LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

3ª. Parte. DEL ERROR DE DICIEMBRE AL AUGE EXPORTADOR

1994-2000

EL ACUERDO PARA LA EMERGENCIA ECONÓMICA: MÁS RECESION Y MENOS BIENESTAR

1995

La crisis desencadenada por la devaluación del peso no vino sino a demostrar cuán endeble era la supuesta estabilidad económica de que tanto se ufanaba el gobierno anterior. De igual forma puso manifiesto que la estrategia del proyecto económico era equivocada y riesgosa, no sólo porque no aseguraba el éxito, sino porque, además, si fracasaba sus consecuencias podrían ser nefastas.

No cabe duda ahora que la política económica que se ha puesto en práctica de manera puntual y continua desde 1982 no sirve para resolver los profundos problemas económicos de México.

En esta columna insistí durante mucho tiempo que la realidad amenazaba un desenlace fatal de un momento a otro. Muchas voces y plumas en el país lo dijeron. Nadie hizo caso. La absurda confianza, que rayaba en la prepotencia de creer que la realidad debía ajustarse a la teoría. Y los aplausos en el extranjero y de los hombres Fortune y Forbes nacionales, hizo creer al gobierno que iban por el camino correcto. Que todo era cuestión de tiempo. Y es tiempo se encargó de demostrar la falacia de los argumentos.

Por desgracia hoy, para remediar la crisis económica ocasionada por 12 años de política económica monetarista se implementa un Plan de Emergencia que está basado fundamentalmente en la aplicación de las mismas medidas de política económica que nos han llevado a sufrir este colapso económico. Y, por supuesto, como consecuencia agudizará los problemas estructurales del país.

Así, el plan de emergencia plantea reducir el gasto público recortando programas de inversión y compras. Incrementar los ingresos del Estado vía incremento de los bienes y servicios que produce como las gasolinas y la electricidad. Ningún incremento al salario de los trabajadores. Elevación de las tasas de interés para hacer atractiva la inversión en México. Y algunas medidas como el incremento de tarifas arancelarias a productos importados para desestimular la importación y solucionar el problema del déficit comercial.

El plan de emergencia, desde luego, requiere un importante volumen de capital (dólares) que bancos comerciales internacionales están en disposición de prestar. Adicionalmente a los fondos que la Reserva Federal de Estados Unidos y el gobierno de Canadá pusieron a disposición de nuestro país. Es decir, el plan de emergencia considera entre sus medidas un mayor endeudamiento de México como mecanismo, ya no para reactivar la economía, sino para cumplir con los compromisos más inmediatos. Sobre todo en materia de deuda.

Para colmo el actual gobierno piensa recurrir al socorrido expediente de vender bienes de la nación (aunque, eso sí, Pemex y CFE no se venden).

Al gobierno mexicano, por desgracia no le queda otra (dentro de los marcos de acción en que se maneja) que establecer un programa de esta naturaleza. Porque, además, es lo que le indica la lógica. Es lo que se aprende en las universidades norteamericanas ( y también en algunas nacionales). Para colmo es, además, lo que el Fondo Monetario Internacional exige a los países que le solicitan préstamos y/o su apoyo para solicitar préstamos a bancos privados. Si el gobierno mexicano decidiera aplicar otra política económica, el FMI seguramente lo reprobaría y no daría ni dinero ni su aval. Por tanto, no queda de otra. Una política económica distinta implica, necesariamente tener un gobierno distinto. El actual no se va a salir de ese esquema con limitaciones autoimpuestas.

Lo que va a pasar con el plan de emergencia será muy doloroso para la población que confiaba (confiábamos, tal vez irracionalmente) que las cosas mejorarían este año.

El gobierno ha pronosticado que la inflación llegará al 15.9% anual. Lo más probable es que alcance el 20%. Con ello se deteriorará más el poder de compra del ingreso. Sobre todo en momentos en que no se otorga ningún incremento al salario. Tan sólo con ello quedará pospuesto el ofrecimiento del presidente Zedillo de Bienestar para tu familia. En todo caso empeorará el nivel de bienestar.

La inversión pública caerá un 10.7% como producto del recorte presupuestal. Ello significará un menor dinamismo económico y por tanto más desempleo. Lo que significa renunciar a las metas de crecimiento económico para este año con que se buscaba consolidar la economía del país. Si acaso tendremos, en lugar del pronosticado 4% de crecimiento, un escasísimo 1.5%. A ello contribuirá, también, el hecho de que al ser más caras las importaciones por la devaluación, muchas empresas dejarán de producir al no poder abastecerse de insumos o maquinaria del extranjero. De igual forma contribuye a ello las elevadas tasas de interés que hacen imposible solicitar préstamos para el sector productivo y que elevaron dramáticamente las deudas de muchos empresarios nacionales. Por no hablar de las deudas contratadas en dólares que pusieron al borde de la quiebra a muchas empresas por el efecto de la devaluación.

Uno de los grandes logros del salinismo que fue la renegociación de la deuda se fue al basurero de la historia como efecto de la presente crisis económica. Ante la emergencia la deuda externa de México llegará a 146 mil millones de dólares (md) producto de los nuevos préstamos que se han solicitado. De manera que, como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) la deuda externa crecerá de un 38.5% a un 49% durante este año. Y ello representa una carga muy grande para el país pues habrá que destinar más recursos para pagar intereses y capital. Recursos que de otra manera podrían haber servido para reactivar la economía.

En otras palabras el plan de emergencia generará más desempleo, un mayor deterioro del nivel de bienestar de la población. Una contracción del crecimiento económico. Un mayor endeudamiento externo. Una caída de las ventas de las empresas como efecto de una contracción del mercado interno. En fin, más miseria, más pobreza y más sacrificios. Los mismos que ha venido haciendo la población mexicana desde 1982. Porque el diagnóstico (equivocado) es el mismo y la receta es la misma. Si lo duda, sólo basta revisar las medidas que propuso Miguel de la Madrid en 1982 en su PIRE (Plan Inmediato de Reordenación Económica) para solucionar el problema económico que le heredó López Portillo. Basta revisar el contenido del Pacto de Solidaridad Económica de 1987 que concertó el mismo De la Madrid, aunque fue de manufactura salinista. Basta revisar la política económica contenida en su Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994 y los distintos "pactos" que hubo a lo largo del sexenio que no fueron sino la repetición del mismo esquema neoliberal implementado desde principios de los ochentas con el apoyo y la presión del FMI.

Si hay otras estrategias para superar la crisis y evitar su recurrencia. No se crea que no hay otros caminos. Sólo que ello precisa una visión de la realidad distinta a la que tiene el actual grupo en el poder. Por ello para implementar una política económica distinta no sólo se requiere voluntad sino, también y principalmente, una transformación social y política. Por cierto, que crisis como ésta, curiosamente, impulsan esas transformaciones.