LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

LA ECONOMÍA MEXICANA. CRISIS Y REFORMA ESTRUCTURAL. 1984-2006

Hilario Barcelata Chávez

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DESEQUILIBRIOS COMERCIALES Y TIPO DE CAMBIO

27 de octubre de 2000

Durante los últimos meses del año pasado y lo que va del presente, la balanza comercial de nuestro país ha mostrado un severo deterioro propiciando la aparición de un desequilibrio que tiende a crecer conforme pasa el tiempo. Esto se debe a que el ritmo de crecimiento de las importaciones ha sido más veloz que el de las exportaciones, de modo que mientras las primeras han crecido a una tasa media del 8.5% en los últimos trece meses, las segundas lo han hecho al 9.3%. La brecha, entre ambas variables, sin embargo, se viene abriendo desde el año de 1997 en que el superávit comercial que tenía el país se convirtió en déficit. Desde entonces las importaciones se han incrementado un 60%, en tanto que las importaciones lo han hecho un 70%.

Una de las principales razones que están detrás de este deterioro es el nivel que tiene el tipo de cambio y la evolución que ha tenido últimamente. Como lo comenté en este mismo espacio (La devaluación contenida, 11/09/00), la paridad cambiaria no se ha ido ajustando en respuesta al diferencial inflacionario entre México y Estados Unidos. Por tal razón el tipo de cambio peso-dólar se encuentra sobrevaluado, por lo menos desde 1996. Este hecho produce un impacto importante en el comercio internacional de nuestro país puesto que vuelve más baratas las importaciones, porque el dólar está barato, en tanto que hace que las exportaciones de nuestro país se vuelvan caras, en virtud de que el peso está caro con respecto al dólar. Es decir que la falta de un adecuado ajuste del tipo de cambio y su constante apreciación conforme pasa el tiempo, está propiciando el incremento del déficit en el comercio exterior. Este desequilibrio terminará propiciando una devaluación brusca del peso que ajuste la disparidad acumulada durante tres años consecutivos. Esto tendrá que darse, ya sea como decisión gubernamental, ya sea que el mismo mercado de divisas termine por imponerlo, a pesar de los esfuerzos del Banco de México en su absurda política de no devaluar a tiempo.

Y es que el tipo de cambio se ha constituido, para la política económica, en un objetivo en sí mismo, porque sirve como “ancla” para asegurar la estabilidad económica. Sin embargo, una política de este tipo no se puede mantener durante mucho tiempo en el entorno de profunda diferencia inflacionaria entre México y su principal socio comercial que es Estados Unidos. Es cierto que en algún momento de la historia reciente del país una política de este tipo dio excelentes resultados. Durante la época del llamado “Desarrollo Estabilizador” (1958-1970) se mantuvo una paridad cambiaria de 12.50 pesos por dólar (de hecho esa paridad se mantuvo desde 1955 hasta 1974). Esto dio como resultado un período de estabilidad tal que permitió una gran expansión económica. El éxito de tal política se debió, a que la inflación de Estados Unidos y la de México eran muy similares. De hecho nuestro país tuvo una tasa de inflación promedio para el período del 3.6% Ello permitió que el peso no se sobrevaluara a pesar de mantenerse fija la paridad, cosa que no ocurre en la actualidad, porque la inflación mexicana está muy por encima de la estadounidense.

Así, pues, los rezagos se acumulan y las decisiones que se deben tomar se pospone a pesar de lo evidente. Ahí le quedará ese asunto por resolver a Fox y su equipo, quienes tendrán que decidir entre devaluar o mantenerse en la ortodoxia monetaria, cosa que, por otro lado, no les va a costar mucho trabajo.