, algunas ramas de la economía muestran signos positivos de crecimiento. La razón estriba en que aquellos sectores que presentan un mayor dinamismo, son aquellos ligados a la exportación, por lo que los síntomas de su expansión no significan en grado alguno, síntomas de reactivación de la economía en su conjunto. Y esto es precisamente lo más importante del actual momento histórico que vivimos, ya que la economía se encuentra en una etapa de transición de la economía nacional a los mercados comerciales y financieros internacionales. El riesgo más grave que se corre, sin duda alguna, es que como ya se ve, algunos sectores comiencen a crecer sin que la reactivación se encuentre encadenada al crecimiento y desarrollo de la economía nacional, sino a las intrincadas y riesgosas razones de los mercados internacionales.

Sin duda alguna, una de las causas fundamentales de la recesión económica ha sido la caída del gasto público y por consecuencia la reducción de la demanda que éste significaba en el mercado interno. Sin embargo, este hecho se halla estrechamente ligado a esa reformulación del patrón de acumulación, en la medida que la nueva óptica visualiza al Estado como un órgano que deberá estar al margen de la actividad económica, partiendo de dos razones básicas: Una, el gasto expansivo genera déficits presupuestales y por tanto inflación, y dos, la participación estatal en la economía bloquea el libre movimiento de las variables económicas y por tanto genera un mal funcionamiento de la economía en su conjunto.

Sin embargo, si algún factor puede influir para el fortalecimiento del mercado interno y la generación de empleos, y con ello la reactivación económica, es precisamente el gasto público, pues como lo asegura la propia CONCAMIN, a pesar de que el sector privado invierte este año de 6 a 7 mil millones de dólares en el país, esto repercutirá en la generación de empleos y no evitará la caída de la demanda interna. Lo que no es muy alentador si tomamos en cuenta que se pretende que la inversión privada tome el papel que desempeña la inversión pública dentro de la economía, al tiempo que se pretende que la inversión extranjera haga lo propio.

Si el sector paraestatal presenta de alguna manera problemas de ineficiencia y baja productividad, no es su eliminación la mejor manera de darle solución, ya que la presencia del Estado en la economía ha quedado plenamente justificada históricamente en los últimos cincuenta años de este siglo, sin embargo a problemas de orden técnico y administrativos se les ha puesto en el plano de problemas de orden estructural y por ello es que en lugar de sanear el sector paraestatal se opta por desaparecerlo, confiando en que la iniciativa privada lo hará mejor, como si en ésta no existiera también ineficiencia y corrupción.

La cuestión es que aquí y ahora se define el futuro del país y el viraje hacia el nuevo patrón de acumulación de crecimiento hacia afuera, si bien puede lograr provocar cierto dinamismo en la economía, no podrá (y quién sabe si sea su propósito) acabar con los añejos rezagos económicos y sociales que vive nuestro país.